Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

Trigo durum: un año de abundancia mundial, pero con la calidad bajo presión

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Por un lado, tenemos una producción mundial extraordinaria y existencias que alcanzan niveles no vistos en ocho años. Por otro, uno de los principales productores y exportadores del mundo, Canadá, enfrenta problemas en su cosecha que están llevando la atención del mercado hacia un factor fundamental para la industria: la calidad del grano.

Las existencias mundiales de trigo durum podrían alcanzar alrededor de 9.9 millones de toneladas, el nivel más alto de los últimos ocho años, mientras la producción mundial se mantiene en niveles elevados. A esto se suma una buena producción en los países del norte de África, tradicionalmente grandes importadores, lo que reducirá sus necesidades de compra.

En otras palabras: no estamos frente a un mercado mundial sin trigo durum.

Estamos frente a algo diferente:

hay trigo, pero el mercado empieza a preocuparse por qué calidad estará disponible.

Canadá: la calidad empieza a mover el mercado

Canadá es el principal exportador mundial de trigo durum y cualquier problema en su cosecha tiene repercusiones internacionales.

El país mantiene una producción importante y suficientes existencias para continuar abasteciendo el mercado. Sin embargo, las intensas lluvias que retrasaron la cosecha en las praderas canadienses han incrementado la incertidumbre sobre la calidad de algunos lotes y, particularmente, sobre la disponibilidad de los grados superiores.

Y aquí está el detalle.

Para producir pasta y sémola no basta con tener toneladas de trigo durum.

La industria necesita determinadas características de proteína, gluten, pigmentación, peso específico, vitreosidad y calidad de molienda.

Por eso, mientras el mercado mundial puede estar bien abastecido en términos de volumen, el trigo de mayor calidad puede adquirir una prima.

El mercado ya lo está reflejando

El 25 de septiembre, el Northern Durum estadounidense para entrega en octubre se ubicaba alrededor de 315 dólares por tonelada FOB Golfo, mientras en Canadá las cotizaciones de los mejores grados también comenzaron a reflejar la preocupación por la calidad.

El norte de África cambia el escenario

Hay otro elemento que debemos considerar.

Los países del norte de África han sido tradicionalmente grandes compradores de trigo durum. Pero este año la historia es diferente.

Argelia y Marruecos han tenido mejores condiciones productivas, por lo que sus necesidades de importación serán menores.

Esto ayuda a explicar una aparente contradicción del mercado: puede haber abundancia de trigo durum a nivel mundial y, al mismo tiempo, aumentar el valor de determinados tipos de calidad.

Por eso, este año será particularmente importante observar no solamente cuánto trigo se produce, sino qué porcentaje cumple con las especificaciones que exige la industria.

¿Y México?

Aquí es donde debemos poner especial atención.

Para el próximo ciclo agrícola 2026-2027, Sonora contempla un programa tentativo de 125 mil hectáreas de trigo, de las cuales 62,500 hectáreas serían de trigo cristalino.

Es una superficie importante, pero debemos recordar que Sonora llegó a sembrar cantidades considerablemente mayores antes de la crisis hidráulica.

En el Valle de Mexicali estamos proyectando alrededor de 22 mil hectáreas de trigo cristalino, mientras que en el Bajío estimamos entre 8,500 y 9 mil hectáreas.

Con rendimientos razonables para cada región, nuestra estimación preliminar coloca la producción nacional alrededor de 631,500 toneladas.

Aclaremos algo: no es una cifra oficial; es una proyección basada en superficie y rendimientos esperados.

Pero es una cifra que debemos poner sobre la mesa.

Porque el SIAP maneja para el ciclo de referencia un consumo humano de aproximadamente 702 mil toneladas de trigo durum.

Si nuestra producción se ubica alrededor de 631,500 toneladas, tendríamos una diferencia aproximada de: 70,500 toneladas.

Y eso significa que, con las superficies proyectadas, México podría necesitar nuevamente recurrir al mercado internacional para abastecer a su industria.

Aquí está la oportunidad para el productor mexicano

Y precisamente aquí creo que debemos cambiar la conversación.

Si la industria mexicana necesita alrededor de 700 mil toneladas y nuestra producción pudiera quedarse por debajo de esa cantidad, tenemos una oportunidad extraordinaria para que productores e industria se sienten a trabajar juntos.

No después de la cosecha. Antes de la siembra.

El productor del Valle de Mexicali necesita saber desde ahora cuánto le van a pagar, quién le va a comprar, qué calidad requiere la industria y cómo financiará la siembra.

