Semanario El Pionero

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Lo extraordinario de lo cotidiano

Foto: @helloimnik

La generación del fax

Por Gladys Villalobos*

Hoy iniciaré con un suceso que vivimos todos al iniciar la semana que transcurre. La “caída” de facebook, instagram y whatsapp. Durante un lapso de 6 horas vivimos en el limbo, en la desinformación, en la incomunicación y el paraíso para otros muchos. Me incluyo en el último grupo. Esa fue la noticia del día y en algunos momentos se sigue hablando o escribiendo de ello, como yo ahorita. 

¿Qué sucedió? ¿Cómo impacto la vida de muchos? ¿La economía de otros tantos? ¿En qué proporción nuestra cotidianidad esta vinculada a la tecnología? Para unos más que otros, lo cierto es que hoy en día, de alguna u otra manera las redes sociales o aplicaciones de comunicación están presentes en nuestras vidas.

Este suceso me lleva a un tema que me provoca y del cual siempre encuentro contenido: la inmediatez de la vida actual. Reconociendo y recibiendo los beneficios de la tecnología, puedo enumerar algunos de los estragos que observo en los seres humanos, con énfasis en generaciones posteriores a la mía: la paciencia condicionada y/o la tolerancia a la frustración.

Por ello hablaré del fax, si del fax, “abreviación de facsímil, a veces telefax o tele copia. La transmisión telefónica de material escaneado impreso normalmente a un número de teléfono conectado a una impresora o a otro dispositivo de salida” así lo describe Wikipedia, inventado en sus primeras versiones por Alexander Bain en 1842.

Yo soy de la generación del fax, la que construyo su templanza cada vez que pedía tono para enviar una hoja y a media transmisión se cortaba la llamada; la que era interrogada por aquella persona de otro lado de la línea solo por el afán de sentirse importante cuando lo que yo quería era concluir para irme a comer; la que justo cuando restaban un par de centímetros para que la transmisión de la hoja concluyera, se atoraba el papel. La que en más de una ocasión pulso equivocadamente un número y hablaba a una pastelería, estética o funeraria.

Si eres la generación el fax, tal vez como yo, en tu servicio social o en tu primer empleo, una de tus actividades era enviar los faxes del día. En mi caso, se trataba de comunicados de prensa estatales. Estamos hablando, promedio 3 veces por semana tenia que hacer llegar a aproximadamente 100 números de teléfono una hoja en día de suerte, dos o más cuando la vida me cobraba mis pecados. 

¿El mayor regalo? Marcar un número de teléfono, oír la marcación y al tercer intento escuchar el tan deseado tono de fax. Ya en el fastidio, no tener que hablar con otro humano era una celebración. Salvo que tu jefe inmediato fuese de los que les gustaba confirmaras de recibido, como me paso a mí. Entonces la fiesta se venía abajo.

Hoy el fax es un objeto de museo, en su momento indispensable en mi vida profesional. Entre el fax, la máquina de escribir, rebobinar la cinta de un casete con una pluma y las horas de fila para cruzar la garita a Estados Unidos influyeron para templar mi carácter ¿Cuánto de lo que hay en nuestra cotidianidad, usos y costumbres se ven reflejados en lo que hoy somos, hacemos y sentimos?

“Lo Extraordinario de lo Cotidiano”, un espacio donde cada día es un motivo. Valoro tu tiempo.

*Cachanilla de nacimiento, comunicóloga de profesión, amante del cuerpo por vocación. Crecí análoga, me convertí digital. Asesora en Comunicación, Redactora de Contenidos, Fotógrafa. Mi sitio: gladysvillalobos.wordpress.com/