Silencio comprado
Por Fernando Ruiz del Castillo
De nueva cuenta, el nombre de Marina del Pilar Ávila aparece en un audio. Y de nueva cuenta, la respuesta en Baja California parece ser la misma: silencio.
Ahora resulta que Amílcar Olán, el empresario señalado como cercano a Andy y Bobby López Beltrán y vinculado periodísticamente a la llamada red de “El Clan”, asegura en una grabación difundida por Carlos Loret de Mola en Latinus que entregó dinero para la campaña de Marina del Pilar a la gubernatura de Baja California en 2021.
No es poca cosa
Tampoco significa, por sí solo, que la gobernadora haya cometido un delito. Eso corresponde determinarlo a las autoridades competentes después de investigar. Pero precisamente ahí está el problema: ¿Quién va a investigar?
Porque en Baja California la noticia cayó como piedra en un estanque de aceite.
Salvo algunos medios independientes y las redes sociales, el asunto no provocó precisamente una estampida de periodistas, conductores, columnistas y opinadores preguntando de dónde salió el dinero, cuánto fue, cómo se entregó, quién lo recibió y, sobre todo, si ese dinero fue reportado ante las autoridades electorales.
Nada
Silencio casi sepulcral. Y uno empieza a entender por qué.
Desde hace años, la Comunicación Social del Gobierno del Estado se ha convertido en mucho más que una oficina para informar a los ciudadanos. Diversos reportes periodísticos han documentado el crecimiento de la publicidad oficial, la concentración de contratos y el papel de Ariel Lizárraga en la estrategia de comunicación del gobierno marinista.
En 2022, por ejemplo, se documentaron contratos publicitarios por más de 97 millones de pesos, frente a una autorización presupuestal de poco más de 39 millones.
Pero seguramente todo es una desafortunada coincidencia.
También debe ser coincidencia que ahora Lizárraga vuelva a tener una presencia cada vez más visible en la operación política y mediática del gobierno.
Y seguramente será otra coincidencia que algunos medios descubran una extraordinaria sordera cuando la información incomoda al poder.
Porque hay una fórmula muy sencilla para controlar la prensa sin necesidad de censurarla: “no hay que cerrar periódicos; basta con abrir la chequera”. Así, el gobierno no necesita decirle a un medio qué publicar.Sólo necesita recordarle quién paga.
Y cuando llega un escándalo como éste, la maquinaria funciona maravillosamente: unos callan, otros minimizan, algunos esperan instrucciones y los más disciplinados seguramente preguntan si ya pueden publicar.
Eso sí: todos pueden presumir de libertad de expresión. Y cada 7 de junio, se toman la foto con el gobernador o la gobernadora en turno, para confirmarlo.
Qué maravilla
El audio de Olán, además, llega cuando Morena intenta vendernos la idea de que sus campañas son ejemplo de pureza democrática. Pero si lo dicho en la grabación es verdadero, estaríamos ante algo mucho más serio que un simple chisme político.
El propio INE establece reglas sobre el origen de los recursos privados y obliga a transparentar ingresos y gastos de campaña. Además, prohíbe aportaciones de determinadas personas y entidades, entre ellas las personas morales, y exige que el dinero utilizado en campaña pueda ser identificado y fiscalizado.
Por eso la pregunta no debería ser si el audio le gusta o no a Marina del Pilar.
La pregunta es otra:
¿Es cierto que Amílcar Olán entregó dinero para financiar su campaña?
Y si lo fue, ¿cuánto?, ¿por qué vía?, ¿a quién?, ¿quién lo recibió?, ¿cómo se registró?, ¿apareció en la contabilidad electoral?
Y si no fue cierto, entonces la gobernadora tiene una oportunidad magnífica para demostrarlo. Que explique. Que presente documentos. Que pida una investigación. Que abra las cuentas.
Porque si todo es falso, debería ser la primera interesada en demostrarlo.
Pero si la estrategia vuelve a ser la de siempre —negar, minimizar, desacreditar al periodista y esperar a que llegue la siguiente noticia— entonces habrá que preguntarse si el problema no es el audio.
Tal vez el problema sea que ya nos acostumbramos al silencio. Y mientras tanto, en Baja California, el dinero sigue haciendo milagros.
