El brote ha encendido las alarmas tras confirmarse a principios de este mes el primer caso en ganado en EU después de más de 40 años de erradicación y la reaparición en América Central y México. Foto: iStock
Por Sonia Domínguez Ramírez
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) pusieron en marcha un proyecto regional para contener el avance del gusano barrenador del ganado en México, Estados Unidos y Centroamérica, una plaga que ha reactivado alertas sanitarias en el continente y que representa un riesgo directo para la producción pecuaria.
El programa se basa en la Técnica del Insecto Estéril (TIE), un método que utiliza radiación para esterilizar a los machos del insecto, que posteriormente son liberados en campo. Al aparearse con hembras silvestres sin producir descendencia, se reduce gradualmente la población de la plaga sin recurrir al uso de pesticidas químicos, lo que lo convierte en un método de control biológico de bajo impacto ambiental.
El proyecto contempla el fortalecimiento de la capacidad regional para producir y liberar insectos estériles, así como la coordinación entre autoridades sanitarias de los países involucrados. La estrategia busca contener el avance del parásito desde su origen y evitar su expansión hacia zonas que habían logrado mantenerse libres durante décadas.
El gusano barrenador (Cochliomyia hominivorax) es una larva que invade tejidos vivos de animales de sangre caliente, provocando lesiones severas, infecciones secundarias y, en casos graves, la muerte del ganado. Su impacto no es solo sanitario, sino también económico, ya que incrementa los costos de producción, afecta el comercio de animales y puede generar restricciones sanitarias internacionales.
La plaga fue erradicada de gran parte de América del Norte tras campañas coordinadas que utilizaron la misma técnica de insectos estériles, lo que convirtió a México en una zona libre desde 1991. Sin embargo, en los últimos años su reaparición en países de Centroamérica ha encendido alertas sanitarias, ante el riesgo de que avance nuevamente hacia el norte del continente a través de la movilidad del ganado y condiciones ambientales favorables.
El resurgimiento del gusano barrenador ha obligado a reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, las inspecciones en puntos fronterizos y la cooperación internacional en materia de sanidad animal. Autoridades de la región han advertido que la dispersión del insecto puede acelerarse en zonas tropicales y de difícil acceso, donde el control sanitario es más complejo.
En este contexto, la FAO y el OIEA han retomado la estrategia de control biotecnológico como herramienta central para enfrentar el brote. La llamada tecnología nuclear aplicada a la agricultura se ha convertido en una alternativa clave para combatir plagas de forma precisa, sin afectar otros organismos y reduciendo el uso de químicos, lo que permite una intervención a gran escala en territorios amplios.
El nuevo proyecto regional busca no solo contener la plaga en el corto plazo, sino evitar que vuelva a convertirse en un problema endémico en América Latina. Para ello, se prevé el fortalecimiento de infraestructura técnica, el intercambio de información epidemiológica y la consolidación de programas conjuntos de liberación de insectos estériles entre los países afectados.
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