“Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa mi Benny”.

Por Orfalinda Hinojosa Elizalde
Luis Estrada Rodríguez es un productor, director y guionista mexicano que ha logrado colocar en el gusto del público películas como “La ley de Herodes”, “La dictadura perfecta”, “¡Viva México!”, entre otras, porque es un especialista en retratar al México que cada connacional repite día tras días; desde acciones que hacen a la cultura mexicana única hasta frases cotidianas que se vuelven célebres.
Para entender a Luis Estrada Rodríguez, sin duda es necesario ver las películas que ha producido, dirigido y escrito, así como tener claro que son sátiras de la cultura nacional y que en algún momento, cada mexicano se refleja de alguna manera.
En 2010 se estrenó “El infierno”, una historia que se desarrolla en un pueblo de México, que puede ser cualquiera, en donde un paisano que se fue “a los yunaites” para conseguir el “sueño americano”, regresó para darse cuenta de la pesadilla que experimentan muchos mexicanos, y por la dinámica, por decirlo de alguna forma, en la que vive México; un entorno de corrupción, crimen organizado, pobreza y la urgencia de sobrevivir, pronto se vuelve partícipe de ella.
En ese entorno, el protagonista Benny, interpretado por Damián Alcázar, conoce a “El cochi loco”, encarbado magistralmente por Joaquín Cosió, personaje de humor negro y mucha mexicanidad, se caracteriza por citar frases que se volvieron representativas del quehacer diario.
“Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa mi Benny”. Y sí, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Frase altamente socorrida para diferenciar un hecho DE OTRO.
Una cosa es el acta 334 (antecedida por la 330 y otras) y otra cosa es el “Programa compensatorio”.
El primero: las actas acordadas, firmadas y posteriormente emitidas por los representantes de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) sección México y Estados Unidos.
El segundo: el programa derivado de las modificaciones de la Ley de Aguas Nacionales a finales del 2025, cuyo propósito es compensar económicamente mediante tres secretarías del Gobierno del Estado, a los usuarios que cederán los volúmenes de riego a la zona costa. Entiéndase por ceder, es decir, entregar el agua obligados por las reformas a la mencionada ley, dicho de otra manera, a quienes ya no tendrán agua disponible para cultivar las tierras.
En el primer caso, es decir, el acta 334, antecedida por la 330 y a diferencia de ésta, el acuerdo entre los representantes de CILA de los dos países, se reducirán 308 millones de m3, que se suman a los 494 millones m3, (en números redondos en las dos cifras) del acta 330, en cuyo contenido se estableció una compensación total de 65 millones de dólares, de los cuales, 60 millones de los verdes propiedad del gobierno del vecino país, se destinarán o destinaron, o se intentó, beneficiar a los usuarios que obligadamente dejarían de sembrar, o ceder sus derechos, como se lee en dicho documento, y cuyo recurso se volvió una capirotada, tema que será motivo de otra atrevida columna.
En el segundo caso, el “Programa compensatorio” con un presupuesto de 70 millones de pesos de origen estatal, cuyos dineros comenzaron a repartirse recientemente mediante tres secretarías: Bienestar, de donde se repartieron 15 mil pesos a cada beneficiario; SADERBC, entregó 45 mil pesos en especie, ya sea el equivalente a diésel, maquinaria agrícola, semilla o plantas y SEPROA, con disposición de otorgar 11 mil 837 pesos por hectárea, apoyos que todavía no se dispersan.
“Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa mi Benny”. Una cosa son los dineros gringos, que en esta acta, la 334, no habrá y otra cosa, es el apoyo económico del Gobierno del Estado a través del “Programa compensatorio”. No hay por qué revolver una cosa con la otra. Si un beneficiario, usuarios, productor o como sea que le llame según de dependencia de Gobierno de la que salga ese dinero para entregarle a cada persona, el recibir un apoyo no exime de obtener el otro, ¿por qué? Porque “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa mi Benny”.

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