Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

¿Seguridad alimentaria o agricultura de sobrevivencia?

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Confieso que al leer la invitación al Seminario Internacional México-Cuba: Sistemas de Cultivos Hortícolas Sustentables: Fortalecimiento de la Resiliencia Comunitaria para la Seguridad Alimentaria en la Agricultura Familiar de México y Cuba, organizado por la Universidad Autónoma de Baja California, el INIFAP y el Instituto de Investigaciones Hortícolas Liliana Dimitrova, de Cuba, entré en una profunda reflexión.Y también, por qué no decirlo, en una seria duda.

No porque considere que la agricultura familiar carezca de valor. Todo lo contrario. Los huertos familiares, la producción de traspatio y la horticultura urbana pueden contribuir al consumo de alimentos frescos, fortalecer comunidades y ayudar a familias vulnerables a complementar su alimentación.

Sin embargo, me pregunto si ese es realmente el debate que necesita hoy la agricultura de Baja California.

Nuestro estado enfrenta una de las crisis más complejas de su historia agrícola. La reducción de las asignaciones de agua del río Colorado, el aumento de los costos de producción, la incertidumbre en los mercados, la necesidad de tecnificar el riego y la búsqueda de cultivos rentables son desafíos que amenazan directamente la viabilidad económica de miles de productores.

Ante esta realidad, parecería lógico que nuestros centros de investigación estuvieran concentrando buena parte de sus esfuerzos en encontrar respuestas a preguntas como:

¿Cómo producir más con menos agua?

¿Qué variedades de cultivos pueden soportar mejor las altas temperaturas?

¿Qué tecnologías están utilizando las regiones agrícolas más avanzadas del mundo?

¿Cómo aumentar la rentabilidad de las explotaciones agrícolas del Valle de Mexicali?

¿Qué alternativas productivas pueden sustituir cultivos que han perdido competitividad?

¿Cómo fortalecer nuestra capacidad exportadora?

Esas son preguntas que tienen un impacto directo sobre el futuro del campo bajacaliforniano.

Por ello, resulta inevitable cuestionar si estamos enfocando adecuadamente nuestras prioridades cuando ponemos la mirada en modelos surgidos en contextos económicos y productivos completamente distintos al nuestro.

La experiencia cubana merece respeto. Después de la desaparición de la Unión Soviética y de una profunda crisis económica, Cuba impulsó sistemas de agricultura urbana y familiar que ayudaron a mitigar la escasez de hortalizas y productos frescos para la población.

Pero también debemos reconocer una realidad incuestionable: esos sistemas no lograron convertir a Cuba en una potencia alimentaria ni alcanzar la autosuficiencia alimentaria nacional.

Décadas después, el país continúa enfrentando dificultades para abastecer buena parte de sus necesidades alimentarias y sigue dependiendo de importaciones para productos básicos.

Por ello, considero que existe una diferencia fundamental entre resiliencia comunitaria y seguridad alimentaria.

La primera busca que una comunidad tenga mecanismos para enfrentar situaciones difíciles.

La segunda requiere la capacidad de producir alimentos suficientes, de manera estable, rentable y sostenible para abastecer a millones de personas.

Son conceptos relacionados, pero no equivalentes.

Baja California posee una de las regiones agrícolas más importantes de México. Tenemos infraestructura, conocimiento técnico, experiencia exportadora y productores que compiten en mercados internacionales.

No somos una región diseñada para la agricultura de sobrevivencia.

Somos una región llamada a producir alimentos a gran escala.

Por ello, si vamos a hablar de horticultura sustentable, me gustaría ver seminarios que analizaran las experiencias de los Países Bajos, Israel, Australia, España o California. Regiones que han logrado producir más con menos agua, desarrollar variedades adaptadas a condiciones extremas y convertir la innovación tecnológica en una ventaja competitiva.

Me gustaría escuchar investigaciones sobre semillas resistentes al calor, agricultura de precisión, automatización de sistemas de riego, inteligencia artificial aplicada al campo y nuevas alternativas productivas para las condiciones del desierto.

Esos son los temas que hoy podrían marcar una diferencia para nuestros agricultores.

Y todavía surge una reflexión adicional.

México mantiene una estrecha integración económica con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial y el principal destino de buena parte de nuestras exportaciones agroalimentarias.

En momentos donde las relaciones comerciales internacionales son cada vez más sensibles, resulta válido preguntarse si ciertos mensajes institucionales son los más oportunos para una región cuya prosperidad depende en gran medida de la competitividad, la innovación y la integración con los mercados norteamericanos.

Quizá algunos consideren exagerada esta observación.

Tal vez lo sea.

Pero cuando veo las enormes necesidades que enfrenta nuestro campo, no puedo evitar recordar aquella famosa frase de Juan Gabriel:“Pero qué necesidad”.

Porque si algo necesita hoy Baja California, no es aprender a sobrevivir.

Lo que necesita es recuperar su rentabilidad, fortalecer su competitividad y asegurar su futuro productivo.

Y en esa tarea, la ciencia, la investigación y la academia tienen una responsabilidad fundamental.