No basta con prometer apoyos o subsidios al campo

Por Guadalupe Villalobos Guerrero
Cada proceso electoral escuchamos cientos de promesas. Habrá más seguridad, más empleo, menos corrupción, más apoyo al campo, mejores servicios públicos y mayor bienestar para las familias. Sin embargo, una vez concluidas las campañas, pocas veces regresamos a revisar si esas promesas se cumplieron o si simplemente formaron parte del discurso político.
Tal vez el problema no sea únicamente de los candidatos. También es nuestro.
Como ciudadanos, con frecuencia hacemos las preguntas equivocadas. Nos conformamos con escuchar qué van a hacer, cuando deberíamos preguntar cómo lo harán, con qué recursos, cómo medirán los resultados y, sobre todo, cómo podremos verificar que realmente cumplieron.
La democracia no se fortalece únicamente con elecciones libres; se fortalece cuando existe una ciudadanía informada que sabe exigir cuentas. Por ello, antes de otorgar nuestro voto, considero que cualquier candidato debería responder con claridad cuatro grandes temas que definirán el futuro de nuestra comunidad.
1. SEGURIDAD: NO BASTA CON DECIR QUE BAJARÁ LA VIOLENCIA
Durante años hemos escuchado que disminuyeron los homicidios, que aumentaron las detenciones o que mejoraron las estadísticas. Sin embargo, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿vivimos realmente más seguros?
Los ciudadanos ya no debemos conformarnos con cifras aisladas. Debemos preguntar qué decisiones concretas provocarán esa reducción de la violencia, cómo se combatirá la impunidad y qué indicadores demostrarán que los resultados fueron consecuencia de una política pública eficaz y no de factores externos.
También debemos conocer qué metas específicas se compromete a alcanzar el candidato, cuánto tiempo estima para lograrlas y cómo podrá cualquier ciudadano verificar que la estrategia está funcionando.
Porque un buen gobierno no presume estadísticas; genera confianza en la población.
2. DESARROLLO ECONÓMICO: ATRAER INVERSIÓN CON RESPONSABILIDAD
Todos los candidatos hablan de atraer inversiones. La verdadera pregunta es: ¿qué tipo de inversiones necesita nuestra región?
México cuenta con una posición privilegiada gracias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, miles de pequeñas y medianas empresas siguen sin incorporarse a las cadenas de suministro internacionales.
Por ello debemos preguntar cómo aprovecharán ese tratado para fortalecer a los empresarios locales, qué harán para que nuestras PYMES participen como proveedoras de las grandes industrias y cómo impulsarán empleos mejor remunerados.
Al mismo tiempo, existe otro desafío que no puede ignorarse.
Cada vez que se anuncia una inversión importante aparecen preocupaciones legítimas sobre el impacto ambiental, el consumo de agua o la sustentabilidad de los proyectos. La discusión no debe reducirse a un «sí» o un «no» a la inversión.
La pregunta correcta es mucho más compleja: ¿cómo equilibrará el desarrollo económico con la protección del medio ambiente? ¿Qué estudios técnicos respaldarán sus decisiones? ¿Cómo evitará que un proyecto estratégico se apruebe por intereses económicos o se rechace únicamente por presiones políticas?
Gobernar significa encontrar ese equilibrio con base en evidencia científica, no en ocurrencias.
3. TRANSPARENCIA: LA HONESTIDAD DEBE PODER COMPROBARSE
Prácticamente todos los candidatos prometen combatir la corrupción.
Sin embargo, la experiencia nos ha enseñado que la corrupción rara vez comienza con un gran escándalo. Muchas veces inicia con pequeños privilegios, adjudicaciones directas, conflictos de interés o contratos otorgados a familiares, amigos, socios o financiadores de campaña.
Por ello la ciudadanía debe exigir compromisos mucho más concretos.
¿Reducirá al mínimo las adjudicaciones directas? ¿Publicará en tiempo real todos los contratos, licitaciones y proveedores del gobierno? ¿Permitirá que cualquier ciudadano conozca quién participó, quién ganó y por qué se tomó esa decisión?
Y quizá la pregunta más importante sea ésta: si un colaborador cercano, un familiar o un amigo incurre en actos de corrupción, ¿actuará con la misma firmeza con la que promete combatir a sus adversarios?
La transparencia no consiste en pedir confianza; consiste en ofrecer mecanismos para que la sociedad pueda verificar cada decisión.
4. El campo y el agua: una prioridad estratégica
Pocas veces el sector agropecuario ocupa un lugar central en las campañas políticas. Sin embargo, de él depende buena parte de la seguridad alimentaria, el desarrollo regional y miles de empleos.
En estados como Baja California, hablar del campo es hablar del agua, de infraestructura hidráulica, de innovación tecnológica, de exportaciones, de rentabilidad y de competitividad internacional.
No basta con prometer apoyos o subsidios.
Los ciudadanos debemos preguntar cuál será la estrategia para garantizar agua suficiente durante las próximas décadas, cómo se modernizarán los sistemas de riego, qué acciones impulsarán la producción de alimentos con mayor valor agregado y cómo lograrán que las nuevas generaciones encuentren en el campo una actividad rentable y con futuro.
Apoyar al sector agropecuario no significa únicamente ayudar a los productores. Significa fortalecer la economía regional, garantizar alimentos para la población y aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio internacional.
La calidad de la democracia depende de la calidad de nuestras preguntas
Durante muchos años los ciudadanos hemos votado con base en discursos, simpatías, colores partidistas o campañas publicitarias.
Quizá llegó el momento de cambiar la forma de evaluar a quienes aspiran a gobernarnos.
No necesitamos candidatos que prometan más; necesitamos candidatos que expliquen mejor.
Que nos digan qué van a hacer, cómo lo harán, cuánto costará, cómo medirán los resultados y cómo podremos verificar que realmente cumplieron.
La igualdad ante la ley, la seguridad, el desarrollo económico, la transparencia y el fortalecimiento del campo no dependen del género, del partido o de la ideología de quien gobierne. Dependen de la capacidad para tomar decisiones, administrar con honestidad, rendir cuentas y ofrecer resultados.
Porque, al final del día, la democracia no mejora cuando cambian los nombres en las boletas. La democracia mejora cuando los ciudadanos aprendemos a hacer mejores preguntas… y cuando exigimos mejores respuestas.

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