No hay crisis que sobreviva más allá de unos días en el reclamo ciudadano. La ineptitud literalmente se normaliza porque realmente es algo normal
Por Sergio Negrete Cardenas
Dos Bocas un día se inunda y además se incendia. Pocos días después se vuelve a incendiar justo después de que Pemex presumió que había alcanzado plena capacidad de refinación. El Tren Transístmico se descarrila provocando 14 muertos y más de un centenar de heridos entre un total de 250 a bordo. El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles sigue prácticamente vacío dada su pésima conectividad con la Ciudad de México en tanto al Benito Juárez está siendo remozado a toda velocidad para tratar de mostrar cierta fachada digna a los miles de visitantes que llegarán queriendo disfrutar el próximo Mundial futbolero. Mientras tanto, puentes del tristemente conocido tramo 5 del Tren Maya, derribador de árboles y cercenador de selvas, se hunden en el frágil suelo peninsular de Yucatán.
La incompetencia generalizada
El desastre es patente en todas las llamadas “obras emblemáticas” del morenato, iniciadas en su capítulo lopista y hoy continuadas con entusiasmo bajo el claudismo. Ciertamente son emblemáticas: una iconografía de la ineptitud y la consecuente pobreza de resultados, un lienzo que muestra la improvisación de la planeación y la pobreza en la ejecución.
Es el sello indeleble de la casa: lo que hace el morenato está mal hecho. El esquema se reproduce en toda acción u obra, pequeña o grande, por desgracia en más de una ocasión con víctimas mortales. ¿Cuántas muertes ha provocado? Tan solo en el ámbito de la salud, considerando la carencia de medicamentos (sobre todos los oncológicos) y las muertes en exceso durante la pandemia, y esto sin contar los homicidios dolosos consecuencia de la mayor inseguridad, la cifra quizá se acerque al millón de personas (por Covid fueron alrededor de 810 mil).
La ineptitud está en todo, desde el comunicado emitido por una dependencia del Ejecutivo Federal con errores de ortografía, redacción e históricos hasta Dos Bocas o Mexicana de Aviación (un elefante blanco de mediano tamaño) pasando, literalmente, por el número infinito de baches desde las más humildes avenidas urbanas hasta las amplias autopistas. Está en esas oficinas gubernamentales cuyos páginas se caen, cuyos contenidos (incluyendo los datos de millones de personas) son rutinariamente hackeados y con teléfonos que no merecen respuesta para la ciudadanía desesperada buscando una orientación o resolución para un trámite.
Lealtad como (prácticamente único) requerimiento
La semilla de todo aquello que nace y crece podrido es el requisito central, prácticamente único, que se demanda del alto funcionariado gubernamental desde diciembre de 2018: lealtad absoluta y acrítica al régimen y sobre todo a su líder. La competencia central es haber demostrado subordinación absoluta hacia López Obrador y, ahora también, Sheinbaum. Muchos gobernantes buscan expertos para encargarse de ciertas áreas específicas en la administración pública. Hay quienes incluso llaman a personas que reconocen como superiores a ellos mismos, sin miedo a rodearse de los mejores. Pero los expertos muchas veces tienen una notable capacidad intelectual acompañada de seguridad en el actuar y fuerza para desplegar autonomía. Esto es, los atributos opuestos a lo que requiere la administración federal del morenato.
La normalización de la ineptitud
Si Sheinbaum se frustra o enfurece ante las constantes pifias, no es aparente, como tampoco ocurría con su valedor político. Por el contrario, los problemas y daños (incluyendo muertes y otros sufrimientos humanos) se ignoran o minimizan, y con probado éxito. No hay crisis que sobreviva más allá de unos días en los medios, redes sociales y reclamos de la ciudadana. El escaso tiempo de atención que ha causado a nivel colectivo el acceso a tanta información en la palma de la mano trabaja a favor del gobierno. La presidenta y sus funcionarios saben que el más brutal escándalo de hoy y que muestra plenamente su ineptitud será apenas recordado en un par de semanas para a continuación ser, para efectos prácticos, olvidado. Contra lo que pudiera pensarse, los continuos problemas son los mejores aliados del morenato: el de hoy eclipsa al de ayer y será a su vez anulado por el de mañana. La ineptitud literalmente se normaliza porque realmente es algo normal.
Sheinbaum despliega toda su autoridad para minimizar, evadir o hasta ridiculizar todo aquello que muestre la ineptitud de su gobierno. En ello, siguiendo la distopía de George Orwell, el lenguaje es elemento fundamental: un 1984 en el siglo XXI mexicano. Las tragedias o accidentes graves se transforman en incidencias, los descarrilamientos en deslizamientos fuera de las vías, los baches en registros, los asaltos piratas en abordajes ilegales y las inundaciones en encharcamientos. Los desaparecidos están ahora en ese tránsito de desaparecer, además, de los registros administrativos tras no cumplir los nuevos requerimientos oficiales.
Los tecnicismos son igualmente útiles para la evasión. No, apostilló la presidenta en su momento, el incendio de Dos Bocas (el anterior al más reciente) no había sido en la refinería, sino afuera de ella (por el desborde de aguas aceitosas por las intensas lluvias). Los cinco muertos por el fuego fueron igualmente tratados como algo perimetral. Mala suerte particularmente para los tres que iban pasando por ahí cuando las aguas aceitosas explotaron. La buena noticia: la refinería seguía operando a toda su capacidad.
Es la caquistocracia plenamente asentada en la administración pública: el régimen de los más incompetentes (e inescrupulosos). Esto mientras Sheinbaum presume sus elevados niveles de aprobación. Es un México en que la nave del Estado recuerda al Titanic mientras el agua inunda su interior, pero además con los pasajeros aplaudiendo.

Más historias
Entre Bancos, Empresarios, Políticos, .. y otros temas
Entre Los Surcos…
Lo extraordinario de lo cotidiano…