Por Karla Maldonado
Por más que la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda intentara aderezar la narrativa con aguacate y sonrisas de Instagram, lo de Mexicali ha sido más que una ocurrencia viral.
Fue una protesta que le advirtió, sin rodeos, que el olor en el aire no es el de la aprobación, sino el del descontento quemándose en el carbón encendido.
“Somos la suma de todos los que nos precedieron”, decía Javier Marías. Pero también somos la suma de todo lo que toleramos. Y Baja California, hoy más que nunca, empieza a hacer cuentas.

Quienes somos del Norte, sabemos que aquí no hay mejor símbolo para sellar la fraternidad y la aprobación, que estar en una carne asada.
Es en esos actos, que son rituales sociales con el sabor de lo cotidiano, donde se refrendan pactos, lazos, amistades, y todo lo que formula pequeñas sociedades que comienzan en la familia.
Pero también, y dependiendo de los personajes que se encuentren, se cocina el poder, se curten las lealtades, se delinean acuerdos. Todo entre ese aroma tan particular a tortilla que se va dorando con el calor de las brasas.
Y la gobernadora sabe muy bien del poder de tener el control y el término del corte de carne. A ella le gusta mostrarse cercana, campechana, con taco en mano y frases hechas.
“Con el aguacatito, papá”, decía feliz en la colonia 20 de noviembre en octubre pasado, cuando se preparaba un taco bien surtido frente a los ojos impávidos del taquero de “La Pasadita de la 20”.





Todo era júbilo, salsa, cilantro, rábanos… y hasta agüita de sabor, como el que igualmente vivió el 1 de mayo en esta ciudad, al inaugurar la Feria del Taco, en el CECUT.
Pero tras aquellos ya lejanos días, ahora la pregunta es inevitable: ¿sigue sabiendo igual la carne asada cuando el humo empieza a oler a crisis?
Lo que pasó este fin de semana en Mexicali no fue sólo un picnic con rib-eye, o con chuleta deshuesada comprada en las carnicerías de las colonias, en Su Karme o en charolas de Costco.
Éste fue un acto directo, creativo. Y, por supuesto, incómodo. Porque la gobernadora ha construido una burbuja donde todo debe estar perfectamente maquillado.
Porque en su equipo se sabe, y se comenta en voz baja, que no soporta perder el control de la narrativa. Que se enoja si no hay “filtro” para su imagen. Que detesta ser grabada si no da la autorización.
Pero la calle, gobernadora, no se filtra. Por el contrario, la calle ruge, la calle exige.
Y en pleno Centro Cívico, en la Plaza de los Tres Poderes, cientos o miles de mexicalenses se manifestaron en torno a hieleras con Pau Pau’s, sillas plegables, música norteña y asadores encendidos. ¡Bueno!, hasta un asistente se mostraba muy feliz con su playera de Rammstein. Cuando se imaginaría Till Lindemann que, indirectamente, estaría en medio de un bacanal de carne asada con una protesta de fondo.
Y los presentes pedían tacos, sí, pero también pedían la revocación de mandato.
No gritaban “¡fue el Estado!”, pero cuestionaban abiertamente las presuntas redes de actos ilícitos que salpican a su círculo más íntimo, incluyendo a su esposo, Carlos Torres.
Maquiavelo advertía: “El primer método para estimar la inteligencia de un gobernante es mirar a los hombres que lo rodean”. Y vaya que los reflectores ahora están puestos sobre su entorno.
Los rumores dejaron de ser susurros y ya se pasean por Washington. La cancelación de su visa fue la primera advertencia del gobierno de Trump.
Pero aquí no se trata sólo de vínculos que hasta el momento son presuntos. Se trata de cómo se responde. De la soberbia, de la frivolidad, del desdén. De una gobernadora que, frente al escándalo, en lugar de dar la cara con claridad, intenta apagar el fuego mediático con sonrisas de catálogo.
“No le busquen, no tengo nada que esconder. Doy por cerrado este tema y voy a seguir con la amplia agenda gubernamental” … Palabras más, palabras menos, fue parte de lo expresado al dar a conocer su postura el pasado 12 de mayo, a la que citó a los medios de comunicación, tras detonar el escándalo que hoy la tiene sumida contra las cuerdas, comprometiendo su capital político y el de su esposo y sempiterno aspirante a la alcaldía de Tijuana.
Una de esas frases populares que inundan las redes sociales, y que erróneamente se le ha atribuido a Umberto Eco o Eduardo Galeano, pero que no por no tener autor carece de potencia, es la de: “Cuando los poderosos pierden el sentido del ridículo, los pueblos inventan nuevas formas de rebelión”.
Y eso fue la carne asada masiva, una rebelión con tortillas, una crítica envuelta en harina pura.
Porque, como escribió Albert Camus, “toda forma de rebelión revela una nostalgia de inocencia y una apelación a la esencia del ser”, lo que nos demuestra que incluso los gestos más cotidianos pueden convertirse en gritos de ruptura, cuando lo que está en juego ya no es sólo el orden, sino la dignidad.
Así fue como la ciudadanía de Mexicali habló. No con las marchas de siempre, sino con un evento sui géneris que puso a hervir la indignación en cazuelas de frijoles charros. Una protesta que se viralizó porque tuvo el ingrediente que más teme el poder: autenticidad.
Por supuesto que hay quienes dicen que todo esto fue orquestado, politizado, manipulado. Pero en un país donde la política se permea en la mesa, en el lecho, y hasta en la receta de un caldo de res ¿qué acto no es político?
Hoy, para nadie es un secreto que Marina del Pilar ha buscado construir una imagen de gobernante cercana al pueblo -humilde y sencilla-, pese a marcar la diferencia con el uso de sus diseñadoras predilectas como Veronica Beard o Alice & Olivia, pero parece cada vez más lejana de querer hacer frente a sus problemas.
El asador de la opinión pública ya está encendido. Y lo que está en juego no es su próximo taco.
Así que, es probable que la gobernadora, la próxima vez que huela a carbón, ya no piense en la fiesta.
Pensará en advertencia. Porque en Baja California, ya no se cocina la aceptación. Se está cocinando su futuro político.
Y en las arenas en las que a ella le gusta jugar… en las benditas redes sociales, y en especial en su amado TikTok.

Más historias
Impunidad, principal preocupación de periodistas en México
Funcionario de Marinaemplaca vehículo en Sonora; MAS BARATO QUE EN BC
T-MEC: escuchar todas las voces del campo