Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

Las cifras no cuadran

Por Juan Francisco 

Torres Landa R.

México está en problemas serios en sus finanzas públicas. No hay lógica en lo que está sucediendo para un país tan grande como el nuestro. Pero esto es resultado de que no ha privado el sentido común en lo que ha sucedido con las decisiones económicas del gobierno federal a cargo de Morena desde mediados de 2018 (digo mediados porque Enrique Peña Nieto cedió el poder desde que concluyeron las elecciones y dejó de gobernar el país antes del formal cambio de estafeta; esto explica el por qué se llevó a cabo la cancelación del aeropuerto de Texcoco aún antes del 1 de diciembre de 2018). Analicemos lo que han hecho estos pseudo-gobernantes.

La historia de los dos gobiernos guindas en la parte de dineros se puede explicar como una cadena interminable no solamente de malas decisiones y corrupción rampante, sino de muchas determinaciones con bases ideológicas y no racionales. Así vimos cómo se generó una vocación absoluta por multiplicar programas sociales que implicaron el realizar entregas de dinero en efectivo a amplios sectores de la población a efecto de generar una lealtad electoral artificial. No hubo de origen ni en su desarrollo un real propósito de mejorar las condiciones de la población, porque si así hubiera sido no se hubieran descuidado y dilapidado las calidades en servicios públicos tan importantes como salud, educación, trabajo y justicia. Lo que se hizo fue generar la torcida propuesta de que a base de una serie de entregas de numerario la población podría vérselas por sí misma en lo que el estado ya no haría en cuanto a bienes y servicios públicos se refiere. Se abandonó en los hechos a la gente a su suerte. La realidad ha sido lacerante. Hay muchos estudios muy sólidos que demuestran como los programas sociales no tienen una vocación realmente de abatir índices de pobreza. Destacan muchos artículos publicados por Rogelio Gómez Hermosillo que documentan el carácter clientelar de los programas sociales y la dura realidad, por ejemplo, de que en los deciles más bajos de la escala de pobreza nacional los programas sociales solamente llegan al 30% de los hogares, dejando fuera al 70% de las familias que no ven impacto o mejora alguna. Un engaño brutal. La preocupación surge porque con todas las críticas que pueden hacerse, y que se hicieron por muchos de nosotros a los anteriores gobiernos del PRI y del PAN, lo cierto es que había fondos públicos, programas, fideicomisos y proyectos con reservas reales que se enfocaban a los temas de alta prioridad para el país, como eran las actuaciones en materia de desastres naturales, salud, educación, justicia y medio ambiente. Morena llegó a decimarlos y dejarlos sin presupuesto alguno bajo la estúpida premisa de que se lograrían cambios a base a voluntarismo y narrativa. La demagogia simplemente probó ser una falsedad que fue rebasada por los hechos contundentes que significan el desplome en los servicios públicos. Y no nos debe sorprender este resultado si se dijo públicamente que la selección de los responsables de tareas gubernamentales se haría sobre la base de tener 90% de honestidad y 10% de capacidad. Semejante estupidez en temas evidentemente técnicos, fueron más graves por el hecho de ver que privó la incompetencia y la corrupción en niveles nunca antes vistos. En el colmo de las decisiones financieras tenemos que volver a citar el efecto devastador de los proyectos faraónicos que simplemente hicieron trizas a todo el uso del erario. En una combinación letal se cometieron errores fundamentales. Por un lado, para el diseño, planeación y ejecución de los proyectos jamás se tomaron en cuenta estudios de viabilidad financiera, operativa, económica, ambiental o de sustentabilidad – una irresponsabilidad mayúscula que los desnuda. Por el otro lado, en la ejecución se optó por la absoluta opacidad al asignar directamente las obras, promover a fuerzas armadas como responsables, y reservar bajo criterios de seguridad nacional todo el desempeño. Una receta desastrosa como se le quiera ver, derivando en una indecente rapiña de dinero.

