Por Carlos Sánchez *
La sucesión rumbo al 2027 en Nayarit ya comenzó, aunque se disfrace de prudencia institucional. No se juega en encuestas aisladas ni en discursos de unidad, sino en quién resiste el desgaste, las decisiones del poder y las fracturas internas. Hoy, Morena concentra su apuesta femenina en tres mujeres. Y ninguna tiene el camino despejado.
GERALDINE PONCE: LA FAVORITA BAJO PRESIÓN
Geraldine Ponce encabeza la conversación pública. Tiene reconocimiento, estructura y una base electoral real. Pero también carga el costo de gobernar y de hacerlo con un equipo que le resta más de lo que le suma.
El principal desgaste no viene de ella, sino de su jefe de gabinete, Alejandro Galván, convertido en un imán de críticas que terminan impactando la imagen de la alcaldesa. En política, los errores del círculo cercano siempre se cobran en la cima.
Geraldine sigue siendo la rival a vencer, pero ya no es intocable.
ELIZABETH LÓPEZ BLANCO: CONTROL SIN RESPALDO ELECTORAL
Elizabeth López Blanco representa el poder interno. Su ascenso no ha sido electoral, sino administrativo y partidista. Hoy controla amplios espacios del gobierno y la dirigencia de Morena en el estado.
Ese poder le permite influir, pero no garantiza votos. Gobernar estructuras no equivale a ganar elecciones. Elizabeth no ha sido probada en una contienda constitucional de alto nivel, y esa ausencia pesa cuando la sucesión entra en terreno real.
Es una carta útil para el poder, pero vulnerable en las urnas.
JASMIN BUGARÍN: NEGOCIACIÓN NACIONAL, DEBILIDAD LOCAL
Jasmín Bugarín no compite desde Morena, sino desde el Partido Verde. No es su figura más fuerte: es la única. Su apuesta depende de acuerdos nacionales donde enfrenta aspirantes de otros estados con mayor peso político y de una realidad que se repite: al Verde casi nunca le toca más de una candidatura relevante.
A eso se suma otro problema evidente: opera con una estructura abiertamente priista, con operadores conocidos como Roy Gómez y José Gómez. El electorado lo percibe. Y esa contradicción entre discurso y operación le resta credibilidad.
Jasmín existe en la mesa nacional, pero no despega en la percepción local.
EL PROBLEMA REAL: SE ESTÁN NEUTRALIZANDO
Aquí está el fondo del asunto: las tres se estorban. Geraldine se desgasta, Elizabeth no crece y Jasmín depende de factores externos. Morena pierde tiempo y cohesión mientras intenta administrar equilibrios en lugar de construir una candidatura sólida.
Dos de ellas, además, son vistas como cartas directas del gobernador, impulsadas más por control político que por competitividad electoral. Eso profundiza la fractura y debilita la narrativa de unidad.
Morena aún tiene ventaja, pero ya no tiene margen de error. El 2027 no se definirá por quién se mueva primero, sino por quién llegue menos golpeada y con mayor legitimidad interna. Hoy, ninguna puede asumir que la candidatura le pertenece.
P. D. mientras Morena se desgasta en sus propias fracturas, Ivideliza Reyes no improvisa ni corre. Tiene algo que ninguna de las tres aspirantes de Morena puede presumir hoy: campañas ganadas, derrotas procesadas y oficio político. No necesita colocarse en la conversación; le basta con que el oficialismo siga fallando. En política, quienes ya conocen este juego saben que las elecciones no se ganan llegando primero, sino cuando el poder se equivoca.
*Publicado en: diario del pueblo ·

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