Camarilla partidista
Por César Villalobos López
Desconocemos lo que vaya a ocurrir mañana domingo en la asamblea nacional -simulada de democrática- del Partido Revolucionario Institucional, de la que ha trascendido será para modificar estatutos, de nombre, pero con los mismos changos en la dirigencia.
A partir de los señalamientos de señora Layda Sansores en contra de Alito, el todavía presidente del PRI perdió la poca credibilidad que tenía, aun cuando él se defendía de la insidia del presidente López Obrador en los diarios sermones mañaneros.
A Alito nunca le han importado los militantes y simpatizantes con el partido que dio vida a las instituciones, teniendo en Baja California el mejor ejemplo de su abandono, al sostener a Guadalupe Gutiérrez Fregoso en la dirigencia estatal.
“Lupita”, como gusta que llamen, se encargó de socavar la poca fortaleza del partido, disfrutando de las prebendas económicas que, se supone, son para mantener cuadros en la base.
Desde luego que Lupita actuó bajo el consentimiento de Alito, seguramente con el propósito de llegar a la situación de derrota y desprestigio del partido, por sus malas acciones.
Es más, hay priistas que consideran la posibilidad de que el rompimiento de la alianza, en Baja California, fue una acción consensuada para facilitar el camino de los candidatos de Morena.
Y es que Lupita se empecino en la nominación de candidatos que, de ninguna manera garantizaban el triunfo por ser perfectos desconocidos entre los ciudadanos que emiten el sufragio.
Hay quienes consideran que Lupita nomino a Jaime Navarro Celaya como candidato a la alcaldía de Mexicali, a sabiendas de su situación electoral, con el propósito de que fuera el perdedor con menor votos, para dejar de ser ella la que ocupa ese vergonzoso lugar.
Se conocen los éxitos profesionales de Navarro Celaya, pero en una campaña electoral, si no se siguen procedimientos, como sudar el calcetín y saludar de mano a miles de ciudadanos, de todos los estratos sociales, indudablemente se va a la derrota.
Otro detalle importante es aquel dicho del profesor Carlos Hank González, “político pobre, es un pobre político”, porque el candidato puede presumir de muchos amigos acaudalados, pero para tener su apoyo debe de hacer compromisos.
Ahora la Asamblea Nacional convocada por Alito, es una farsa, en cuanto a representación, cando menos en Baja California, donde solo participaron 29 consejeros nominados a modo, por su obediencia y sumisión.
Los dirigentes soslayan que son ellos los repudiados, no el partido y que, personas con arraigo y convicción podrían hacer mejor papel que ellos,

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