Banca y gobierno “MODO ANUNCIO”
Nos llamó la atención la opinión de Enrique Quintana sobre que, “la banca mexicana es sólida en sus indicadores, con utilidades históricas y bajo índice de morosidad”, destacando que, “el crecimiento del crédito es bajo, especialmente para empresas productivas y que, las Mipymes enfrentan serias dificultades de acceso a financiamiento”.
También menciona la expansión de los créditos hipotecarios, pero omite referencia sobre la participación de la banca en los créditos para el sector primario.
Luego menciona: Banqueros, reguladores y funcionarios del gobierno federal se dan cita en un foro que, año con año, sirve para calibrar los avances del sistema financiero y trazar la agenda de sus pendientes.
Este año el balance es inusualmente complejo: una banca sólida en sus indicadores prudenciales, pero inmersa en una economía de bajo crecimiento, rodeada de señales de alerta que no pueden ignorarse.
Empecemos por el activo del balance. Los números son, en efecto, muy positivos. Al cierre de 2025, el sistema bancario alcanzó utilidades históricas de 304 mil 400 millones de pesos, un incremento real de 1.1% respecto al año anterior. El índice de capitalización se mantuvo en torno a 20%, muy por encima del mínimo regulatorio de 10.5%. La cartera total de crédito cerró en 8.17 billones de pesos, con una tasa de morosidad de apenas 2.17%. Estos son indicadores de un sistema robusto. No hay discusión al respecto.
PERO LA SOLVENCIA NO ES LO MISMO QUE LA CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO.
Y aquí empieza el pasivo del balance.
La cartera creció apenas 2.82% en términos reales en 2025, el ritmo más bajo en años no pandémicos, en un entorno donde el PIB avanzó apenas 0.8%: el peor desempeño desde el Covid-19.
El crédito al sector privado sigue en torno al 38% del PIB, proporción que la Asociación de Bancos de México (ABM) aspira a elevar hasta 45% para 2030. Para dimensionar el rezago: en Chile ronda el 120% del PIB; en Brasil supera el 70%. En México, una parte significativa del crecimiento del crédito ha ocurrido en consumo e hipotecario, no en el financiamiento a empresas productivas.
El problema es que México lleva ya varios años en “modo anuncio”: cada convención produce compromisos, acuerdos y discursos sobre los mismos temas. El reto real es convertir los números en cambios concretos en la vida de las empresas y las familias.
Para eso, la banca necesita un entorno de crecimiento que hoy no existe, y el gobierno necesita una banca que asuma riesgo productivo que hoy evita.
Ambos son protagonistas del mismo problema y salir del círculo vicioso requiere acciones de ambos.
¿Podremos salir finalmente del “modo anuncio” en el que estamos?

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