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Agrocultores bajo presión: Advertencia desde EU y espejo para México

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

La Modern Ag Alliance publicó el pasado 4 de febrero de 2026 su primer informe nacional State of the American Farmer, un documento que, por su contenido y conclusiones, debería ser lectura obligada para legisladores, funcionarios y analistas del sector agropecuario en ambos lados de la frontera. No se trata de un panfleto político ni de un ejercicio académico: es una radiografía cruda de la realidad que hoy viven los agricultores de Estados Unidos.

El informe revela una industria bajo una presión económica severa, con una combinación peligrosa de factores: incremento sostenido en los costos de los insumos, caída pronunciada en los precios de los principales commodities, márgenes cada vez más estrechos y una creciente incertidumbre regulatoria. El resultado es contundente: las quiebras de agricultores en Estados Unidos aumentaron aproximadamente un 60% interanual, aun en un país donde el sector agrícola cuenta con apoyos históricos, seguros, subsidios, programas de gestión de riesgos y una política agrícola estructurada.

Los datos son claros. Desde 2022, los precios de las materias primas agrícolas clave han caído hasta un 58%, mientras que los costos de fertilizantes, combustibles, semillas, financiamiento y mano de obra no han dejado de subir. En ese contexto, el agricultor estadounidense promedio está produciendo más con menos margen y asumiendo riesgos cada vez mayores.

La preocupación no es solo financiera. El 60% de los agricultores encuestados considera que, sin un cambio de rumbo, la agricultura podría “dejar de existir tal y como la conocemos”. Apenas la mitad recomendaría hoy esta actividad como carrera a sus hijos. Esto no es menor: cuando el relevo generacional se rompe, el futuro del abasto alimentario se pone en riesgo.

A ello se suma la presión regulatoria. Ocho de cada diez agricultores coinciden en que deberían ser consultados antes de implementar nuevas regulaciones que afectan directamente su operación. La falta de claridad normativa y decisiones alejadas de la realidad del campo están profundizando la incertidumbre y desincentivando la inversión productiva.

El debate sobre las herramientas productivas

Uno de los puntos más sensibles del informe es el acceso a herramientas modernas de protección de cultivos. El 57% de los agricultores anticipa mayores costos de producción si se restringe su uso, y el 39% espera menores rendimientos. Casi tres cuartas partes advierten que nuevas regulaciones agrícolas terminarán elevando los precios de los alimentos para las familias estadounidenses.

Como lo expresó Blake Hurst, agricultor de Missouri, “con el aumento de los costos operativos y el adelgazamiento de los márgenes, los agricultores necesitan alivio”. Y ese alivio, subraya el informe, comienza con políticas públicas prácticas, basadas en ciencia y entendimiento real de la agricultura moderna.

El espejo incómodo para México

Aquí es donde el informe de la Modern Ag Alliance deja de ser una noticia internacional y se convierte en una pregunta incómoda para México.

Si en Estados Unidos —con apoyos directos, seguros catastróficos, financiamiento accesible, investigación agrícola, infraestructura y una Ley Agrícola robusta— las quiebras de agricultores crecen 60% anual, ¿cómo estarán los agricultores mexicanos que enfrentan el abandono gubernamental, la desaparición de programas productivos, el encarecimiento del crédito y una política pública errática?

El productor mexicano no solo enfrenta los mismos choques de precios internacionales y el alza de insumos; además carga con rezagos históricos en infraestructura, tecnificación, acceso al credito, seguridad en el campo y certeza jurídica. A diferencia de su contraparte estadounidense, muchas veces opera sin red de protección, sin seguros efectivos y con apoyos que privilegian el discurso social por encima de la productividad.

Advertencia clara

El informe estadounidense es, en el fondo, una advertencia. Cuando la política pública se desconecta de la realidad productiva, el campo se debilita. Y cuando el campo se debilita, la seguridad alimentaria, el empleo rural y la estabilidad social entran en zona de riesgo.

Si hoy los agricultores de Estados Unidos están bajo presión extrema, el escenario para México —sin una política agropecuaria integral, con recortes, incertidumbre y abandono— es todavía más preocupante. La pregunta no es si habrá consecuencias, sino cuándo y qué tan profundas serán.

Ignorar estas señales sería un error estratégico. El campo no aguanta más discursos: necesita decisiones, rumbo y respaldo real.