Editorial…

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¿Hasta cuándo?

 “Perdonar a los terroristas es cosa de Dios, enviarlos con él es cosa mía” frase atribuida a Valdimir Putin, presidente de Rusia.

Mientras tanto, en México, el jefe de la nación, el jefe supremo de las fuerzas armadas, pide a los delincuentes, de todas las calañas, que “se porten bien”.

Frente al enojo de los mexicanos que desde la niñez se nos inculcó el respeto por los integrantes del Glorioso Ejercito Nacional, vemos con tristeza, como a ciencia y paciencia de su “jefe supremo”, cualquier pelafustán arremete en contra de los soldados y estos soportan las vejaciones, porque esa son las instrucciones que tienes.

Muchos mexicanos nos preguntamos ¿de qué sirve la guardia nacional?, ¿de qué sirve su capacitación y entrenamiento?, si en lugar de repeler agresiones tienen la orden de “poner el lomo”, para recibir los golpes.  

Resulta muy difícil de entender los datos y cifras que mencionan los funcionarios del gobierno federal, desde el presidente Andrés Manuel Lopez Obrador, en sus mañaneras conferencias, hasta la gobernadora del Estado de México, pasando por el Fiscal y el Secretario de Seguridad, sobre los positivos avances en materia de seguridad.

Como podrá justificar el gobierno federal lo que ha ocurrido en Tamaulipas, donde, lo que ellos llaman “delincuencia organizada”, ha logrado evitar que los empresarios concesionarios de estaciones de servicio no surtan de combustible a los vehículos de todo tipo de agrupamientos de seguridad y combate a la delincuencia.

Sin duda alguna, aquí, como a lo largo y ancho del país, la ciudadanía tiene la percepción de que la delincuencia –organizada, o no- rebasó el poderío de todos los cuerpos de seguridad, incluyendo a la Guardia Nacional, el Ejército y la Marina.

Aquí nos preguntamos de qué sirve la disciplina militar, si el jefe supremo de las fuerzas armadas del país nulifica el código militar y lejos de castigar a los soldados que entregan las armas al enemigo, les reconocen y premian, por su respeto a los derechos humanos de sus agresores, generalmente delincuentes o cómplices disfrazados de honorables ciudadanos.  

Lo graves de todo es que los mandos directos del Ejercito y las Fuerzas Armadas de la Marina, con su silencio son cómplices de las vejaciones a la tropa, siendo uno de los más recientes, lo ocurrido en Zócalo de la capital del país, con la agresión a elementos del ejército responsables de la seguridad de Palacio Nacional.