
Por Guadalupe Villalobos Guerrero
Fue una semana de fiestas patrias.
Una semana en la que buena parte de la atención estuvo puesta en quién sería nombrada coordinadora estatal por parte del partido político en el poder —aunque hay que recordar que las campañas todavía no han comenzado—; otros estaban pendientes del Grito de Independencia de la gobernadora o del espectáculo gratuito con Edén Muñoz.
Todo eso forma parte de la vida pública y social de nuestra región.
Pero mientras unos temas ocupaban los reflectores, hay otros que, aunque no sean tan atractivos, pueden determinar el futuro de miles de productores del Valle de Mexicali y San Luis Río Colorado.
Uno de ellos es el agua.
Y aquí sí tenemos un gran reto.
El pasado 2 de septiembre fue firmada el Acta 334 de la Comisión Internacional de Límites y Aguas, mediante la cual México y Estados Unidos establecieron nuevas medidas para la operación del Río Colorado durante 2027 y 2028.
El dato es importante: México recibirá 308.372 millones de metros cúbicos menos de agua cada año durante esos dos años.
No estamos hablando de una cifra menor.
Estamos hablando de un volumen que necesariamente tendrá repercusiones en la distribución y programación del agua en la región.
Y, sin embargo, hasta ahora no hemos visto una explicación pública, amplia y detallada dirigida a los productores del Distrito de Riego 014 sobre cuáles serán concretamente esas repercusiones.
Hasta donde hemos podido observar, ni el Distrito de Riego 014, ni CONAGUA, ni el Gobierno del Estado han presentado a los usuarios un escenario claro de lo que viene.
El ingeniero Santos Estrada ha sido de los pocos que ha puesto sobre la mesa la preocupación por este tema.
Y tiene razón en algo fundamental: los 308.372 millones de metros cúbicos no pueden analizarse de manera aislada.
Hay que revisar también las nuevas asignaciones destinadas al abastecimiento urbano y determinar cuánto de ese volumen realmente podrá ser conducido físicamente hacia las ciudades.
Aquí aparece una pregunta que considero indispensable responder.
Las nuevas dotaciones urbanas suman, de acuerdo con los datos que se han manejado, 164.889 millones de metros cúbicos anuales.
Pero además existen asignaciones previas para las ciudades de la zona costa provenientes de la Mesa Arenosa de San Luis Río Colorado, que rondan los 92.36 millones de metros cúbicos anuales, mientras que la nueva asignación a zona costa señalada es de 124.72 millones. Dando un total de 217.08 millones de metros cúbicos.
Esto lleva a una pregunta que he planteado anteriormente:
¿Pueden realmente los dos acueductos que cruzan La Rumorosa transportar todo ese volumen?
Hay quienes señalan que la capacidad estaría alrededor de los 180 millones de metros cúbicos y que llevarla hacia niveles superiores podría representar una presión adicional sobre la infraestructura.
Si existe una diferencia entre el agua que aparece asignada en los documentos y la capacidad física para conducirla, entonces tenemos que hablar de ello.
Porque el agua puede existir en papel, pero eso no significa necesariamente que pueda trasladarse físicamente hasta donde está contemplada.
Y aparece otra pregunta todavía más importante:
Si una parte de esa agua no puede ser conducida, ¿dónde queda y quién puede utilizarla?
¿Se queda en el sistema? ¿Se almacena? ¿Se contabiliza de alguna otra manera? ¿Puede ser aprovechada por los agricultores? ¿O simplemente forma parte de una disponibilidad teórica que no se materializa físicamente?
Son preguntas que requieren respuestas técnicas, no políticas.
El próximo ciclo agrícola está a la vuelta de la esquina
Ya estamos a mediados de septiembre y todavía no tenemos suficientemente claro cuál será el programa de siembra para el ciclo 2026-2027.
El último reporte de superficies que tengo identificado por parte de SADERBC corresponde a mayo.
Y esto también merece atención.
En el ciclo anterior se contemplaban alrededor de 167 mil hectáreas programadas entre Mexicali y San Luis Río Colorado, pero la superficie efectivamente sembrada fue menor.
Sin embargo, hay otro elemento que debemos considerar.
Se han incrementado algunas superficies de cultivos de mayor demanda de agua, y cuando hablamos de más de 44 mil hectáreas de alfalfa, además de algodón y espárrago, cada decisión de siembra tiene una consecuencia sobre la programación hidráulica.
