Jorge Vallejo, el Director General de BYD México.
Por Carlos Mota
Fue el 18 de junio del año pasado cuando Jorge Vallejo, el Director General de BYD México, me confirmó en exclusiva que la planta automotriz que esa empresa china construiría en el país valdría cerca de mil millones de dólares, y que antes de que finalizara septiembre se anunciaría el sitio para establecerla. En ese momento, ni Claudia Sheinbaum había tomado posesión como presidenta, ni Donald Trump había ganado las elecciones en Estados Unidos. ¿Qué significa esto? Que había un espacio para que el gobierno mexicano actuara rápido y asegurara esta inversión.
Un anuncio magno en septiembre de 2024 podría haber implicado al ex presidente López Obrador poniendo la primera piedra de la planta, y a la plana mayor de BYD comprometiendo el recurso. Pero no se actuó con celeridad. El resultado es que BYD se puso en modo alerta, observando las prioridades del gobierno mexicano y, luego, en 2025, el derrotero de la nueva política estadounidense, ya con Trump en la Casa Blanca.
Anteayer supimos por una agencia que BYD ya no construirá esta planta en México. Adiós a Dlls. $1 mil millones, que pudieron llegar, pero no lo harán. ¿Qué lecciones deja esto para el país? Muchas.
La primera es que queda plenamente acreditado que los gobiernos de la 4T no son capaces de traer nuevas empresas con grandes plantas automotrices en este momento a México. Podrán decir lo que quieran, pero ni Tesla ni BYD llegarán. México se sale de la ruta de estas inversiones. Hace poco más de un mes BYD anunció el establecimiento de un centro de Investigación y Desarrollo en Budapest, Hungría, invirtiendo ahí €248 millones y creando dos mil empleos altamente especializados. Bueno, pues aquí ni eso.
La segunda es que, de haber actuado rápido, para el gobierno de México habría sido más fácil defender una inversión automotriz en marcha frente a los socios estadounidenses. De hecho, Estados Unidos recibió en 2024 fuertes inversiones manufactureras chinas, como la de la empresa Longi, de equipos solares, por Dlls. $600 millones, para una planta en Ohio. México pudo haber usado ejemplos de esta naturaleza para defender inversiones aquí.
La tercera es que la narrativa gubernamental mexicana sigue ligada, y seguirá, a la estadounidense. Eso es bueno y adecuado, pero no está pulcramente diseñada, porque refleja también que no estamos siendo capaces de marcar los límites de nuestra soberanía comercial, al cancelarse aquí esta planta de BYD solo por el contexto geopolítico, como reveló Stella Li, la Vicepresidenta de la firma. Ni velocidad, ni argumentos ni narrativa propia tuvo el gobierno. Y así, se nos fue una planta de Dlls. $1 mil millones de entre las manos.

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