Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

Estadios sustentables, colonias con desabasto

Con la cuenta regresiva rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026, el agua se ha convertido en uno de los recursos más presionados en las ciudades mexicanas..

Por Ferrán Kuri

Con la cuenta regresiva rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026, el agua se ha convertido en uno de los recursos más presionados en las ciudades mexicanas que albergarán encuentros del torneo. Mientras estadios y autoridades implementan proyectos de infraestructura hídrica para garantizar la operación de los recintos deportivos, habitantes de diversas zonas urbanas continúan enfrentando problemas de abastecimiento en su vida cotidiana.

En diciembre de 2025, así como durante enero, febrero y marzo de 2026, vecinos de las colonias Coyoacán y Santa Úrsula, donde se ubica el Estadio Banorte, denunciaron que las obras relacionadas con la justa mundialista han intensificado la escasez de agua en la zona. Integrantes de la Asamblea Vecinal contra las Mega Construcciones Tlalpan-Coyoacán han realizado diversas manifestaciones para exigir el retiro de la concesión de agua otorgada al recinto deportivo, al considerar que la prioridad debe centrarse en garantizar el suministro para la población.

Especialistas han señalado que una de las alternativas para enfrentar este escenario consiste en la implementación de tecnologías de potabilización y reúso de agua, sistemas que han demostrado su eficacia tanto en eventos masivos como en condiciones extremas, incluyendo regiones desérticas.

Como parte de las accionesimpulsadas por las autoridades capitalinas, el pasado 19 de marzo, en el marco de la reinauguración del Estadio Banorte, el Gobierno de la Ciudad de México inauguró también el Jardín de Lluvia de Santa Úrsula Coapa, considerado el más grande del país. La obra forma parte de una estrategia enfocada en la infiltración, captación y equilibrio hídrico.

De acuerdo con información oficial, el proyecto requirió una inversión de 22 millones de pesos y beneficiará a más de 40 mil habitantes. Su capacidad permitirá infiltrar más de un millón de litros de agua de lluvia en un solo punto, mientras que el conjunto de obras hidráulicas desarrolladas en la zona alcanzará una infiltración superior a los 10 millones de litros.

Las autoridades detallaron que el sistema capta el agua pluvial que desciende por Avenida Aztecas y la conduce hacia dos cajas especializadas que separan basura, grasas, aceites y azolves antes de su infiltración. Asimismo, informaron que la rehabilitación de siete pozos permitió recuperar más de 9 millones de litros de agua diarios, equivalentes a aproximadamente 900 pipas.

Sin embargo, la presión sobre los sistemas hídricos podría aumentar significativamente durante el Mundial. La Asociación de Entidades de Agua y Saneamiento (ANEAS), el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM) y el Consejo Consultivo del Agua advirtieron que la Copa Mundial incrementará hasta en 40 por ciento el consumo de agua en las tres ciudades sede del torneo: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

La advertencia ocurre en un contexto que los especialistas describen como una crisis hídrica sin precedentes. Según las “Perspectivas del Agua en México”, durante 2024 el uso total de agua por persona —incluyendo los sectores doméstico, agrícola e industrial— alcanzó los 754 metros cúbicos anuales, cifra superior al promedio global de 512 metros cúbicos.

En el caso de la Ciudad de México, los expertos señalaron que uno de cada cuatro hogares no recibe agua todos los días. Además, cerca de cuatro de cada diez litros se pierden en fugas antes de llegar a los usuarios, mientras que aproximadamente el 70 por ciento del agua consumida proviene del acuífero más sobreexplotado del país. La extracción supera la capacidad natural de recarga, situación que contribuye al hundimiento de diversas zonas de la capital, donde se registran descensos de hasta 40 centímetros por año.

La situación también plantea desafíos en Guadalajara. Las organizaciones firmantes recordaron que alrededor del 60 por ciento del abastecimiento de agua de su zona metropolitana depende del Lago de Chapala, considerado un ecosistema estratégico por su función en la conservación de biodiversidad, regulación climática y mitigación de sequías e inundaciones. Aunque actualmente mantiene niveles favorables, especialistas insisten en que su preservación será determinante para garantizar el suministro futuro.

La preparación de los estadios para cumplir con los estándares de la FIFA también ha implicado modificaciones importantes en materia de sustentabilidad y consumo de recursos. En el caso del Estadio Banorte, inaugurado en 1966, la modernización tuvo que realizarse sin alterar el valor histórico de su estructura, por lo que gran parte de los esfuerzos se concentraron en mejorar su operación interna.

Entre las medidas implementadas se encuentran la sustitución de sanitarios antiguos que utilizaban hasta 15 litros por descarga y la incorporación de nuevos criterios de abastecimiento para materiales e insumos. La intención es obtener certificaciones relacionadas con la sostenibilidad operativa del inmueble.

Un ejemplo de las exigencias que implica cumplir con los estándares internacionales se observa en el Estadio BBVA. Desde 2016, el recinto cuenta con certificación LEED en diseño y edificación, resultado de estrategias enfocadas en la eficiencia del agua, la energía y el manejo de residuos. Entre las acciones adoptadas destacan el uso de vegetación nativa para disminuir las necesidades de riego, sanitarios de 3.8 litros por descarga y materiales de menor impacto ambiental.

Además, el estadio incrementó su número de medidores de agua de seis a 20 y optimizó sus sistemas de riego mediante análisis predictivos que permiten determinar cuándo y cuánto regar.

No obstante, una de las principales exigencias de la FIFA ha generado nuevos retos. El cambio de césped requerido para la Copa Mundial obligó a modificar la fuente de abastecimiento utilizada para el mantenimiento de la cancha. De acuerdo con especialistas involucrados en los procesos de certificación, anteriormente el riego se realizaba con agua recuperada; sin embargo, las nuevas condiciones exigen el uso de agua potable para preservar las características del pasto natural.

En términos prácticos, esto implica sustituir parte del consumo de agua tratada por agua potable, un recurso más costoso y de disponibilidad limitada en regiones que enfrentan periodos recurrentes de estrés hídrico.

Las diferencias de consumo son significativas. Un campo profesional con pasto artificial puede requerir alrededor de 900 litros de agua al día. En contraste, una cancha de césped natural puede elevar esa demanda hasta 50 veces, alcanzando consumos cercanos a los 50 mil litros diarios. Considerando que la dotación promedio de agua por persona en México es de 150 litros al día, la cantidad utilizada para el riego de una sola cancha equivale al abastecimiento diario de aproximadamente 333 personas.

El reglamento oficial de la Copa Mundial FIFA 2026 establece que los partidos deben disputarse sobre césped natural, al considerar que ofrece mejores condiciones para el desempeño deportivo. La disposición, aunque responde a criterios competitivos, también incrementa la necesidad de utilizar grandes volúmenes de agua potable para el mantenimiento de los terrenos de juego en un contexto marcado por la escasez y la creciente demanda del recurso.

La discusión sobre el agua durante la Copa Mundial 2026 trasciende el ámbito deportivo. Las inversiones en infraestructura hidráulica, la modernización de los estadios y los esfuerzos por mejorar la eficiencia en el uso del recurso muestran intentos por responder a una realidad cada vez más compleja. 

Sin embargo, las denuncias de desabasto, las pérdidas por fugas y la dependencia de fuentes sobreexplotadas evidencian que el desafío sigue siendo garantizar una distribución equilibrada de un bien indispensable para la vida cotidiana. En un escenario donde cada litro adquiere mayor valor, el debate no solo gira en torno a cuánto agua requiere un evento internacional, sino a cómo se administra un recurso cuya disponibilidad afecta de manera directa a millones de personas.

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