Editorial…

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Comunicación y relaciones públicas

Los viejos decían: “lo barato sale caro”, y en la mayoría de las ocasiones tenían razón.

Pero en la vida real y dentro del tema de la comunicación y las relaciones publicas, esta situación continua vigente, especialmente cuando los contratantes de esos servicios son neófitos en la materia, o teniendo conocimientos o idea de esos servicios, improvisan comunicadores y los encargan de esa responsabilidad.

En el primer caso, los contratantes confunden la comunicación con la lisonja, alabanza exagerada y generalmente interesada que se hace a una persona para conseguir un favor o ganar su voluntad y llegan a considerar que su comunicador esta cumpliendo.

Otros contratantes, especialmente políticos -o sin serlo llegaron a cargos electorales- y como caso específico pudiéramos mencionar a los diputados locales, al igual que a los funcionarios, contratan a jóvenes profesionistas con bajos sueldos, solo para cumplir, pero su inexperiencia ni siquiera les permite promover a su representado ante los medios.

También están aquellos que tienen miras más altas, buscan y contratan a quienes que les ofrecen el oro y el moro, sin conocer su real capacidad, misma que al final queda en entredicho, porque en condiciones adversas, sus comunicadores carecen de ideas y medios para enfrentar las adversidades.          

A este respecto y como ejemplo de esto último mencionamos un trabajo de Alfredo Azcarate Varela, editor de The Baja Post, cuyo epígrafe dice: “Asesoría política: Marina del Pilar compró espejitos, la dejan indefensa ante campaña de desprestigio

“Encontrar una oportunidad única en la vida, que puede significar la diferencia entre una vida común y un gran futuro político, es algo que no sucede todos los días, que Marina del Pilar Ávila encontró el 1º de Julio, ganaba una diputación federal por MORENA y ahora, desde San Lázaro trata de trabajar a pesar de una campaña de ataques frontales desde redes y algunos medios de comunicación”.

“Los ataques son violentos y su defensa débil, independientemente de quien sea su asesor (a) Marina debería pensar bien el trabajo que están haciendo y si en verdad tiene al asesor (a) correcto, no se ve que haya intenciones de quien la asesora de defenderla y responder a los ataques de que ha sido y sigue siendo víctima, pareciera que (después de una elección donde ganó por avalancha) olvidó los ideales que la motivaron a ser candidata y como cualquier otro político (a) común, cayó en la tentación de tener asesoría “de lujo” y terminó comprando espejitos”.