
Por Guadalupe Villalobos Guerrero
El pasado 12 de mayo de 2026, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), a través de la Coordinación General de Producción, Comercialización, Sustentabilidad e Innovación, junto con la Dirección General de Precios, Ordenamiento Comercial y Valor Agregado, emitió un aviso que marca el rumbo inmediato para la comercialización del trigo en México.
Se publicaron las bases de referencia para el trigo harinero (panificable), y se estableció un esquema para el trigo cristalino producido en Sonora y Baja California.
A primera vista, el documento cumple con su objetivo: dar certidumbre comercial. Sin embargo, cuando se lleva al terreno del productor, la historia cambia.
Trigo panificable: certeza comercial, incertidumbre financiera
Tomando como referencia el mercado internacional, el trigo en la Chicago Board of Trade rondaba los 246.55 dólares por tonelada.
Al agregar las bases de 44 dólares, el precio al productor se ubica en 290.55 dólares por tonelada. Convertido al tipo de cambio FIX de 17.1878, estamos hablando de aproximadamente:
$4,993.95 pesos por tonelada
Pero existe un elemento clave: el Precio de Garantía de $7,050 pesos por tonelada.
La diferencia es contundente:
$2,056 pesos por tonelada que el productor tendrá que esperar a recibir por parte del Gobierno Federal.
Y aquí es donde empieza el problema.
No es un tema de monto, es un tema de tiempo.
Los productores de trigo panificable no están cuestionando el esquema… están recordando que los apoyos del ciclo pasado apenas fueron liquidados este año. Es decir, están financiando al sistema.
Hoy, literalmente, están “apretando los dientes”, esperando que el flujo de recursos llegue antes de que sus compromisos financieros los alcancen.
Trigo cristalino: números que apenas cierran… si todo sale bien
Para el trigo cristalino —principal cultivo en el Valle de Mexicali y San Luis Río Colorado— el esquema es distinto, pero igual de delicado.
Se establece un precio de referencia de:
* 285 dólares por tonelada o 15 dólares de la industria (Aportación adicional) o 175 pesos del Gobierno Federal (Mas o menos10 dólares) o 10 dólares estimados del Gobierno Estatal
Resultado esperado:
Más o menos 320 dólares por tonelada
En papel, parece razonable. En campo, apenas alcanza.
Si consideramos:
* Costo por hectárea: $35,000 pesos
* Rendimiento estimado: 6.4 toneladas por hectárea
El punto de equilibrio se ubica en:
318 dólares por tonelada
Es decir, el productor estaría apenas cubriendo costos.
Sin margen. Sin utilidad. Sin colchón.
El problema es que estos cálculos parten de un escenario ideal.
Pero el campo no trabaja con ideales.
Este ciclo ya presenta reportes de afectaciones por altas temperaturas, con reducciones de entre 1 y 1.5 toneladas por hectárea.
Si esto se confirma, el equilibrio desaparece.
Y entonces el productor entra en números rojos.
El esquema completo descansa en tres supuestos:
1. Que los apoyos federales lleguen a tiempo
2. Que los apoyos estatales se mantengan
3. Que los rendimientos no caigan
Si uno falla, el modelo se rompe.
Y en el campo mexicano, normalmente no falla uno… fallan varios.
Ordenar el mercado… ¿para quién?
El aviso de la SADER cierra con una frase que suena técnicamente correcta:
“Se busca asegurar la comercialización de la producción de trigo, para abastecer las necesidades y ordenar los mercados.”
Y sí, el mercado se ordena.
La industria compra a precios que le permiten operar con margen.
El abasto está garantizado.
El sistema funciona… desde la óptica del consumo.
Pero desde la óptica del productor, la historia es otra.
Porque mientras el mercado se ordena, la rentabilidad sigue desordenada.
Lo que hoy tenemos no es un esquema de rentabilidad.
Es un esquema de sobrevivencia.
El productor:
* Depende de apoyos diferidos
* Opera sin margen
* Asume riesgos climáticos
* Y financia, en los hechos, la cadena agroindustrial
En pocas palabras:
La industria gana por diseño…
el productor sobrevive por esperanza.
Y así, una vez más, el mercado se ordena… pero el productor sigue bailando con la más fea.

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