Si la industria sabe que eventualmente tendrá que importar trigo durum a precios internacionales cercanos a los 315 dólares por tonelada FOB en EUA, habría que preguntarnos si tiene sentido esperar hasta la cosecha para establecer el precio.

Porque traer trigo desde Estados Unidos o Canadá significa agregar al precio internacional flete, ferrocarril o transporte por camión, manejo, almacenamiento, seguros y demás costos hasta colocarlo en México.

Por eso, la discusión no debería ser solamente:

“¿Cuánto queremos pagarle al productor?”

La pregunta debería ser:

¿Cuánto nos cuesta realmente sustituir al productor mexicano?

Estamos entrando a octubre

Si la industria mexicana realmente quiere garantizar el suministro de trigo cristalino para 2027, este es el momento de acercarse al productor del Valle de Mexicali.

Un contrato de producción celebrado desde octubre, con un precio atractivo y condiciones claras, permitiría al agricultor conseguir financiamiento y disponer oportunamente de los recursos.

Y hay un aspecto que no debemos olvidar: la calidad comienza desde la siembra.

La fertilización adecuada es fundamental para obtener los niveles de proteína que requiere la industria.

No podemos pedirle al productor en junio una calidad determinada si en noviembre no le dimos las condiciones económicas para realizar correctamente la fertilización y las demás labores del cultivo.

Si queremos calidad, tenemos que financiar la calidad.

Si queremos volumen, tenemos que hacer rentable el volumen.

Y si queremos que el productor mexicano siga sembrando durum, tenemos que darle certidumbre.

Aquí quiero dejar una pregunta sobre la mesa.

Durante años, el productor del Valle de Mexicali ha recibido referencias de precios que en muchos casos han estado por debajo de los 300 dólares por tonelada.

La pregunta para este ciclo es sencilla:

¿Será este el año en que la industria reconozca el valor estratégico del trigo cristalino mexicano?

Porque las circunstancias están cambiando.

Canadá tiene una enorme producción, pero enfrenta incertidumbre en la calidad de una parte de su cosecha.

Estados Unidos redujo su superficie de durum y también enfrenta afectaciones productivas.

El norte de África tendrá menos necesidad de importar.

Y México podría producir menos trigo cristalino del que necesita su propia industria.

Eso debería llevarnos a una reflexión.

Productor e industria: necesitamos sentarse a la mesa

No estoy planteando que la industria tenga que pagar cualquier precio.

Tampoco que el productor deba recibir un precio desconectado del mercado internacional.

Estoy planteando algo mucho más sencillo:

hay que hacer las cuentas completas.

¿Cuánto cuesta importar?

¿Cuánto cuesta transportar?

¿Cuánto cuesta garantizar calidad?

¿Cuánto cuesta depender de un proveedor extranjero?

Y finalmente:

¿Cuánto vale tener un productor mexicano que pueda entregar trigo durum de calidad, aquí mismo, en el Valle de Mexicali?

El mercado mundial tiene trigo. Las existencias son elevadas.

Pero la calidad empieza a convertirse en el elemento diferenciador.

Y México tiene productores que saben producirla.

Lo que necesitamos es que tengan las condiciones para hacerlo.

Por eso considero que octubre puede ser un mes clave.

La industria todavía está a tiempo de acercarse a los productores del Valle de Mexicali, establecer contratos, ofrecer un precio que haga rentable la siembra y garantizar el financiamiento necesario para que el cultivo pueda recibir desde el principio los insumos que necesita.

Porque si no lo hacemos, la alternativa será importar.

Y entonces el precio ya no lo estaremos negociando entre productores e industria mexicana.

Lo estaremos pagando al mercado internacional.

El trigo durum está entrando en un año especial.

Tenemos una producción mundial elevada.

Tenemos inventarios cercanos a 9.9 millones de toneladas, el nivel más alto en ocho años.

Tenemos buenas cosechas en el norte de África.

Pero tenemos también incertidumbre sobre la calidad canadiense y un mercado que comienza a prestar mayor atención al grano que cumple con las especificaciones de la industria.

México, mientras tanto, necesita producir más.

Y aquí tenemos una oportunidad.

Industria y productores pueden esperar a que el problema llegue, o pueden anticiparse.

Porque si México necesita trigo durum, tenemos que empezar por apoyar al productor mexicano que puede producirlo.

Y aquí quiero cerrar con una expresión beisbolera que viene muy bien para este momento:

¿Será este el año en que la industria le tire a las curvas y se comprometa con el productor?

Porque de seguir esperando la pelota fácil, como decimos en el argot beisbolero:

“Nomás batearlas cuando vienen despacio y al centro.”

La pelota ya viene.

Ahora hay que decidir si la vamos a batear.