Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

El maíz no necesita boletines; necesita políticas públicas

Preocupante la creciente dependencia de México del mercado de EU

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Cada cierto tiempo aparecen cifras sobre las importaciones de maíz a México y, casi de inmediato, el Gobierno Federal publica comunicados para desmentir o matizar la información. La semana pasada ocurrió nuevamente. Primero fue una nota publicada por El Economista basada en estimaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA); tres días después, otra información retomó las proyecciones de la OCDE y la FAO. En ambos casos, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural respondió con comunicados aclaratorios.

Sin embargo, después de leer ambos documentos, queda una sensación inevitable: las aclaraciones no aclararon el problema de fondo. Al contrario, terminaron por descubrir una realidad que difícilmente puede ocultarse mediante boletines de prensa.

Nadie discute que existe una diferencia técnica entre el maíz blanco destinado al consumo humano y el maíz amarillo utilizado principalmente para la alimentación pecuaria y diversos procesos industriales. Esa diferencia siempre ha existido y cualquier analista del sector la conoce perfectamente.

Lo preocupante es que el Gobierno pretenda utilizar esa distinción para minimizar un fenómeno mucho más profundo: la creciente dependencia de México respecto al mercado estadounidense para abastecer uno de los productos estratégicos de su economía.

Antes de la apertura total del mercado en 2005, las importaciones de maíz se realizaban mediante cupos administrados por el Gobierno Federal. Existía un mecanismo que regulaba el ingreso del grano extranjero y daba cierto margen de protección a los productores nacionales.

Con la liberalización derivada del Tratado de Libre Comercio, el productor mexicano comenzó a competir directamente con el agricultor estadounidense, quien recibe apoyos, financiamiento, seguros agrícolas, infraestructura y programas de investigación que difícilmente pueden igualarse en México.

Durante muchos años, pese a esa competencia desigual, el campo mexicano logró mantener la producción suficiente de maíz blanco para abastecer prácticamente el consumo nacional. El crecimiento de las importaciones se concentró principalmente en el maíz amarillo, impulsado por la expansión de la industria avícola, porcícola y ganadera.

Ese fue el comportamiento normal del mercado durante varios años.

Sin embargo, algo comenzó a cambiar.

Las políticas públicas implementadas durante los últimos años eliminaron numerosos programas de apoyo a la producción, desaparecieron la Financiera Nacional de Desarrollo —que representaba una fuente importante de crédito para el campo—, redujeron instrumentos de comercialización y coincidieron además con prolongados periodos de sequía en importantes regiones productoras.

El resultado hoy empieza a reflejarse incluso en los propios datos oficiales.

En su comunicado del 26 de junio, la Secretaría sostiene que las importaciones de maíz blanco representan menos del cinco por ciento de la disponibilidad nacional.

Tres días después, en otro comunicado, ya no utiliza ese argumento y afirma que México produce el equivalente al 107.2 por ciento del consumo nacional de maíz blanco.

A simple vista ambas afirmaciones parecen compatibles, pero también muestran un cambio importante en la manera de presentar la información.

¿Por qué pasar de hablar de disponibilidad total a comparar únicamente producción contra consumo humano?

¿Por qué cambiar el indicador en apenas tres días?

Cuando los argumentos estadísticos cambian según la nota periodística que se intenta responder, el mensaje pierde fuerza y genera más preguntas que respuestas.

El problema tampoco consiste únicamente en determinar si el maíz importado es blanco o amarillo.

La verdadera pregunta es por qué México necesita importar cerca de 26 millones de toneladas de maíz al año, prácticamente todas provenientes de Estados Unidos.

Porque, aunque el Gobierno tenga razón al señalar que el grueso corresponde al maíz amarillo, esa dependencia sigue siendo una vulnerabilidad estratégica.

Basta revisar semanalmente los reportes del mercado internacional para comprobarlo.

En los informes que compartimos diariamente en Visión Agropecuaria aparece una constante: México figura casi todas las semanas entre los principales compradores de maíz estadounidense. Lo mismo sucede con el trigo y con la soya.

Son datos del propio mercado internacional.

Eso significa que buena parte de la seguridad alimentaria y pecuaria del país depende de factores externos: las cosechas estadounidenses, el comportamiento del dólar, la logística ferroviaria fronteriza, los precios internacionales e incluso las decisiones políticas de Washington.

Esa no es una condición deseable para ninguna nación.

Más aún cuando hablamos del cultivo que representa la identidad agrícola e histórica de México.

Resulta paradójico que el país considerado centro de origen del maíz se convierta, año tras año, en el principal cliente del maíz producido por otro país.

No se trata de satanizar el comercio internacional.

La integración comercial de Norteamérica ha generado enormes beneficios para múltiples cadenas agroalimentarias y el maíz amarillo importado ha permitido el crecimiento de la producción pecuaria nacional.

Pero una cosa es aprovechar el comercio exterior y otra muy distinta depender estructuralmente de él.

Esa dependencia no se resolverá con comunicados.

Se resolverá recuperando la productividad del campo mexicano.

Hace falta volver a invertir en investigación agrícola, en semillas mejoradas- Porque todavía le tenemos miedo al maíz transgénico, no importa que el 100% que importamos asi lo sea-, en tecnificación del riego, en infraestructura de almacenamiento, en financiamiento accesible y en esquemas modernos de administración de riesgos.

Hace falta devolver certidumbre al productor.

Porque mientras el Gobierno debate si importa el cinco o el tres por ciento de maíz blanco, la realidad muestra que México continúa comprando cantidades históricas de maíz, trigo y soya en el exterior.

Los boletines pueden modificar la narrativa.

Los mercados, en cambio, terminan mostrando la realidad.

Y esa realidad nos dice que el verdadero reto no consiste en ganar una discusión estadística.

Consiste en volver a hacer competitivo al campo mexicano.