De esta manera se premiaron el uso discrecional de recursos y una corrupción infinita con una alta concentración de contratistas amigos o parientes del gobierno. Finalmente, como las obras no generan ingresos o rentabilidad alguna, han provocado que se hicieron los proyectos acabándose todos los fondos disponibles, con deuda pública adicional, y ahora con la necesidad de enterrar más dinero para que dichos rubros puedan siquiera tener operación. Evidentemente nos referimos a los casos de Dos Bocas, AIFA, Tren Maya, Tren Interoceánico, Mexicana, y otros más. Otro rubro impresionante de vulneración de las finanzas públicas ha sido todo el proceso que se hizo por Morena en los casos de Pemex y CFE. La forma en que se han venido realizando las decisiones son criminales. Se optó por decir que lo que debe privar es una política de rescate nacionalista de su postura dominante en sus respectivos sectores. De esta manera en lugar de respetar la designación de empresas productivas del estado y profundizar la competencia en la generación de electricidad y las actividades de extracción y distribución de hidrocarburos, se optó por regresarlas al modelo de ser empresas paraestatales. Ese cambio provocó que artificialmente se les dieran a Pemex y CFE la posibilidad de incrementar sus ineficiencias y gastos, sin tener que competir con terceros, gozando de cuotas de mercado garantizadas, pudiendo generar pérdidas millonarias con la confianza de recibir subsidios incrementales, y en general actuar como entes ideológicos sin grados de eficiencia alguna. En ese contexto se les han venido haciendo entregas multimillonarias, particularmente a Pemex a quien en el sexenio pasado se le abonaron más de 2 billones de pesos. El hoyo que estas paraestatales generaron al erario federal es simplemente brutal y no se ve cómo resolverlo salvo con gastos incrementales a modelos de negocios totalmente improductivos. Al inicio del gobierno de Morena en 2018 se dijo que actuarían en forma muy responsable en cuanto al balance fiscal y no endeudamiento del país. Aunque algunos años dieron señales de que en efecto cumplirían dichos objetivos, la verdad empezó a aflorar rápidamente. Primero durante la pandemia decidieron suspender el apoyo en salud, y no invertir nada en subsidios a sectores afectados. Luego empezaron a generar un endeudamiento creciente y eventualmente galopante. Preocupados por los resultados adversos de la elección intermedia de 2021, decidieron incrementar radicalmente el gasto electoral y así endeudar al país con tal de comprar a los electores. El efecto neto fue que, de una deuda histórica desde Agustín de Iturbide a Enrique Peña Nieto de 10 billones de pesos, en tan solo poco más de 6 años elevaron la deuda pública a un total de más de 20 billones de pesos. Es decir que duplicaron la deuda pública en tan solo unos cuantos años. Y el problema de la deuda es que hay que darle servicio, y si además te apalancaste en proyectos que no generan recursos, el costo de pago se hace intolerable. La tragedia financiera se cuenta sola. En el colmo de la visión utilitaria del poder y de cero responsabilidades por el cuidado del erario público, en Morena decidieron que con tal de hacerse de recursos adicionales para la operación electoral no deberían detenerse ante nada, ciertamente no por restricciones legales u obligaciones presupuestales. Entonces dentro de Morena se diseñó el ecosistema de corrupción que supone el llamado huachicol fiscal. El esquema es perverso porque asume el que se pueda modificar el régimen de importación de combustibles para dejar de pagar aranceles e impuestos, y luego pasar a venderlo con un margen de utilidad de más del doble del costo. Este esquema fue posible porque fue instrumentado y coordinado desde la Presidencia de la República. No importó que se realizare un robo masivo a las finanzas públicas, ni que se utilizare a varias dependencias federales para llevarlo a cabo. Las cerezas en el pastel constituyeron el uso de fuerzas armadas para gran parte del esquema, y además la convivencia con delincuencia organizada para implementar el proceso. Una vileza total.

Adicionalmente los de Morena han violentado reglas básicas de conducción del gobierno. Una cardinal es que para tener mejor recaudación se debe propiciar que haya inversiones, y así se propicie una mejor recaudación. Pero si en lugar de ello el gobierno se dedica a patear a la clientela a través de medidas que reducen la certeza y certidumbre, entonces el resultado es que el crecimiento económico simplemente no sucede. Esto explica como en más de 7 años el crecimiento del PIB promedia 0%. Por ello están absolutamente reprobados en su capacidad para generar inversiones. Una de las principales preocupaciones sobre un detonante grave de la crisis económica inminente, es que el país pierda el grado de inversión. Y es que, si México sigue destruyendo las bases de confianza económica, comprometiendo así la posibilidad de pago de deudas y la entrega de recursos en una economía funcional, entonces las calificadoras pueden llegar a quitar el grado de inversión, lo que detonaría una salida masiva de recursos del país. Eso acabaría con toda la parafernalia de que saben gobernar y que son diferentes. El teatro se vendría abajo con enormes costos para la nación. De esta manera con este conjunto brutal de omisiones, abusos y delitos es que se puede entender cómo es que en el país estemos en un entorno que se puede catalogar como de una situación de fragilidad absoluta económica. México está en una tablita mínima, en hielo delgado, y con enormes vulnerabilidades. Y si esa realidad no fuera suficiente, el peor de los problemas es que como Morena es incapaz de reconocer errores en su conducción, menos si eso se refiere a lo que hizo su líder mesiánico, entonces no se ve una salida del túnel en que nos encontramos. Es por eso que nos atrevemos a decir que las cifras no cuadran, y que Morena será víctima de sus propios errores porque la población no es tan miope y ni con programas sociales se pueden tapar tantos hoyos. No es posible seguir avanzando sobre esta ruta de devastación. Así ni los cuentos de hadas sobreviven el implacable impacto de la realidad económica. No hay salida a base de palabrerías y Morena no sabe hacer otra cosa. Viene un despertar complicado y más vale que la oposición política esté lista para actuar y rescatar al país del desastre inminente. Estemos listos para democráticamente fijar el nuevo rumbo que el país exige en estas circunstancias. La llegada de nuevos partidos políticos será clave. P.D.1. El arribo de Somos México al escenario nacional promete ser oxígeno puro para el funcionamiento de partidos políticos. No es solamente el que trae en sus reglas la rectoría de la ciudadanía en la toma de sus decisiones, en particular con la selección de candidaturas en elecciones primarias, sino el hecho de que, al refrescar el comportamiento en la competencia electoral, se podrá rescatar al país de la ruta autoritaria y regresiva actual. Me honra ser parte del grupo fundador junto con muchas personas que estamos convencidos de que México merece y puede tener un mejor destino. Solamente falta que el INE confirme lo que es un hecho ya obvio, los requisitos que la legislación electoral fija para su registro ya fue satisfecha. Un factor clave en la vida nacional. P.D. 2. Ciertamente importante que se haya puesto un alto a la impunidad de Nemesio Oceguera. Sin embargo, siguen las dudas de por qué se dejó pasar tanto tiempo para detenerlo, cuántas otras personas siguen delinquiendo sin problema, quien más está en puestos de gobierno y que han permitido el crecimiento de la huella delincuencial, y cuando podremos vivir en un país en que prive la seguridad y la justicia. Mientras todas estas variables no se cumplan no tenemos mucho que celebrar.

Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.