Por David Marcial Pérez/Elpais
En las escaleras de la plaza de Xalapa llegó a haber un letrero con el nombre de Regina Martínez. Era un homenaje a la reportera, asesinada en el baño de su casa en 2012. El letrero apenas duró un par de días, pero la lista de periodistas asesinados ha seguido creciendo. Son 34 muertes desde el año 2000 en Veracruz. Da igual el color del gobierno o los cambios en el mapa criminal del Estado jarocho. Veracruz es una trampa mortal para los periodistas locales, precarios y abandonados por las instituciones o, incluso, en su punto de mira.
* El último caso ha sido el de Roxana Guzmán, fundadora de Pulso Informativo del Sureste, una página de Facebook que gestionaba desde Nanchital, donde vivía con sus padres, sus dos hijos, su hermano y sus sobrinos, repartidos en dos casas y un patio. Sus restos fueron encontrados la semana pasada Nanchital, al sur del Estado, pero llevaba secuestrada desde el 2 de junio. Antes de confirmarse su muerte, la gobernadora morenista, Rocío Nahle, trató de desmarcar la labor informativa de la investigación: “Las agresiones no son por su trabajo periodístico. Aquí en mi Gobierno hay absoluta libertad de expresión”.
*Es un patrón repetido en este tipo de casos, las autoridades buscan el menor hueco para intentar separar el móvil del crimen de la función de periodistas. En el caso de Regina Martínez, que marcó un antes y un después en el país más homicida del mundo para la prensa, el entonces gobierno priista de Javier Duarte, condenado hoy por corrupción, intentó manchar su nombre. Las informaciones de Martínez, una veterana corresponsal de Proceso, apuntaban a las corruptelas y los vínculos con el crimen organizado de los dos últimos gobernadores priistas. En un juicio plagado de irregularidades, quedó plasmada la tesis del robo como motivación del asesinato.
*En el caso de Guzmán, la familia tenía un negocio de mariscos, otro de botanitas y un último, más reciente, de micheladas. Recibían pedidos por teléfono y los repartían por su localidad, de apenas 30.000 habitantes. En el Pulso Informativo, la página de Facebook de la que era fundadora, se colaban también publicaciones de las promociones de su negocio. Convivían los anuncios de acontecimientos médicos y deportivos, con las noticias de accidentes de tráfico, de manifestaciones, y también de ejecuciones y desapariciones en una zona tomada por el crimen organizado.
*El video de su secuestro, grabado por la propia Guzmán, es una pista de que el móvil no parece ser un cliente del negocio familiar al que le había sentado mal el marisco. Un grupo de hombres con pasamontañas rompe los cristales de la puerta, apunta con armas largas y entra a la fuerza. Por ahora, la Fiscalía estatal ha detenido a ocho personas: cuatro presuntos integrantes de una célula delictiva que opera en el sur de Veracruz y cuatro policías municipales de Ixhuatlán del Sureste, la localidad vecina a Nanchital.
*El primero en caer fue José del Carmen, apodado como el Delta 7. Fue reconocido por la madre de Roxana, Rubicelia Ramírez, como uno de los hombres que entró a la vivienda a llevarse a la periodista. Era un “objetivo prioritario” de la Fiscalía de Veracruz y quien pone los ojos en el brutal video que grabó la familia de Roxana de cuando llegaron a llevársela. A partir de él llegaron hasta Javier Iván, alias Delta 1, y Luis Arturo N, conocido como Delta 11. Los tres participaron en el secuestro.
*La Fiscalía estatal acusa a los dos agentes y un comandante de la policía municipal de “proporcionar recursos, alimentos y apoyo logístico en las operaciones del grupo delictivo”. Esa información concuerda con lo que la madre de Guzmán relató a este periódico, sobre que los cuatro hombres que secuestraron a su hija iban vestidos como policías y que incluso, cuando ella les preguntó que a dónde la llevaban, ellos respondieron que “a la comandancia”.

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