Por Guadalupe Villalobos Guerrero
En septiembre de 2018, el desaparecido periodista Salvador García Estrada planteó una pregunta que entonces parecía preocupante y que hoy se ha convertido en una dolorosa realidad: ¿En dónde están los líderes del campo?
La interrogante surgió durante una entrevista realizada en el programa Foro 66, en la que participaron el periodista agropecuario y director del Semanario El Pionero César Villalobos López y el empresario Marco Aurelio Gámez Servín. La respuesta fue inmediata y contundente: «El campo no tiene líderes».
Han transcurrido casi ocho años desde aquella reflexión. Lo lamentable es que no solamente seguimos sin encontrar la respuesta, sino que la ausencia de liderazgo es hoy mucho más evidente y costosa para el Valle de Mexicali.
Durante décadas, nuestro valle fue ejemplo nacional de productividad agrícola. Generaciones de productores construyeron una de las regiones agrícolas más importantes de México gracias al agua del Río Colorado, a una infraestructura moderna para su tiempo y, sobre todo, a organizaciones fuertes encabezadas por dirigentes que entendían que representar al productor significaba defenderlo.
Hoy el escenario es muy diferente
El Valle de Mexicali enfrenta una de las crisis más profundas de su historia. La reducción de superficies sembradas, la falta de financiamiento, la incertidumbre en el suministro de agua, los bajos niveles de rentabilidad, el incremento de costos de producción, la falta de relevo generacional y la disminución constante del número de productores activos han generado un ambiente de desaliento que se percibe en todos los rincones del sector.
Sin embargo, quizás el problema más grave no sea económico ni hidráulico. Quizás el problema más serio sea la pérdida de la capacidad de organización.
Una prueba reciente quedó evidenciada durante la renovación del Consejo Estatal de Productores de Trigo. De acuerdo con cifras difundidas por los propios organismos agrícolas, existen alrededor de dos mil productores vinculados a este cultivo. Sin embargo, únicamente 107 acudieron a emitir su voto.
EL DATO RESULTA ALARMANTE.
No estamos hablando de una elección política cualquiera. Estamos hablando de la organización que, en teoría, debe representar los intereses de los productores de trigo ante gobiernos, instituciones y mercados.
Entonces surge una pregunta obligada:
¿Por qué no participaron?
Las respuestas pueden ser varias.
¿Están los productores tan decepcionados que consideran inútil involucrarse?
¿Consideran que los candidatos propuestos no representan verdaderamente sus intereses?
¿O simplemente dejaron de creer en las organizaciones que dicen representarlos?
La realidad es que cualquier respuesta conduce al mismo diagnóstico: existe una profunda crisis de confianza. Y el problema no se limita al trigo.
En el algodón la situación es todavía más preocupante. El Consejo de Productores ha permanecido durante años sin una presidencia formal que ejerza liderazgo efectivo, sin que ello parezca preocupar demasiado a quienes participan en la actividad.
Lo mismo puede observarse en diversos organismos relacionados con otros cultivos.
La participación disminuye. El interés desaparece. La representación se debilita.
Y LOS PROBLEMAS SE ACUMULAN
En múltiples ocasiones hemos escuchado una frase que resume el sentimiento de muchos agricultores:
«¿Para qué participar, si los que dicen representarnos terminan buscando beneficios personales?»
Puede gustarnos o no esa percepción, pero ignorarla sería un error. Porque cuando una organización pierde la confianza de quienes representa, pierde también su razón de existir.
Lo más preocupante es que esta falta de liderazgo ocurre precisamente cuando más se necesita.
Los retos que enfrenta el Valle de Mexicali son enormes. La renegociación permanente del agua del Río Colorado, la modernización de la infraestructura hidráulica, la tecnificación del riego, la reconversión productiva, el encuentro de financiamiento barato, adecuado y oportuno. la búsqueda de nuevos mercados y la defensa de la actividad agrícola requieren dirigentes preparados, con credibilidad y capacidad de convocatoria.
No se trata de buscar caudillos. Se trata de construir liderazgos legítimos.
Liderazgos que nazcan del respeto de sus compañeros y no de acuerdos de escritorio.
Liderazgos capaces de unir a productores grandes y pequeños.
Liderazgos que privilegien el interés colectivo sobre los beneficios personales.
Cuando Salvador García Estrada escribió aquella columna Prisma en 2018, apenas iniciaba lo que terminaría convirtiéndose en uno de los sexenios más difíciles para el sector agropecuario mexicano.
Hoy conocemos la respuesta a la pregunta que entonces formularon dos periodistas preocupados por el futuro del campo.
¿Qué sucede cuando no existen líderes?
Sucede exactamente lo que estamos viviendo.
Organizaciones debilitadas, productores desmotivados, escasa participación, falta de representación…. Y una crisis que amenaza con acercar al Valle de Mexicali a un punto de colapso económico y social.
La buena noticia es que los liderazgos no aparecen por generación espontánea.
Se construyen.
Pero para ello se requiere recuperar algo que parece haberse perdido: LA CONFIANZA.
Porque mientras los productores sigan convencidos de que participar no sirve para nada, ningún organismo podrá fortalecerse y ningún dirigente podrá convertirse en líder.
Y sin líderes auténticos, el futuro del campo seguirá siendo tan incierto como el presente que hoy enfrentamos.
La pregunta que se hcieron en aquel foro 66, sigue vigente.
Más vigente que nunca.
¿En dónde están los líderes del campo?

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