Por Guadalupe Villalobos Guerrero
Visión Agropecuaria 1120am
En estos días las redes sociales están llenas de imágenes impactantes: aguaceros en Tubutama y la crecida en la presa Mocuzari, lluvias torrenciales y en varios pueblos de Sonora y la crecida del río en Sahuaripa, carros flotando en Saltillo, viviendas inundadas en Chihuahua y torrentes bajando por arroyos a Ríos en Sinaloa. Todo indica que México está viviendo un temporal generoso. Entonces, ¿por qué las presas siguen vacías? ¿Por qué los agricultores aún no tienen agua para riego y los ganaderos siguen sufriendo la sequía?
La respuesta es incómoda pero necesaria: sí ha llovido… pero no donde debe.
Y más aún: no tenemos cómo aprovechar bien la lluvia que sí cae en los lugares correctos.
Las grandes lluvias recientes —en Chihuahua, Coahuila, Sonora, Sinaloa y algunas zonas de Texas— no se están reflejando en los niveles de las presas estratégicas como La Amistad, Falcón, El Novillo o Huites. ¿Por qué?
Primero, porque las lluvias han sido intensas, pero muy localizadas. Caen sobre ciudades, planicies y zonas costeras, pero no necesariamente en las cuencas altas que alimentan a nuestras principales presas. Y si no llueve en la cuenca, el agua no llega. Punto.
Segundo, porque tenemos una grave falta de infraestructura hídrica. En México, el agua de lluvia no se capta, no se conduce y no se almacena adecuadamente. No hay suficientes bordos, represas medianas, canales, o sistemas de infiltración. En muchos casos, aunque llueva con fuerza, el agua simplemente se escurre y se pierde, sin aportar a la producción ni al abasto.
Tercero, y no menos preocupante, es el tema de la desinformación.
Muchos de los videos que circulan en redes sociales, mostrando lluvias “extraordinarias”, son reciclajes de años anteriores, editados o tomados fuera de contexto. Esto crea una percepción falsa de abundancia hídrica que no corresponde con la realidad en el campo. Mientras el algoritmo se llena de clics, los productores del norte siguen viendo cielo nublado… pero presas vacías.
Y finalmente, está el componente político y diplomático: en el caso del Tratado de Aguas de 1944 con Estados Unidos, México arrastra un fuerte déficit en la entrega de agua del Río Bravo. Aunque han caído lluvias importantes en Chihuahua y Coahuila, todavía no hay claridad ni voluntad plena para liberar volúmenes desde presas como El Granero hacia La Amistad, y de ahí al Bravo.
Mientras en México nos quejamos —con razón— por no aprovechar bien el agua, al otro lado del río Bravo, en Texas, varias comunidades han sido arrasadas por inundaciones reales, donde las lluvias no solo hicieron crecer el Rio Guadalupe, sino que también se llevaron vidas, hogares y familias enteras. Sirva este espacio también para expresar nuestra solidaridad con los afectados, y para recordar que el agua, cuando no se maneja con responsabilidad, puede ser tanto bendición como tragedia.
En resumen:
* Sí hay agua, pero no en el lugar ni en el momento en que se necesita.
* Sí llueve, pero no tenemos la infraestructura para aprovecharlo.
* Sí circula información, pero no siempre es veraz ni útil para el campo.
El problema no es la naturaleza. El problema es la falta de planeación, de inversión y de coordinación. Y también de verdad.
Mientras eso no cambie, el campo mexicano seguirá dependiendo no del cielo… sino de la voluntad de quienes deberían actuar con los pies en la tierra.
Guadalupe Villalobos
Conductor de Visión Agropecuaria – 1120 AM MVS Noticias

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