
Por Guadalupe Villalobos Guerrero
La semana pasada publiqué en estas páginas un artículo al que titulé “¿Qué será muy difícil informar?”.
Después de lo ocurrido durante los últimos días, parece que la respuesta es sí: informar bien, oportunamente y con claridad se ha convertido en una tarea verdaderamente difícil.
Y no me refiero únicamente a lo que sucede en el Valle de Mexicali. El problema de la falta de información, de la información incompleta o de aquella que llega cuando el problema ya estalló, está presente prácticamente en todo el sector agropecuario del país.
Pero hoy tenemos un ejemplo muy cercano.
Un espectáculo que no ayuda a los productores
Es francamente deprimente observar cómo quienes se presentan como líderes del sector agropecuario han terminado enfrascados en una disputa que parece tener más características de una lucha personal que de una discusión encaminada a resolver los problemas de los productores.
Si uno convoca a una reunión, el otro también convoca. Y, para mayor sorpresa, el mismo día.
Mientras tanto, los productores observan, escuchan y se preguntan algo mucho más sencillo:
¿Y esto en qué nos beneficia?
Porque las reuniones deberían servir para informar, aclarar dudas, presentar documentos, explicar cifras y, sobre todo, construir soluciones.
Precisamente eso es lo que está faltando.
Y aquí vale la pena hacer una precisión respecto a la representación.
Horacio Gómez Carranza representa al Consejo Estatal de Productores de Trigo de Baja California, organismo que fue elegido por productores del Valle de Mexicali.
Por otro lado, Ricardo Muñoz se ostenta como representante de una asociación civil. Sin embargo, hasta donde públicamente se conoce, no se ha presentado ante los productores una relación clara de los integrantes que conforman dicha organización, cuántos son, ni documentación pública suficiente que permita conocer cómo y cuándo fue electo su presidente.
No se trata de descalificar a nadie
Se trata de algo mucho más sencillo: si alguien afirma representar a los productores, lo mínimo que debe existir es transparencia sobre a quién representa y cómo obtuvo esa representación.
Porque en el campo, la legitimidad no debería otorgarse por volumen de voz, por número de entrevistas o por capacidad de convocatoria.
Debería otorgarse por productores, votos, documentos y resultados.
El problema de los 34 millones de pesos
Pero regresemos al tema que realmente debería ocuparnos.
El Gobierno del Estado, a través de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, anunció que existirían 34 millones de pesos para apoyar con 200 pesos por tonelada a los productores de trigo cristalino.
Sin embargo, el asunto ha sido explicado de manera deficiente.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Baja California debió establecer desde el principio, con absoluta claridad, cuáles eran las reglas, cómo se determinó el apoyo y por qué finalmente se estableció un beneficio de 1,500 pesos por hectárea para los productores de trigo cristalino.
Si esa explicación hubiera llegado oportunamente, probablemente muchas de las dudas actuales no existirían.
¿Habría reuniones? Seguramente.
¿Habría inconformidades? También.
Pero una cosa es inconformarse con una decisión y otra muy diferente es no conocer con claridad cómo se tomó esa decisión.
Y cuando la autoridad no explica, otros terminan explicando por ella.
Ahí comienza el problema.
También hay que explicar las coberturas
Existe otro punto que tampoco parece haber sido explicado con suficiente claridad: el beneficio de las coberturas contratadas.
Se ha hablado de un beneficio de 10 dólares por tonelada.
Pero hay una pregunta fundamental que cualquier productor debería poder contestar:
¿Esos 10 dólares corresponden a cada tonelada que produjo o a cada tonelada contratada bajo el esquema de cobertura?
No es lo mismo.
Y precisamente por eso la autoridad tiene la obligación de explicarlo con números, ejemplos y documentos.
Cuando hablamos de dinero de los productores, no puede haber lugar para interpretaciones.
Los vacíos de información tienen consecuencias
Este no es el único tema pendiente.
Son varios los asuntos en los que tanto las autoridades federales como estatales dejan espacios de duda.
Y como señalamos en el artículo anterior, cuando existe un vacío de información, alguien termina ocupándolo.
Puede hacerlo un dirigente, un grupo, un partido político, un funcionario, un adversario político o simplemente alguien que encuentra en la confusión una oportunidad para obtener ventaja.
Y eso es particularmente peligroso en un sector agropecuario que atraviesa una situación económica complicada.