Compra publicidad. Compra silencios. Compra lealtades. Y hasta parece comprar memoria.
Lo único que todavía no puede comprar es que un audio deje de existir. Está publicado. Está circulando.
Y tarde o temprano alguien tendrá que explicar qué hay detrás de él. Porque una cosa es gobernar. Y otra, muy distinta, gobernar creyendo que también se puede administrar la verdad.
Hay problemas, Houston
Haber pospuesto la revelación de quien será —o pretende ser— el coordinador de la Defensa de la Transformación en Baja California, ese largo y rimbombante título que en español sencillo significa precandidato de Morena a la gubernatura, sólo refleja una cosa: Hay problemas, Houston.
Porque cuando una decisión está planchada, amarrada, negociada y palomeada desde arriba, no se pospone. Se anuncia. Se presume. Se festeja. Y hasta se manda imprimir el papel picado. Pero en Baja California algo no termina de cuadrar.
La presidenta Claudia Sheinbaum tenía previsto conocer el resultado de la famosa encuesta para definir al coordinador estatal. Y, de pronto, pausa. Espera. Prudencia. Revisión.
¿Revisión de qué? Ahí está el pequeño detalle
Puede tratarse, desde luego, de las inconformidades de quienes no resulten favorecidos y que ya estén haciendo cuentas para ver qué posición les toca como premio de consolación.
Porque en Morena nadie pierde realmente: pierde la candidatura, pero gana una senaduría, una alcaldía, una diputación o, cuando menos, algún hueso suficientemente jugoso para mantener viva la revolución.Pero también puede haber algo más delicado.
La honorabilidad, los antecedentes y las relaciones de algunos de los aspirantes podrían estar generando más de un dolor de cabeza en Palacio Nacional. Y si existen dudas sobre la trayectoria o vínculos de alguno de ellos, la presidenta no parece dispuesta a jugarse la elección de 2027 por quedar bien con los grupos locales.
Y ahí es donde la novela se pone interesante. Porque desde Palenque pueden tener favorita. Marina del Pilar puede tener favorito. Los grupos de poder pueden tener su propio favorito. Y cada uno puede hacer sus apuestas.
El problema es que la presidenta es quien tendrá que cargar con el resultado. Por eso, mientras desde el entorno de López Obrador se insiste en que Julieta Ramírez es la carta fuerte, Marina del Pilar sigue empujando a Ismael Burgueño.
Y aquí aparece otra pequeña complicación: la relación política entre Marina y Julieta ya no parece precisamente aquella amistad de fotografía, abrazos y sonrisas que durante tanto tiempo nos vendieron.
La senadora ya demostró que tiene agenda propia.
Y eso, en política, puede ser interpretado de muchas maneras.
Particularmente por quien está a punto de dejar el poder y necesita asegurarse de que quien llegue no tenga demasiadas ganas de revisar cajones, expedientes o cuentas.
Porque ése es el verdadero fondo del asunto.
El candidato a gobernador no sólo será candidato.
Tendrá mano en la designación de alcaldes, diputados locales y federales.
Es decir, quien gane la candidatura tendrá en sus manos buena parte del futuro político de Morena en Baja California. Y por eso todos quieren meter mano. Marina quiere influir. Los grupos de Palacio quieren influir. Los aspirantes quieren asegurar posiciones. Los perdedores quieren cobrar la factura. Y la presidenta quiere evitar que le entreguen una bomba con moño y tarjeta de felicitación.
Así que mientras Morena habla de unidad, transformación y democracia interna, la realidad parece bastante menos poética: están repartiendo el pastel antes de hornearlo y todavía no se ponen de acuerdo sobre quién se queda con el cuchillo. Si todo estuviera resuelto, ya conoceríamos al coordinador.
Y detrás de él, ya estarían formándose las filas para alcaldías, diputaciones federales y locales.
Pero no. La decisión se aplazó. Y cuando Morena aplaza una decisión que presume tener perfectamente controlada, generalmente no es porque estén rezando para que salga el sol.
Es porque todavía están tratando de apagar algún incendio. Y en Baja California, por lo visto, todavía no encuentran al bombero adecuado.
Pero aseguran, eso sí, que ya falta menos para la decisión y que todo es unidad para recibir, con bombo y platillo la próxima visita presidencial. Cueste lo que cueste.

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