Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

El campo protesta…pero el T-MEC no se renegocia en la calle

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Una vez más, el campo mexicano volvió a tomar las calles de la Ciudad de México. Productores de Sinaloa, Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Baja California y otras entidades instalaron plantones, bloquearon Paseo de la Reforma y llevaron sus demandas hasta el Senado de la República. La escena ya es conocida: tractores, pancartas, molestia social, líderes agrícolas endureciendo el discurso y, finalmente, la respuesta oficial de siempre: “se instalarán mesas de diálogo”.

El problema es que, detrás de la protesta legítima y del enorme desgaste económico que vive el sector agrícola, también existe una realidad política y económica que difícilmente muchos productores quieren escuchar: varios de los planteamientos simplemente no van a proceder.

Y no porque el gobierno no quiera dialogar, sino porque existen límites internacionales, financieros y comerciales que hoy México no puede ignorar.

Los agricultores agrupados en el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano plantearon cuatro demandas principales:

seguridad en carreteras, una nueva política de protección agrícola, excluir los granos básicos del T-MEC y juicio político contra el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.

Analizando fríamente cada punto, hay temas atendibles y otros prácticamente imposibles

La inseguridad carretera sí representa un reclamo totalmente válido. El robo al transporte de carga y la violencia en las rutas agrícolas se han convertido en uno de los principales costos ocultos del sector agropecuario. Ahí existe margen de acción gubernamental y presión legítima.

También es razonable exigir una política agrícola más sólida para proteger la producción nacional. El problema es que el gobierno federal enfrenta severas restricciones presupuestales. México atraviesa una etapa delicada: déficit creciente, presión sobre las finanzas públicas, menor margen fiscal y compromisos sociales enormes. El dinero simplemente no alcanza para regresar a los esquemas de subsidios masivos que muchos productores añoran. El presupuesto que se presentó en los pre criterios para 2027 solamente incluye un incremento a las partidas del campo del 4.3%.

Pero el punto más complicado —y probablemente inviable— es excluir los granos básicos del T-MEC.

Eso no ocurrirá. (Por lo menos por los granos no).

Ni políticamente, ni comercialmente, ni diplomáticamente

México depende profundamente de la relación comercial con Estados Unidos y Canadá. El T-MEC no es únicamente un tratado agrícola; es la columna vertebral de la economía mexicana. Más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos. En momentos donde ya existen tensiones comerciales, presiones arancelarias y procesos de revisión rumbo a 2026, abrir una disputa para sacar granos del acuerdo sería una bomba económica.

Además, el país tiene una dependencia estructural de importaciones agrícolas, especialmente de maíz amarillo, oleaginosas y granos forrajeros. México consume mucho más de lo que produce en varios rubros estratégicos. Intentar cerrar o limitar de manera unilateral esas importaciones generaría presiones inflacionarias inmediatas, afectando alimentos, carnes, leche y cadenas industriales completas.

Es decir: el problema agrícola mexicano no nació con el T-MEC. El tratado solamente exhibió las enormes debilidades estructurales del campo nacional acumuladas durante décadas: baja productividad, abandono tecnológico, crisis hídrica, altos costos financieros, inseguridad y ausencia de políticas de largo plazo.Por eso, aunque el discurso de “sacar los granos del tratado” puede sonar atractivo políticamente ante productores desesperados, en los hechos resulta inviable.

Tampoco prosperará, muy probablemente, la exigencia de juicio político contra Marcelo Ebrard. Más allá de simpatías o diferencias políticas, el gobierno federal difícilmente abrirá un conflicto interno de ese tamaño en plena etapa previa a la revisión del T-MEC y con el Mundial de Futbol 2026 acercándose.

Y precisamente ahí aparece otro elemento delicado.

La amenaza de “boicotear” o afectar el Mundial puede ser entendible como presión política, pero también representa un enorme riesgo. México será observado internacionalmente durante ese evento, y cualquier intento de bloqueo o interrupción podría provocar respuestas gubernamentales mucho más duras.

Ojalá prevalezca la prudencia.

Porque la historia mexicana tiene episodios dolorosos cuando las protestas sociales coinciden con eventos internacionales de gran magnitud. El recuerdo de 1968 sigue siendo una advertencia histórica que nadie debería ignorar.

Hoy el campo mexicano necesita soluciones reales, no únicamente consignas.

Necesita productividad, financiamiento competitivo, infraestructura hidráulica, tecnificación, seguridad y políticas de largo plazo.

Pero también necesita entender que el entorno económico internacional cambió.

Y que, nos guste o no, muchas decisiones ya no se toman solamente en las calles, ni en las plazas públicas, ni siquiera en Palacio Nacional… sino dentro de complejas negociaciones comerciales donde México tiene mucho más que perder que ganar.