Por Mario Alberto Gálvez
Enrique Krauze Kleinbort, mexicano-español, hijo de la corona española, ingeniero industrial que se desvió y se convirtió en escritor, ensayista, editor y crítico político, ocupaciones en las que ha hecho fortuna poco legal y muy ilegal.
Ha recibido todos los reconocimientos, medallas, galardones y premios con los que destacan los oligarcas a sus perros que mejor ladran.
Cuenta ya con 77 años de vida y con muchos libros publicados, entre sus obras se hallan algunas biografías de personajes connotados porque Krauze se destaca como el lambiscón favorito de los potentados.
Entre las más vergonzantes obras de Krauze se encuentra una biografía que escribió para Luis Terrazas, terrateniente, explotador, ladrón de tierras, que presumía que no era de Chihuahua, sino que Chihuahua era suya por la enorme extensión de tierra que arrebató a los dueños originales, pues bueno, el halagador profesional llamado Krauze lo pinto como el gran benefactor de Chihuahua y lo calificó como un héroe anónimo. Por supuesto que la familia Terrazas le pagó generosamente la biografía.
Krauze escribió sobre Porfirio Díaz, de hecho, asesoró en la producción de la telenovela sobre el dictador que mostró Televisa a sus televidentes, en ella se miraba a un señorón estadista, democrático y muy necesario para el México de aquellos años, en el libro sobre Porfirio, Krauze sostuvo que Díaz podía ser acusado de cualquier cosa, menos de ladrón.
¿Cómo olvidar los paseos que Porfirio Díaz y su esposa en turno daban por la avenida de Paseo de la Reforma cuando salían del Castillo de Chapultepec para ir hacia Palacio Nacional, la primera dama en turno aprovechaba para lucir sus preciosos vestidos confeccionados con las más finas sedas, adornadas con hilos de oro y plata enmarcando figuras florales salpicadas de perlas, tal como se lucían en las mejores avenidas parisinas? ¿Y qué podría decirse de las joyas que tocaban su majestuosa cabeza, que pendían de su grácil cuello, los pendientes, los prendedores, las pulseras y los anillos? Cada paseo era una oportunidad para que el pueblo hambriento y miserable, que no tenía la esperanza de tomar alimento ese día, admirara la figura casi celestial de la primera dama, pero la miraban desde lejos porque no se les permitía acercarse, ese privilegio lo tenían solamente los potentados que se deshacían en alabanzas para la magnífica pareja.
¿De dónde obtenía Porfirio Díaz el dinero para vestir a su esposa de esa manera? ¿Y con qué dinero vivió en Francia cuando fue expulsado de México?
Ocupo una de las mansiones en la más lujosa zona parisina, a unas calles del Arco del Triunfo y tuvo hasta su muerte decenas de sirvientes, nunca se supo que pasara apreturas económicas.
Murió en 1915 y se le sepultó en una iglesia llamada Saint Honoré l’Eylau y posteriormente sus restos se trasladaron al cementerio de Monteparnasse.
Antes de morir la pasó viajando por toda Europa y llegó a visitar hasta Egipto, el último año lo pasó atacado por el alzhéimer y apuntaba con un dedo constantemente hacia México.
¿Si no robó, quién pagó todo eso?
Krauze dijo que Salinas, aunque llegó a la presidencia de México con un fraude, se legitimó por su estupendo gobierno.
Cuando Zedillo era presidente dijo que era el perfecto demócrata.
Aplaudió que diera un golpe de estado contra el poder judicial al quitar a 23 ministros, nombrar a once y crear al Consejo de la Judicatura, todos para servir a Zedillo. Esa reforma democrática Zedillo la hizo en 26 días.
Sostuvo que con Zedillo llegó la democracia a México, que es el padre de la democracia y que con él nació la alternancia en el poder (ya sabe usted: seis años el PAN, seis años el PRI, seis años el PAN, seis años el PRI, luego otra vez el PAN y así hasta el infinito).
Krauze dijo que el fraude de Calderón fue un fraude por el bien de México,
Que la guerra de Calderón era un mal necesario.
Que los miles de muertes, los miles de desaparecidos y los daños colaterales serían algún día, terapéuticos.
Luego inició una campaña para que trajeran a México los restos de Porfirio Díaz y escribió que era un héroe incomprendido, que los héroes que se glorificaban en México en realidad fueron unos villanos y que los personajes que pasaban como villanos eran los verdaderos héroes.
Cuando en Jalisco la gente marchó contra Enrique Alfaro por la muerte de Giovanni a manos de la policía porque se negó a usar cubrebocas en tiempos de la pandemia de coronavirus, Krauze lo defendió comparándolo con el jurista Mariano Otero, diputado del Constituyente del México de 1847, defensor de las garantías individuales.
Asistió a la Marea Rosa de Xóchitl Gálvez y calificó la marcha como similar al movimiento estudiantil de 1968.
Después sostuvo que Latinus es el nuevo Proceso y que Carlos Loret de Mola es el nuevo Julio Scherer García.
Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia del país sostuvo que iba a reelegirse, lo afirmó cuando se hizo la consulta para la derogación de mandato, dijo que la consulta era en sí un plebiscito para su reelección.
Escribió sobre Xóchitl Gálvez para decir que era una López Obrador en mujer, pero mejorada, más natural y alegre, porque a ella no la animaba el odio de AMLO, sino la alegría de la mujer indígena que supo superarse gracias a su inteligencia y esfuerzo.
Por la forma abrumadora con la que ganó la presidencia Claudia Sheinbaum, Krauze sostuvo que tanta democracia hace daño, que da pie para que se convierta en la dictadura de las mayorías.
Ahora que Claudio X. González Guajardo convenció a Ernesto Zedillo de que asomara la cabeza desde su madriguera para atacar a Claudia Sheinbaum y viendo que el miserable entreguista fue vapuleado, entonces Krauze muestra una fotografía de Zedillo cuando era estudiante, tiene un libro en las manos y es amenazado por la macana de un policía, años antes Zedillo explicó que esa tarde estaba leyendo un libro en la cafetería en el rumbo de Tlatelolco y que su apariencia de estudiante no le agradó al policía, es decir, nada tuvo que ver con el movimiento estudiantil y menos con la masacre, pero, Krauze lo nombra El Verdadero Hijo del 68.
Para dilucidar un asunto se acostumbra decir que hay que encontrar dónde empieza la mentira y dónde termina para conocer la verdad, sin embargo, con Enrique Krauze eso es imposible, porque cuando se descubre el principio de una de sus mentiras y el final, no puede verse la verdad porque inmediatamente inicia otra mentira.
Enrique Krauze ha pasado por la vida como escritor, como ensayista, como editor y como crítico político, siempre presumió de ser un libre pensador, pero, contemplando su obra, puede decirse que es un escritor sobre pedido y que sus obras son al gusto del cliente.
Lo único que queda claro es que las cosas absurdas que sostiene no son a causa de la senilidad porque mentiroso es desde su juventud.
Gracias a los que comparten esta columna porque rompen el cerco informativo de los chayoteros y logran que la información llegue hasta las consciencias dormidas.

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