Con apenas el 0.77% del gasto federal, el campo sigue sin apoyos productivos ni financiamiento, pero con discursos que prometen una soberanía que no llega
Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Presupuesto 2026: Un discurso de esperanza… esperando los mismos resultados mediocres
En la Entrega del Paquete Económico 2026 presentado este lunes por la presidenta Claudia Sheinbaum en la justificación de sus iniciativas, expreso lo siguiente:
“Sin un campo vivo y productivo, no hay bienestar posible, por eso, el Gobierno de México ha puesto en marcha una estrategia para transformar las zonas rurales en espacio de justicia social, prosperidad y seguridad alimentaria…”
Todo un discurso que casi hace llorar. Porque apela a la esperanza de millones de familias rurales, al deseo de justicia social y a la necesidad de seguridad alimentaria. Pero, una vez que dejamos a un lado la emoción y analizamos los números, lo que aparece es otra cosa: más de lo mismo.
La narrativa oficial: programas “estratégicos” para el bienestar
Según el documento entregado a la Cámara de Diputados, se propone destinar en 2026 91 mil millones de pesos para programas como Sembrando Vida, Producción para el Bienestar, Precios de Garantía, Fertilizantes del Bienestar y Bienpesca.
La promesa es fortalecer la autosuficiencia productiva, asegurar precios mínimos, distribuir fertilizantes gratuitos, y mejorar las condiciones de bienestar de pequeños productores y pescadores.
Los números lo confirman:
* Producción para el Bienestar: +7%
* Precios de Garantía: +4%
* Sembrando Vida: +2%
* Fertilizantes: +4%
* Pesca: +7%
Un aumento global de apenas 4%, mientras que el Presupuesto de Egresos de la Federación crecerá 8.7%.
El presupuesto directo al campo $75,195 millones de pesos, apenas representa 0.77% del total nacional, una proporción que sigue cayendo sexenio tras sexenio (Fox 2.49%, Calderón 2.26%, Peña Nieto 1.70%, López Obrador 0.85%).
La realidad: el campo productivo sigue sin respaldo
Más allá del discurso, los
resultados hablan por sí solos.
Las importaciones de maíz, trigo, frijol y soya siguen creciendo, lo que demuestra que la supuesta “autosuficiencia” es solo un ideal repetido año tras año en los discursos oficiales.
Y, de acuerdo con el último reporte del INEGI, los estados más beneficiados con estos programas siguen apareciendo entre los más pobres del país.
Mientras tanto, los productores mal llamados “comerciales” quienes aportan el 75% de los granos que consume México y que se concentran en el norte siguen excluidos de los apoyos sustanciales.
No tienen acceso real a financiamiento oportuno y competitivo para sus cosechas, enfrentan altos costos en insumos sin subsidios adecuados, y solo pueden aspirar a Precios de Garantía diseñados para pequeñas superficies, que en regiones de agricultura tecnificada resultan simplemente inviables.
Un modelo que no cambia, y hacemos lo mismo… tendremos los mismos resultados.
El mensaje oficial pretende hacernos creer que con fertilizantes regalados y apoyos asistencialistas es posible detonar el desarrollo rural.
Pero la experiencia de los últimos sexenios demuestra que el asistencialismo sin productividad solo perpetúa la dependencia y la pobreza.
Mientras el país sigue importando granos básicos, el gobierno presume programas que generan poco valor agregado y no logran insertar a los pequeños productores en cadenas de mercado reales y sostenibles.
¿Qué podemos hacer?
Si de verdad queremos un campo vivo, productivo y generador de bienestar, el enfoque debe cambiar:
* Financiamiento accesible y competitivo para productores medianos y grandes, que son quienes sostienen la oferta nacional de alimentos.
* Inversión en infraestructura y tecnificación del riego, especialmente en regiones clave como el noroeste, donde se concentra la producción de granos.
* Políticas de precios y mercados estables, que den certidumbre a la producción y reduzcan la dependencia de importaciones.
* Programas productivos para pequeños agricultores, pero con capacitación, integración a cadenas de valor y acompañamiento técnico real, no solo transferencias en efectivo.
Si no asumimos con honestidad que el campo mexicano está en crisis y que se necesitan soluciones reales más allá de discursos, la llamada soberanía alimentaria seguirá siendo solo un eslogan, mientras el campo se desliza cada día más hacia la pobreza y el abandono.

Más historias
Crece empleo en BC; pero cae manufactura
Continúa bloqueada carretera en Camalú
Abhril Aguirre busca la presidencia del Colegio de Arquitectos