Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

¿Qué debe hacer la oposición para ganar en 2027 en Baja California?

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Una pregunta que ya no hacen los partidos, sino la sociedad

En las calles, en los cafés, en los ejidos, en los valles agrícolas y cada vez más en las filas para buscar empleo, se repite una pregunta que hace algunos años parecía innecesaria:

¿Qué debe hacer la oposición para ganar en 2027 en Baja California?

No es una pregunta ideológica.

No es una pregunta partidista.

Es una pregunta social.

Porque hoy Baja California no vive un momento de efervescencia política; vive un momento de preocupación y cansancio. Cansancio de promesas, de discursos triunfalistas y de una narrativa oficial que no siempre coincide con lo que la gente está viendo y viviendo.

La mayoría de los bajacalifornianos no está pensando en siglas ni en pleitos partidistas. Está pensando en problemas muy concretos:

– Una seguridad que no termina de mejorar,

– Servicios públicos deficientes,

– Trámites lentos y asfixiantes,

– Un sistema de salud que no responde como se prometió,

– El abandono al campo,

y algo que empieza a preocupar de manera seria: la pérdida de empleos y el cierre de empresas.

Hoy la sociedad vuelve a ver escenas que no deberían ser normales en un estado históricamente dinámico: personas madrugando, haciendo largas filas para solicitar trabajo, compitiendo por vacantes cada vez más escasas, mientras pequeñas y medianas empresas bajan la cortina o reducen operaciones.

Eso no es percepción. Es realidad cotidiana.

El abandono al campo no es un tema romántico ni secundario; es un problema económico y social.

Productores agrícolas enfrentan altos costos, falta de financiamiento, ausencia de acompañamiento técnico y una política pública que menciona al campo en el discurso, pero no lo respalda en el presupuesto ni en los hechos.

Cuando el campo se abandona, se pierden empleos rurales, se debilitan cadenas productivas, aumenta la migración y la presión social termina reflejándose en las ciudades. El campo también genera empleo, estabilidad y desarrollo. Ignorarlo tiene consecuencias.

Por eso, cuando la sociedad pregunta qué debe hacer la oposición, en realidad está diciendo:

¿Quién va a generar empleo y no solo discurso?

¿Quién va a evitar que sigan cerrando empresas?

¿Quién entiende que el desarrollo económico no se decreta, se construye?

¿Quién tiene un plan real para el campo, la industria y los servicios?

Baja California quiere volver a verse como un estado de oportunidades, no como un estado donde la gente compite por sobrevivir laboralmente.

La advertencia es clara:

Baja California no quiere regresar al pasado.

No quiere viejas prácticas, viejos vicios ni los mismos personajes reciclados con un nuevo eslogan. La nostalgia política no es opción para un estado exigente, productivo y crítico.

Pero tampoco quiere seguir perdiendo empleos, inversiones y confianza.

Y ahí es donde se abre el verdadero espacio político.

Insultar al votante es un suicidio político, quien insulta al votante de Morena, pierde.

Atacar programas sociales, ridiculizar a quienes los reciben o minimizar la angustia de quienes hoy no encuentran empleo solo fortalece al partido en el poder. La sociedad distingue entre apoyo social y falta de resultados económicos.

La oposición que quiera ser opción debe respetar al votante, entender su contexto y hablarle con seriedad.

La sociedad no pide linchamientos ni gritos.

Pide resultados y claridad.

No quiere acusaciones sin pruebas, pero sí preguntas incómodas:

¿Por qué se están perdiendo empleos?,

¿Por qué se cierran empresas?,

¿Por qué el campo sigue sin ser prioridad real?,

¿Por qué el discurso económico no se refleja en la vida diaria?

La crítica fundamentada pesa más que el escándalo vacío.

La sociedad tampoco está buscando un mesías.

Busca perfiles serios, con experiencia real, con conocimiento del territorio urbano y rural, con capacidad para generar confianza, inversión y empleo. Personas que entiendan que gobernar no es administrar discursos, sino crear condiciones para que la gente trabaje y viva mejor.

En Baja California, hoy la moderación, la capacidad y la claridad pesan más que la estridencia.

El 2027 no se definirá por quién grite más fuerte,

sino por quién sea capaz de corregir el rumbo, reactivar la economía, defender al campo, detener la pérdida de empleos

y devolverle a Baja California la imagen de un estado de oportunidades.

La oposición solo será opción si entiende que no basta con esperar el desgaste del gobierno.

Debe demostrar, con hechos y propuestas serias, que puede hacerlo mejor.

Y esa, hoy por hoy, sigue siendo la gran pregunta que Baja California espera que alguien responda.