Por Jiménez José Jesus
Cuando hablamos de sentirnos a gusto con una gotera en casa, obvio nadie habla de una situación permanente, sino como un paliativo de la divina providencia en una contingencia.
Pues si en una ciudad se va la luz, y no está preparada para enfrentarlo, prácticamente todo se detiene. En un clima caluroso y agobiante, esto es terrible. Si la tormenta que propició los desperfectos en la red eléctrica no cesa, y aquéllos no son reparados, la ausencia de agua se extiende. Y si ya la falta de electricidad había vedado el clima artificial e incluso no se podía encender el más mínimo abanico, ahora la falta de agua agrava la situación. En la noche, en la comodidad de la cama y en circunstancias normales, todos abominaríamos una gotera, aunque sólo dure un rato. Pero si el calor es agobiante, hasta el punto que representa la posibilidad de morir (y muchos han muerto), no queda más remedio que ponerse bajo una gotera, disfrutarla si es posible, y salvar la vida protegiéndose de un golpe de calor. No me imagino que haya alguien en el mundo capaz de no aprovechar la gotera, cuando perentoriamente constituye su única tablita de salvación, sea para no sufrir, o sea para evitar la muerte.
Si usted no ha conocido la bondad de una gotera, porque no la ha necesitado, es usted un privilegiado; pero, obvio, no conoce, no sabe y quizá por esto no alcance a comprender de lo que yo le estoy hablando. Muchos que han sido beneficiados por tener goteras en las circunstancias contingenciales a las que nos hemos referido, se sienten agradecidos con Dios; por lo que, a mi ver, quienes no las han tenido y no las han necesitado –ni gozosas ni molestas–, supongo están mucho más agradecidos. Si usted es uno de ellos, no me queda más que felicitarlo, y lo felicito.

Más historias
CENSURA ENTRE PARES…
SIN ALIANZA Y SIN CAMPO…
Entre Bancos, Empresarios, Políticos, .. y otros temas