- Desde el púlpito palaciego, sin rubor alguno la presidente de México dictamina: “no vean TV Azteca”
- En aumento el llamado «acoso judicial» y las confrontaciones con medios de comunicación y voces críticas
- Brecha alarmante y dolorosa entre lo que dicta la ley y la realidad que se vive en las calles y las redacciones
- Organismos internacionales alertan que la libertad de expresión en Mexico enfrenta restricciones severas
MEXICALI. – Como todos los años, el pasado domingo 7 de junio, directivos e integrantes de las asociaciones y grupos de periodistas y comunicadores se reunieron para una guardia de honor en el monumento a Francisco Zarco, para reconocer su valentía y determinación en defensa de la libertad d expresión.
Arturo Galván Álvarez, presidente de la Asociación de Periodistas de Mexicali, A.C., hizo el posicionamiento de las agrupaciones, al igual que Gabriel Gutiérrez, en representación de Periodistas Democráticos.
Galván Álvarez preciso: «La libertad de prensa, lo mismo que todas las libertades, tendrá sus inconvenientes, tendrá sus peligros; pero con todos ellos es preferible a la tranquila placidez del despotismo.» (Reflexión de Francisco Zarco sobre el valor de la crítica frente a la censura)

Como siempre llegamos a esta fecha preguntándonos si existe o no la libertad de expresión, si hay algo que celebrar o es simple rutina.
Legalmente, en México la libertad de expresión existe y está garantizada por los artículos 6 y 7 de la Constitución Mexicana.
El derecho existe en papel, pero su ejercicio está amenazado por la violencia, la impunidad y la estigmatización desde las esferas del poder.
En la práctica es un derecho severamente limitado y de alto riesgo, a tal grado que sitúa a México en uno de uno de los territorios más peligrosos y letales del mundo para ejercer el periodismo, según alertan organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras.
Desde la perspectiva del Gobierno la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum sostiene que existe una libertad de expresión sin censura previa y que se vive en un clima de libertades plenas.
Pero en la realidad, desde el púlpito palaciego, sin rubor alguno la presidente de México dictamina: “no vean TV Azteca”. Al rato la lista se va a ampliar.

Mientras tanto instituciones y organismos internacionales alertan que la libertad de expresión enfrenta restricciones severas en el entorno real, asegurando que en México se mantiene de forma constante como uno de los territorios más mortíferos para periodistas y defensores de derechos humanos, marcados por la impunidad.
Se ha documentado un aumento en el llamado «acoso judicial» y las confrontaciones frontales desde el Estado hacia medios de comunicación y voces críticas, lo que busca estigmatizar la labor informativa.
Sin ir muy lejos aquí en Baja California, aquí en la capital del estado tenemos cercanía con casos concretos en los que periodistas, que, practicando la libertad de expresión, sufren acoso desde las autoridades por haber difundido trabajos de investigación que molestan a funcionarios.
Con esta actitud, el discurso gubernamental rompe con el concepto de que la libertad de expresión es el pilar de cualquier sociedad que pretenda llamarse democrática.
Tal parece que olvidaron o nunca le han dado importancia a la consolidación de esta libertad como derecho humano universal desde la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.
He de recordarles que este principio protege la capacidad de buscar, recibir y difundir información u opiniones sin fronteras por cualquier medio. En nuestro país, este derecho está plenamente consagrado en los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los cuales garantizan el libre acceso a la información, la manifestación de ideas y la inviolabilidad de difundirlas sin censura previa.
Por ello, esta mañana de 7 de junio de 2026, quienes ejercemos el periodismo en Mexicali, nos unimos a denunciar que hoy, existe una brecha alarmante y dolorosa entre lo que dicta la ley y la realidad que se vive en las calles y las redacciones.
Hoy exponemos ante la opinión pública los frentes de asfixia que amenazan nuestra labor periodística: el púlpito palaciego y la estigmatización oficial que desde la «Mañanera del Pueblo» se ha institucionalizado la propaganda de Estado. Lo que debería ser un ejercicio de rendición de cuentas ha mutado en una tribuna de linchamiento con nombre y apellido hacia los comunicadores críticos.
Esta estigmatización cohabita además con la polémica «Ley Censura», cuyo fin es asfixiar las plataformas digitales críticas y restringir el libre ejercicio informativo.
En un país con una masa de más de 110 millones de internautas (con datos actualizados al 17 de mayo de 2026), el debate público en internet se encuentra secuestrado. La conversación digital opera fragmentada y manipulada por granjas de desinformación oficiales que dinamitan el diálogo civilizado.
Datos oficiales y de la organización internacional Artículo 19 demuestran que el saldo de la violencia letal durante el año 2025 es devastador, registrando 451 agresiones contra periodistas (una agresión en promedio cada 19 horas): 7 periodistas asesinados con posible vínculo a su labor. 1 periodista desaparecido. 8 intentos de homicidio documentados. 53 ataques físicos y agresiones directas a reporteros. Zonas de mayor letalidad y riesgo: Ciudad de México, Puebla, Veracruz, Michoacán y Oaxaca.
Esto se está haciendo costumbre y no podemos permitirlo. Hoy estamos celebrando la libertad de expresión, cuando en Veracruz, las autoridades todavía no tienen ni idea de cómo localizar a la periodista Roxana Guzmán secuestrada luego que se atrevió a publicar: “que mal está quedando la policía”.
Ella ejerció su derecho de liberar su expresión, pero corrió los riesgos y no podemos quedarnos cruzados de brazos.
Por ello, desde nuestras trincheras, pero unidos, debemos exigir: proteger la diversidad de opiniones y frenar el uso del aparato estatal para perseguir la crítica.
Exigir seguridad real: Visibilizar los riesgos y demandar que cesen la impunidad y las agresiones físicas y digitales contra el gremio.
Promover la democracia: Recordar firmemente al Estado y a la sociedad que sin prensa libre no hay un estado transparente.
No daremos un paso atrás. Seguiremos buscando, recibiendo y difundiendo la verdad, porque el silencio es el peor enemigo de la justicia.

Más historias
Matices: Libertad de expresión
Trump amenaza al T-MEC, pero la realidad económica apunta a su permanencia
Conservación en la carretera Mexicali-San Felipe