Foto de archivo de un campo de maíz en México. (Roberto Cabrera/iStock/Getty Images)
Por Guadalupe Villalobos Guerrero
Visión Agropecuaria 1120
Fue un 18 de enero de 2019 cuando, en el Domo de la Feria de Zacatecas, el presidente Andrés Manuel López Obrador prometía el regreso de los Precios de Garantía para Granos Básicos.
Su voz retumbaba en el recinto: “Que se produzca en México lo que consumimos, que no dependamos del extranjero.”
Y los asistentes aplaudían como si estuvieran escuchando al gran Tlatoani que haría surgir de las cenizas al campo mexicano.
Se anunciaban 6 mil millones de pesos para beneficiar a más de dos millones de agricultores.
El maíz a 5,610 pesos la tonelada, el trigo a 5,790, el frijol a 14,500, y un nuevo organismo, SEGALMEX, prometía ser el brazo alimentario de la autosuficiencia nacional.
Se habló de justicia social, de rescatar al campo… y de tortillas para toda la nación, una nación que presume con orgullo el lema: “Sin maíz no hay país.”
Pero hoy, seis años después, lo único que se ha hecho realidad es el precio del kilo de tortillas 32 pesos en Mexicali, mientras el kilo de maíz se paga en el campo a 5.20 pesos.
En aquel entonces, el Presidente decía:
“No dependamos del extranjero.”
Sin embargo, la historia decidió otra cosa.
Seguimos importando más del 40% del maíz amarillo, el 70% del trigo panificable, y casi todo el arroz que se cocina en nuestras mesas.
Y eso que ya “éramos autosuficientes”…
En 2025, México importará más maíz que nunca: 25 millones de toneladas, incluyendo un millón de toneladas de maíz blanco transgénico , sí, de ese que juramos que no íbamos a consumir.
Y el trigo… no llegó desde los campos de Baja California, Guanajuato o Sonora; llego de Kansas, Chicago y ahora de Canadá, porque aquel “producir más trigo mexicano” nunca aterrizó más allá del discurso.
Los Precios de Garantía de 2019, igual que en los años siguientes, solo fueron un espejismo en el desierto del Valle de Mexicali, de Sonora, Sinaloa y del Bajío.
Una promesa que se evaporó con el sol de la burocracia, con los retrasos de SEGALMEX, aquel organismo que iba a “cambiar la historia del campo mexicano” pero que terminó en los titulares…
no por sus logros agrícolas, sino por un fraude histórico superior a 15 mil millones de pesos.
Mientras tanto, los productores de todo México siguen esperando su pago justo: más de 3 mil millones de pesos en apoyos atrasados, y discursos llenos de “autosuficiencia alimentaria” que ya suenan hueco.
En aquel artículo de La Razón, fechado en enero de 2019, el Presidente afirmaba que el productor estaba “abandonado a su suerte”.
Y tenía razón.
Lo curioso es que seis años después, muchos productores siguen igual o peor, con un precio de garantía que ya no garantiza nada, porque no cubre ni los costos de producción.
El campo mexicano no necesita espejismos.
Necesita agua, crédito, tecnificación y políticas reales.
Porque el maíz, el trigo, el sorgo y el frijol no se producen con discursos: Se siembran con confianza.
Y esa, hace rato… también se perdió.

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