Por eso la autoridad debería entender que informar no es solamente emitir un comunicado.
Informar es explicar, es publicar reglas, es presentar cifras, es responder preguntas, es decir quiénes son los beneficiarios, es explicar por qué unos reciben determinado apoyo y otros no.
Y, sobre todo, es hacerlo antes de que el productor tenga que salir a protestar para obtener una respuesta.
Mientras tanto, se discute lo que ya no puede cambiarse
Y aquí llegamos a otro punto que me parece todavía más preocupante.
Mientras los productores necesitan respuestas sobre financiamiento, costos de producción, comercialización, apoyos y rentabilidad, algunos dirigentes están concentrando buena parte de su energía en discutir quién tiene mayor representación y quién tiene derecho a convocar.
Incluso se vuelve a discutir sobre decisiones que, nos guste o no, ya fueron tomadas y que difícilmente cambiarán mediante una disputa entre dirigentes.
Mientras tanto, quedaron en segundo plano asuntos en los que sí se pudo haber trabajado con mayor anticipación.
Uno de ellos fue el precio de referencia federal de 5,250 pesos por tonelada de trigo panificable.
Ahí había que discutir, ahí había que analizar, ahí había que anticiparse, ahí había que preguntarle a la autoridad cómo llego a esta cifra, donde supuestamente los productores recibieron de la industria por su trigo.
Porque el verdadero liderazgo no consiste solamente en reaccionar cuando el problema ya está encima.
El verdadero liderazgo consiste en anticiparse al problema.
El campo no necesita mesías
El sector agropecuario mexicano no necesita mesías.
No necesita salvadores.
Mucho menos necesita dirigentes que conviertan las necesidades de los productores en una plataforma para beneficios personales o políticos.
Necesita representantes que sepan sentarse frente a una autoridad y preguntar:
¿Cuánto dinero hay?
¿De dónde salió?
¿Cuántos productores serán beneficiados?
¿Cuáles son las reglas?
Y si la respuesta no es satisfactoria, entonces exigirla.
Pero con argumentos, con documentos, con organización, con unidad y No con pleitos.
Y aquí surge una pregunta incómoda que también debería hacerse la autoridad.
¿Por qué permitir que dos grupos que dicen representar a los productores tengan espacios paralelos, convocatorias simultáneas y discursos enfrentados?
Tal vez la respuesta esté en una vieja frase que sigue teniendo vigencia:
“Divide y vencerás”
Un sector dividido tiene menos capacidad para exigir.
Un sector enfrentado entre sí pierde tiempo.
Un sector preocupado por sus propias disputas internas deja de concentrarse en quien realmente tiene la responsabilidad de tomar las decisiones.
Y mientras los dirigentes discuten, los productores siguen pagando el costo de producir.
Y finalmente enfrentarse a un precio que muchas veces no corresponde con el costo real de producir.
El productor no vive de discursos.
Vive de la rentabilidad de su cosecha.
La autoridad debe informar y los dirigentes deben representar
Por eso, después de observar lo ocurrido, mi conclusión es sencilla.
A las autoridades les corresponde informar de manera clara, completa y oportuna.
A los dirigentes les corresponde representar, organizar y defender los intereses de quienes realmente les dieron esa representación.
Y a los productores les corresponde exigirles a ambos.
Porque tampoco debemos olvidar algo fundamental:
los funcionarios pasan y los dirigentes también pasan. Los productores permanecen.
El campo seguirá produciendo después de que terminen los actuales gobiernos y después de que algunos de los actuales dirigentes hayan dejado sus cargos.
Por eso no podemos permitir que los intereses de los productores queden atrapados entre la burocracia de una autoridad que no explica y la disputa de dirigentes que no logran ponerse de acuerdo.
La pregunta que planteamos la semana pasada sigue vigente:
¿Qué será muy difícil informar?
Después de todo lo ocurrido, parece que sí.
Pero quizá lo verdaderamente difícil no sea informar.
Quizá lo difícil sea informar sin intereses, representar sin protagonismos y trabajar sin buscar el beneficio personal.
Y en estos momentos, eso es precisamente lo que el campo necesita.
Porque al final, los productores no entienden de grillas políticas.
Entienden de números.
Y cuando los números no salen, no hay discurso que alcance para pagar las cuentas.

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