
Por Guadalupe Villalobos Guerrero
El pasado 12 de agosto el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) publicó su más reciente reporte de Oferta y Demanda Agrícola Mundial (WASDE), considerado uno de los documentos más importantes para los mercados internacionales de granos, ya que sirve de referencia para productores, comercializadores, industriales e inversionistas de todo el mundo.
Para quienes en el Valle de Mexicali ya comienzan a evaluar las posibilidades de siembra del ciclo otoño-invierno 2026-2027, que inicia después del 15 de noviembre, el reporte envía señales que merecen atención.
La principal noticia es que Estados Unidos volvió a reducir su estimación de producción de trigo. El USDA proyecta una cosecha de apenas 1,531 millones de bushels, la más baja en más de cinco décadas, derivada de menores rendimientos y una menor superficie cosechada, particularmente en trigo rojo duro de invierno y trigo durum. Como consecuencia, las existencias finales estadounidenses continúan ajustándose y se ubican muy por debajo de las registradas el año anterior.
Esta situación llevó al USDA a elevar su estimación del precio promedio al productor para la campaña 2026/2027 hasta los 6.20 dólares por bushel, reflejando un mercado más ajustado entre oferta y demanda.
A nivel mundial, el panorama también presenta elementos de apoyo para los precios. La producción disminuyó en la Unión Europea, Reino Unido y Brasil debido a problemas climáticos durante el llenado del grano. A ello se suma la persistente incertidumbre en la región del Mar Negro, donde el conflicto entre Rusia y Ucrania continúa afectando los flujos comerciales y la logística de exportación.
Sin embargo, sería un error interpretar este reporte como una garantía de altos precios para la próxima cosecha. Los mercados agrícolas son altamente volátiles y pueden cambiar rápidamente ante modificaciones climáticas, económicas o geopolíticas.
Por ello, la pregunta que debemos hacernos no es únicamente si el precio internacional del trigo mejorará, sino si el productor del Valle de Mexicali estará en condiciones de aprovechar esa oportunidad.
Durante los últimos años hemos insistido en no atribuir la reducción de la superficie sembrada exclusivamente a los problemas de disponibilidad de agua. Porque la realidad que enfrentan miles de productores es distinta. La falta de rentabilidad, los elevados costos de producción, la desaparición de esquemas de financiamiento accesibles y una creciente cartera vencida han sido factores determinantes para que muchas hectáreas hayan quedado sin sembrarse de trigo.
Hoy el principal desafío para numerosos agricultores es encontrar recursos para financiar la siembra.
Por ello, además de observar el comportamiento del mercado, es importante comenzar a trabajar en herramientas que permitan reducir riesgos y mejorar la certidumbre económica de las unidades de producción.
Una de ellas es el uso de coberturas de precios. Aprovechando el análisis histórico de los mercados y las tendencias observadas en los contratos de futuros, los productores y sus organizaciones pueden evaluar estrategias mediante opciones PUT o CALL para establecer pisos de precio o, dependiendo de las condiciones del mercado, otras alternativas que permitan proteger márgenes de utilidad. El objetivo no es adivinar el mercado, sino administrar el riesgo.
Otra alternativa es impulsar esquemas de agricultura por contrato entre productores, acopiadores e industria. Establecer con anticipación condiciones de precio, calidad y entrega brinda certidumbre a ambas partes y puede facilitar el acceso al financiamiento. En un entorno de alta volatilidad, volver a la agricultura por contrato deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.
Asimismo, las organizaciones de productores, comercializadores y autoridades deberían comenzar desde ahora a construir mecanismos de comercialización para la cosecha 2027. Las mejores oportunidades de mercado generalmente se generan meses antes de la cosecha, no cuando el grano se esté trillando esperando comprador.
En conclusión, el WASDE de agosto de 2026 ofrece una señal positiva para el mercado mundial del trigo. La menor producción en Estados Unidos, los problemas climáticos en Europa y la incertidumbre geopolítica en la región del Mar Negro pueden contribuir a sostener precios más firmes durante los próximos meses.
Pero la verdadera pregunta sigue siendo la misma: ¿podrá el productor del Valle de Mexicali aprovechar esa oportunidad?
Porque el reto no será únicamente vender bien la cosecha. El verdadero desafío será contar con las condiciones financieras, comerciales y de rentabilidad necesarias para poder sembrarla. Mientras esos problemas estructurales no sean atendidos, las buenas noticias provenientes de los mercados internacionales seguirán siendo solamente una expectativa y no una realidad para muchas familias del campo bajacaliforniano.

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