Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

Golden Temple Amritsar Punjab India

Por  María Antonieta Flores Astorga 

¡Una maravilla! Harmandir Sahib, “Templo de Dios” el “Golden Temple”, el más sagrado del sijismo, y contemplarlo es sin duda algo impactante. 

La cúpula y sus exteriores están recubiertos con láminas de oro, imposible no verlo, desde donde te detengas. 

Enmedio de un lago artificial (estanque del néctar inmortal) Amarit Sarovar. De ahí el nombre de la ciudad: Amritzar. Accedes por una de las 4 entradas, simbolizando la bienvenida a cualquier persona de la religión, casta o raza. Uno se quita los zapatos y lava los pies en el agua que fluye por unas fuentes en el piso. 

Fue en el siglo XVI, cuando el Gurú Ram Das inició su construcción. Abierto las 24 horas del día, miles de devotos y no, llegan de todas partes, más de 150 mil por día. Y durante sus festejos puede llegar a los 300 mil, diariamente. 

Para entrar al lugar donde se venera al libro más sagrado del sijismo: Gurú Granth Sahib, las colas son muy largas y pueden pasar horas. Si tienes suerte y estás enterado, a los extranjeros nos permiten entrar más rápido. Adentro techos, paredes y pisos están tachonados de bellos diseños cubiertos también de oro. No hay estatuas, ni imágenes. Creen en un solo Dios, sin forma. En el interior varios gurús leen en el enorme libro las enseñanzas, poemas e himnos que hablan de que hay un solo Dios eterno, que todos somos iguales. De la honestidad, del servicio al otro, la compasión, la meditación y de tener siempre presente a Dios, evitando elegir, el apego, la codicia y la ira. 

El Gran Libro fue escrito por gurús sijis e hindúes, porque su visión es muy universal. Y es en lo que se centra todo, sin que un humano los dirija. 

Es sobrecogedor ver y escuchar bajo la cúpula donde los gurús están recitando, acompañados por los ragas, bajo el ritmo del Harmoníum, los tambores, cuerdas y los instrumentos tradicionales como la Saranda. Y eso se escucha en todas partes del gran complejo que integra el templo. Solemne y emotivo. 

Dentro no permiten cámaras, nada. En lo que parece una ciudadela, hay un lugar donde ofrecen comida, la clásica thali, arroz, lentejas, yogur y nan, a todos los que vayan llegando y puedes repetir ración. Las 24 horas puedes ir a comer. También hay lugares donde los peregrinos pueden descansar y dormir, bañarse. Una gran organización con miles de devotos voluntarios que dan servicio. ¡Ah! Consideran sagradas y purificadoras las aguas del estanque, por eso mucha gente se baña, no sin antes ducharse, eso obligatorio. 

Ver el Templo al amanecer, al atardecer y por la noche, es una experiencia sin par. Ahí sí que me dio el “stendhalazo”.