Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

Un sacrificio por la victoria del bien

Por José de Jesús Jiménez Vega *

Hay personas cuya vida pende de un hilo deshilachado y flojo, ya sea porque sufren condiciones físicas dolorosas, o porque sus actividades las ponen en constante riesgo. Son muchas las actividades -con más énfasis en ciertas profesiones y oficios- que implican la incertidumbre de si se regresa a casa vivito, coleando o no, o muerto y demacrado, o si simplemente se regresa o no, sobre todo ahora que, a lo largo y ancho del territorio nacional, se cierne el fenómeno ominoso de las desapariciones.

Nomás como ejemplos, policías y criminales, cada quien, con su motivación particular, aventuran su vida, pero en general están conscientes de que en cualquier momento la guadaña los alcanzará. Hay unos que no se complican la existencia, y, gracias a la combinación de sus destrezas, su inteligencia y suerte excepcionales, llegan felizmente a disfrutar una tranquila senectud; pero otros mueren en corto, en las más diversas e inimaginables circunstancias. En realidad, esto aplica a todo ser humano, cuyo sino es abandonar la vida por la especie de la muerte, sin saber cuándo, cómo y dónde: Parafraseando un famoso programa de televisión: Hay mil maneras de morir.

El libro de la Parca es hermético e inescrutable

Hay unos más conscientes que otros de su fragilidad vital; aceptan con sabiduría y resignación que en cualquier momento emprenderán la partida irreversible; y tal condición mental les permite vivir sin más miedo que el normal, muchos hasta con tranquilidad, algunos “protegidos” con falible equipo de seguridad, pero sobre todo con la protección divina por la cual elevan fervorosas rogativas que los revisten de confianza.

Ellos saben -como debemos saberlo todos- que la muerte ha de llegarles cuando les tenga que llegar. Los creyentes más consolidados están siempre preparados, sin faltar los que, con optimismo verdadero, albergan la esperanza de una gozosa vida eterna sobre la base del Divino Sacrificio de la Crucifixión.

Son los que, decididos y atentos a una execrable realidad que depaupera al pueblo (esto es algo feo), luchan por cumplir una elevada misión. Suelen legar ejemplo capaz de inspirar a los ciudadanos responsables y sensibles para construir una mejor sociedad.

Hoy mismo causa sensación mundial un caso lamentable, el asesinato de Carlos Manzo, el temerario y justiciero alcalde de Uruapan, Michoacán, quien masacrado por las balas, optó morir con el puño cerrado, en señal de un digno triunfo personal, capaz de impulsar un positivo cambio popular.

Morir en Día de Muertos, con un mar de velas encendidas iluminando un dorado tapete de flor de cempasúchil, resulta emblemático: un digno espíritu se suma a la legión del otro mundo, que le da la bienvenida.

Un sombrero siempre calado con orgullosa galanura yace junto a los ilustres restos… mientras, alrededor, pulula una turba de ineficientes policías y guardias de la inseguridad… esa inseguridad que se está llevando cada vez más valiosas vidas.

Si los policías ya saben que se están rifando la vida, deberían hacerlo no por el triunfo del mal; en esta violencia revolucionaria, más les valdría sacrificarse por la victoria del bien.

*José de Jesus Jiménez Vega, es un experimentado reportero que durante su vida profesional cubrió la fuente policiaca laborando en el periódico La Voz de la Frontera.