Editorial…

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Hartazgo castrense

 El hartazgo de un mediano mando militar ante las cotidianas agresiones de supuestos honestos ciudadanos en contra de sus soldados –todos entrenados para dar la vida y defender a la patria hasta con su vida- le hizo reventar, ordenando disparos –al aire o la tierra, no sabemos- tratando de repeler la agresión de que eran objeto.

El ruido de los disparos, no esperados por los atacantes, quienes resultaron protectores de una bodega en la que posteriormente, con una orden judicial, abrieron y encontraron productos robados.

Aquí es donde surgen una serie de interrogantes es la aparición del presidente de un municipio del estado de Puebla, donde ocurrieron los hechos, haciendo una defensa total de los pobladores, soslayando los insultos y las agresiones a los elementos castrenses.    

El hartazgo que a ese mando militar tuvo para ordenar el uso de las armas, aun cuando todavía no en contra de los atacantes, fue un detonante para hacer reaccionar a más altos mando del Ejercito de México, advirtiendo a los delincuentes y la población en general, sobre futuras y automáticas reacciones de los elementos del ejército para rechazar cualquier agresión.       

La disciplina militar no deja lugar a duda y pese su formación, nuestros soldados han dado ejemplos de su obediencia a las órdenes del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, aun a costa de su integridad física y el peligro de su vida.

Los soldados vejados por la chusma de delincuentes fueron galardonados por su disciplina, bajo el argumento superior de respeto a los derechos humanos de los atacantes.

¿Acaso los soldados no tienen derechos humanos?

¿Con que orgullo podrán presumir las preseas recibidas, luego de que entregaron las armas a sus enemigos?  

Esos soldados, en su yo interior, seguramente están conscientes de que fallaron en su juramento al rendir protesta como miembros del ejército nacional, pero finalmente, algún consuelo tendrá el hecho de haber recibido el reconocimiento personal del presidente Andrés Manuel Lopez Obrador, Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas que incluye el Ejército y la Marina. 

No podemos desconocer que, al igual que existen soldados honestos y comprometidos con la nación, no faltan elementos que en momentos determinados aprovechen su situación y no tengan empacho en manchar el uniforme con acciones indecorosas y abusos de autoridad, pero son contados.