
Por Guadalupe Villalobos Guerrero
En México se ha dado una discusión interesante sobre la reducción de la pobreza, el aumento del salario mínimo y la incorporación de miles de trabajadores a la seguridad social.
Y hay algo que debemos reconocer: que una persona que antes estaba en la informalidad tenga ahora acceso al IMSS y a otras prestaciones representa un avance.
Lo mismo sucede con los trabajadores de plataformas digitales y del hogar que están incorporándose a la formalidad.
Pero hay una pregunta que considero que debemos hacernos, particularmente en Baja California:
¿Y QUÉ ESTÁ PASANDO CON LA CLASE MEDIA?
Porque salir de la pobreza no necesariamente significa convertirse en clase media.
Y tener un empleo formal tampoco significa automáticamente tener una vida económicamente desahogada.
Ahí está el verdadero debate.
Durante años, Baja California fue una tierra de oportunidades.
La industria maquiladora, el comercio, los servicios, la agricultura y nuestra cercanía con Estados Unidos permitieron que muchas familias mejoraran sus ingresos y construyeran un patrimonio.
Una persona podía empezar como trabajador, capacitarse, cambiar de puesto, convertirse en supervisor, estudiar una carrera y aspirar a mejores ingresos.
Era, en buena medida, una escalera de movilidad social.
La pregunta es si esa escalera sigue funcionando de la misma manera.
Porque hoy encontramos un fenómeno que merece nuestra atención.
El salario mínimo ha aumentado de manera importante y eso ha beneficiado a quienes estaban en los niveles más bajos de ingreso.
Pero si los salarios de los trabajadores que están inmediatamente arriba no crecen al mismo ritmo, se produce una especie de compresión salarial.
Dicho de manera sencilla:
EL PISO SUBE, PERO LOS ESCALONES DE ARRIBA PARECEN ACERCARSE.
Y esto puede tener consecuencias importantes para la clase media.
¿DÓNDE ESTÁN LOS EMPLEOS DE CALIDAD?
Baja California sigue teniendo una enorme capacidad industrial y exportadora, pero necesitamos preguntarnos qué tipo de empleos estamos generando.
Porque no todos los empleos son iguales.
Un empleo puede ser formal, tener IMSS y prestaciones, y aun así ofrecer pocas posibilidades de crecimiento.
Un empleo de calidad debería permitir que una persona pueda pensar en algo más que sobrevivir.
Debería permitirle ahorrar, adquirir una vivienda, educar a sus hijos, tener acceso al crédito y construir un patrimonio.
Y aquí aparece otro tema que me preocupa particularmente:
NUESTROS JÓVENES PROFESIONISTAS.
Cada año nuestras universidades entregan nuevos ingenieros, contadores, administradores, abogados, médicos, arquitectos, agrónomos y especialistas en diferentes áreas.
Pero ¿qué ocurre cuando llegan al mercado laboral?
¿Encuentran empleos acordes con su preparación?
¿Tienen posibilidades de crecimiento?
¿Los salarios que reciben corresponden al costo de haber estudiado una carrera?
¿Pueden independizarse y comprar una vivienda?
Porque si una persona estudia cuatro o cinco años y termina desempeñando un trabajo que no requiere esa preparación, con un ingreso que apenas le permite cubrir sus necesidades, tenemos un problema.
No necesariamente de desempleo.
Tenemos un problema de aprovechamiento del talento y de movilidad social.
BAJA CALIFORNIA NECESITA ALGO MÁS QUE EMPLEO
El reto no es solamente crear empleos.
Es crear empleos que permitan avanzar.
De acuerdo con INEGI, casi cuatro de cada diez trabajadores bajacalifornianos se encontraban en alguna modalidad de informalidad laboral durante el primer trimestre de este año.
Y eso ocurre a pesar de los avances en materia de formalización.
Por eso tenemos que observar las dos caras de la moneda.
Por un lado, trabajadores que anteriormente estaban fuera de la seguridad social ahora están entrando.
Eso es positivo.
Pero, por otro lado, seguimos teniendo una informalidad demasiado elevada y una economía que necesita generar más empleos productivos.
El IMSS puede mostrarnos cuántas personas tienen un puesto formal.
Pero esa cifra, por sí sola, no nos dice si el trabajador está creciendo económicamente.
No nos dice si puede comprar una casa.
No nos dice si puede ahorrar.
No nos dice si sus hijos tendrán mejores oportunidades.
Y tampoco nos dice si nuestros profesionistas están encontrando el lugar que corresponde a su preparación.
LA CLASE MEDIA NO SE CONSTRUYE SOLAMENTE CON INGRESOS
Una clase media sólida necesita algo más.
Necesita empleo formal, sí.
Pero también necesita salarios que permitan vivir con dignidad, vivienda accesible, crédito, educación de calidad, seguridad social, ahorro y oportunidades para crecer.
Y sobre todo necesita algo que muchas veces olvidamos:
LA POSIBILIDAD DE QUE EL ESFUERZO SE TRADUZCA EN PROGRESO.
Porque esa es precisamente la esencia de la clase media. Que una persona pueda decir:
“Hoy estoy mejor que ayer y mañana puedo estar mejor que hoy.”
Ese sentimiento de progreso es fundamental.
Y si nuestros jóvenes empiezan a percibir que estudiar una carrera ya no garantiza mejores oportunidades; que trabajar más no necesariamente significa ganar más; que comprar una vivienda está cada vez más lejos; o que para mejorar tienen que buscar oportunidades fuera de Baja California, entonces tenemos que preguntarnos qué está fallando en nuestra estructura económica.
NO SE TRATA DE NEGAR LOS AVANCES
Reconocer este problema no significa negar que haya avances en México.
Si una persona salió de la pobreza, es una buena noticia.
Si un trabajador que estaba en la informalidad ahora tiene seguridad social, también.
Si el salario mínimo recuperó parte de su poder adquisitivo, debe reconocerse.
Pero esas mejoras no deberían cerrar la conversación.
Deberían abrir una nueva pregunta:
¿QUÉ SIGUE DESPUÉS DE SALIR DE LA POBREZA?
La respuesta debería ser: construir una clase media más fuerte.
Y para eso necesitamos una economía que no solamente genere más trabajadores, sino trabajadores mejor remunerados, más productivos y con posibilidades reales de crecimiento.
Particularmente en Baja California, necesitamos preguntarnos si estamos creando suficientes empleos para nuestros técnicos, nuestros jóvenes y nuestros profesionistas.
Porque una entidad que forma talento, pero no genera oportunidades para ese talento termina exportando personas en lugar de exportar conocimiento y productividad.
Y ese sería un verdadero desperdicio.
Tal vez durante mucho tiempo nos hemos concentrado en una sola pregunta:
¿CUÁNTAS PERSONAS SALIERON DE LA POBREZA?
Es una pregunta importante.
Pero ahora necesitamos agregar otra:
¿Cuántas personas están entrando a una clase media sólida y con posibilidades de construir patrimonio?
Ahí está, me parece, una de las grandes discusiones que Baja California debe tener.
Porque sacar a una persona de la pobreza es elevar el piso.
Pero darle un empleo de calidad, permitirle ahorrar, comprar una vivienda, educar a sus hijos y mejorar su nivel de vida…
ESO ES CONSTRUIR LA ESCALERA.
Y una sociedad no solamente necesita que la gente deje de caer.
Necesita que tenga dónde subir.
NO BASTA CON ELEVAR EL PISO; HAY QUE CONSTRUIR LA ESCALERA.

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