Por Lupe Hernández Valdez y Alejandro Sánchez
El Ayuntamiento de San Quintín comenzó 2025 con 440 millones de pesos en presupuesto. Ocho meses después, las cuentas están en rojo, los servicios esenciales colapsan y el municipio se ahoga en deudas. Lo que en enero parecía un año con margen de maniobra, en agosto es un naufragio financiero.
Las áreas más sensibles están paralizadas: patrullas y unidades de Protección Civil sin combustible, Servicios Públicos operando al mínimo y una nómina que amenaza con devorar lo que queda de recursos. Desde Tesorería, las fuentes confirman lo que ya es evidente: si no se realiza un reajuste presupuestal urgente, la crisis se profundizará. La receta que se prepara es mover dinero de partidas con saldo a otras en quiebra, pero eso abre una pregunta inevitable: ¿y los ingresos propios? Predial, comercio ambulante, permisos de alcoholes, ¿infracciones…?
El presupuesto fue diseñado por Geovany Valdez, presentado por la alcaldesa Miriam Cano como un “maestro” en finanzas públicas. El resultado, sin embargo, parece más un manual de cómo provocar una crisis. Entre sus “aciertos” está el incremento desmedido de sueldos a partir de enero de 2025. Funcionarias como Fernanda Reséndiz, Yunniva Figueroa y Laura Mendoza —conocidas como “las vampiras del erario”— pasaron de ganar 22 mil pesos mensuales en 2024 a 52 mil pesos en 2025, incrementos que jamás fueron presupuestados. La alcaldesa justificó estos aumentos como “un ajuste en el tabulador”, pero dicho ajuste parece haber beneficiado únicamente a quienes le colocaron lonas en campaña, porque el resto de los funcionarios siguen cobrando lo mismo que hace cinco años, mientras los cercanos a la presidenta tienen los mejores sueldos del estado.
Y no son las únicas: decenas de funcionarios repitieron el patrón, inflando una nómina que cada día resulta más obesa y difícil de pagar. Peor aún: hay quienes, con sueldos ya de 52 mil pesos, reciben además compensaciones adicionales.
Mientras tanto, las áreas que sí contaban con un presupuesto autorizado para 2025 no han podido ejercer un solo peso. En el papel, el recurso existe; en la práctica, está congelado o redirigido a otras prioridades… casi siempre lejos de beneficiar al ciudadano.
A este derroche se suman los gastos desmedidos en combustible. Vehículos oficiales convertidos en transporte personal, tanques llenos como si San Quintín tuviera su propia refinería y, al mismo tiempo, la creación de institutos, direcciones y coordinaciones que nunca tuvieron presupuesto para operar. El saldo: BP, proveedor de gasolina, cortó el suministro por deudas que superan los cientos de miles de pesos. Las patrullas están detenidas, las refaccionarias acumulan facturas impagas y los proveedores de utilería esperan cobros que no llegarán pronto.
En un acto de cinismo administrativo, el Ayuntamiento lanzó una “promoción” para registrar nuevos proveedores por 500 pesos, cuando el trámite real cuesta alrededor de 4,900. Una jugada que no parece buscar eficiencia, sino reclutar más acreedores a los que luego se les pueda dejar en lista de espera.
Todo esto no es fruto de la inexperiencia: es saqueo con método. Un gabinete armado con compadres y comadres, sin preparación técnica, pero con un instinto voraz para el gasto. Aquí no se gobierna, se ordeña. La ubre presupuestal se exprime en viáticos, facturas y caprichos personales, mientras San Quintín se hunde en basura, baches y promesas incumplidas.
El pueblo de San Quintín, que confió en la “transformación”, quedó reducido a simple espectador del saqueo. Morena cumplió su promesa… pero a su manera: transformó la esperanza en botín y la confianza ciudadana en una estafa con membrete oficial.
Y, como si no fuera suficiente, el pueblo sigue siendo espectador de primera fila del saqueo de sus propios impuestos, viviendo entre la basura porque el camión ya tiene días que no pasa.

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