Por eso no podemos esperar hasta que comiencen los problemas para empezar a hacer cuentas.
Tenemos que hacerlas ahora.
Si la superficie de alfalfa se mantiene o disminuye y se estructura adecuadamente la cédula de cultivos, puede existir margen para enfrentar el próximo ciclo.
Pero eso requiere algo que parece muy sencillo y que, sin embargo, es fundamental:
PLANEACIÓN. Y aquí es donde tengo mi principal preocupación.
Mi propuesta es sencilla:
Primero informar.
Los productores tienen derecho a conocer con claridad cuánta agua habrá disponible, cuánto se reducirá, qué volúmenes estarán comprometidos, cuáles son las nuevas asignaciones urbanas y cuáles son las capacidades reales de conducción.
Segundo, planear.
Con esa información sobre la mesa, el Distrito de Riego 014, CONAGUA, SADERBC, los módulos y los usuarios deben construir un programa de siembra y de distribución de agua que sea técnicamente viable.
No podemos seguir trabajando con información fragmentada.
Y finalmente:
Tercero, ejecutar.
Porque una planeación que no se ejecuta solamente es un documento.
Aquí está el verdadero reto.
Estamos ante un escenario diferente al de ciclos anteriores.
Tenemos un nuevo marco legal en materia de agua, con cambios en la Ley General de Aguas y en la Ley de Aguas Nacionales, que entraron en vigor en diciembre de 2025.
Por lo tanto, también tendrá que cambiar la manera en que entendemos, administramos y programamos el recurso.
Y esto nos lleva directamente a los módulos de riego.
El Distrito también tiene que cambiar
El mensaje para los módulos de riego es muy claro:
esto ya cambió.
Y si cambió el entorno, también tienen que cambiar las formas de trabajar.
El reto es enorme
Necesitamos módulos de riego modernos, eficientes, transparentes y capaces de responder a una realidad hidráulica mucho más complicada.
No basta con administrar el agua. Hay que explicar cómo se administra. Hay que transparentar las decisiones. Hay que informar a los usuarios. Hay que establecer programas y fechas. Y hay que evaluar resultados.
El agua tiene que programarse antes de que llegue al campo.
El productor necesita saber hoy qué podrá sembrar mañana.
Y el Distrito necesita saber hoy cómo va a distribuir el agua del próximo ciclo.
No podemos esperar a que llegue el problema para comenzar a discutirlo.
El Acta 334 ya está firmada. La reducción para 2027 y 2028 está establecida.
Ahora corresponde a las autoridades y a los usuarios hacer las cuentas, poner la información sobre la mesa y construir el programa.
Porque si algo hemos aprendido en el Valle de Mexicali es que cuando se planea con tiempo, los problemas pueden enfrentarse.
Pero cuando se deja todo para el último momento, hasta un problema administrable puede convertirse en un caos.
Por eso insisto:
Primero informar.
Segundo, planear.
Tercero, ejecutar.
Ese debe ser el camino, parece lógico, pero en muchos de los casos no lo es.
Hay equipo. hay experiencia, hay productores que conocen perfectamente el campo, hay técnicos y funcionarios que conocen el sistema hidráulico, y hay capacidad para hacerlo.
Ojalá también haya voluntad.
Porque lo que está en juego no es solamente el agua de un ciclo agrícola.
Está en juego la capacidad del Distrito de Riego 014 para adaptarse a una nueva realidad.
Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo, de adecuarnos a las nuevas necesidades y de demostrar que los módulos de riego tienen la capacidad para enfrentar esta nueva realidad.
Porque no quiero ni pensar que, por falta de información, transparencia, coordinación y resultados, lo que hoy se escucha como comentario de café por las mañanas termine convirtiéndose en una demanda de los propios usuarios:
“Disolver todos los módulos de riego y volver a comenzar”.
No creo que ese sea el camino, ni sería deseable llegar a ese extremo.
Pero tampoco podemos ignorar lo que se está escuchando entre los productores.
Los módulos de riego tienen una responsabilidad histórica con sus usuarios y hoy tienen la oportunidad de demostrar que pueden evolucionar, modernizarse y estar a la altura de los nuevos tiempos.
Corregir antes de que otros tengan que corregirnos.
Ese es el verdadero reto.

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