Claudia Sheinbaum no acudió al homenaje a los elementos de la Guardia Nacional caídos tras el operativo contra El Mencho. No hubo presencia, no hubo respaldo público, no hubo respeto institucional. Prioridades, al parecer, hubo otras: pleitos en redes, batallas verbales y el pulido de una reforma electoral que debilita contrapesos. Para honrar a quienes dieron la vida, no alcanzó la agenda. En un país donde el Estado exige sacrificios a sus fuerzas de seguridad, el mínimo es dar la cara. Cuando ni eso ocurre, el mensaje es demoledor: el poder prefiere el ruido político al deber moral. No es omisión menor. Es desprecio simbólico. Y el silencio, esta vez, también fue una decisión. @enriquemunozFM

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