Editorial…

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Y las propuestas cuando

Han pasado 15 días desde el inicio de las campañas de proselitismo de los candidatos a la presidencia de la república y ninguno de los tres aspirantes con posibilidades de lograr el voto mayoritario de los mexicanos ha hecho propuestas que puedan convencer al electorado para votar a su favor.

Los principales ataques van encaminados hacia Manuel Lopez Obrador y Ricardo Anaya, no solo de su adversario, José Antonio Meade, sino de una cauda de personajes encumbrados en los medios electrónicos y escritos de la capital del país.

Junto con estos, doña Margarita Zavala y ahora el Bronco, candidatos independientes, dejan escuchar su ronco pecho en contra de los dos candidatos que superan en las preferencias, según las encuestas, al ciudadano Meade abanderado del PRI.

Para algunos analistas políticos, la determinación del Tribunal Federal Electoral, obligando al INE a reconocer como candidato presidencial a el Bronco, soslayando la serie de manipulaciones e irregularidades en la recolección de firmas, es producto de una desesperada acción del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, con la pretensión de captar votos que pudieran favorecer a los candidatos punteros.

Pero lo realmente lamentable es que los electores tenemos que soportar una serie de mensajes de los ahora cinco candidatos a la presidencia de México, por regla general vacíos de contenido real que permita analizar capacidades y opciones de programas que puedan desarrollar en caso de ganar el proceso electoral.

Voceros merolicos por interés personal, sin un ápice de convicción política, junto con los conductores de televisión y participantes en foros similares, enfadan y lejos de convencer enojan a la audiencia.

El que nada debe, nada teme, dice el refrán, pero en el caso del nuevo aeropuerto de la ciudad de México, cualquier mención genera ira de empresarios, de políticos y de funcionarios del gobierno federal, ignorando versiones sobre la necesidad de analizar contratos y para acabarla de amolar, hasta los huachicoleros están haciendo negocios con la venta de combustible robado a los transportistas que trabajan en el carreo de materiales para la monumental obra.