Por Rosa Chávez Cárdenas
Las emociones destructivas son las que dañan a los demás y a nosotros mismos. Pero ¿qué significa dañino? Existen grados y formas en lo que alguna acción puede parecer nociva, pero termina revelando que no lo es. ¿Es posible liberarse de las emociones destructivas que afectan al bienestar mental? Es la pregunta que se han hecho en oriente y occidente en: la Biblia, Platón y Aristóteles y también han ocupado un lugar central en el budismo. Las acciones no son buenas o malas en si mismas, el bien y el mal solo existen en función de la felicidad y el sufrimiento que nuestros pensamientos y acciones nos causan a nosotros mismos o a los demás.
La emoción es una reacción en respuesta a un estímulo, es un fenómeno psicológico y fisiológico que se manifiesta en la conducta, la percepción y la conciencia. La bondad y la virtud conllevarían a la felicidad y al bienestar mental. Como occidentales valoramos positivamente el respeto hacia uno mismo, la autoestima, el amor propio y la autorrealización, el amor, incluso el amor romántico y la amistad. En oriente valoran lo colectivo.
Los científicos comparten los correlatos cerebrales que acompañan a una emoción como la ira y el miedo. Consideramos a la ira y al miedo como buenos o malos, sin embargo, tienen que ver con la filosofía, es decir realizamos un juicio de valor. Los occidentales abordamos el tema de las emociones desde una perspectiva darwiniana, consideramos a las emociones como un legado de las especies ancestrales de homínidos (familia de primates que incluye a los humanos, orangutanes, gorilas, chimpancés sin cola) que precedieron al Homosapiens. De acuerdo con la teoría evolutiva de Darwin tenemos rasgos humanos universales que forman parte del equipamiento del ser humano. Como la reacción al miedo de manera instintiva: correr o pelear.
¿Qué es lo que convierte a alguien en una buena persona? Somos egoístas racionales, buscamos nuestro propio beneficio, pero entendemos que por ser amable con los demás, se nos dan las cosas de manera más fácil. Son muchos los que creen que las cosas sólo van bien por ser inteligentes, pero el bien ser depende del modo en que tratemos a los demás. Uno de los preceptos del budismo es ser compasivo. La compasión es necesaria para la supervivencia, afirman en el budismo. Las teorías dicen que solo podemos ser amables y compasivos cuando tenemos satisfechas las necesidades básicas. En caso de escasez de recursos (alimento, ropa, etc.) la compasión se desvanece para dejar paso al individualismo. El respeto hacia uno mismo es esencial para la existencia humana, así como el respeto a los demás.
Las emociones se pueden diferenciar: las constructivas de las destructivas, atendiendo a la motivación que las inspira y sus consecuencias cómo: egoísmo, altruismo, mal intencionada y si es compasiva. En el caso del odio y el amor; el odio es el deseo de dañar, destruir algo que les pertenece a los demás. La emoción opuesta es el antídoto del deseo de hacer daño, como es el amor altruista.
Los estados mentales Constructivos, son: el respeto a uno mismo, la Autoestima (merecida), la sensación de integridad, la compasión, la benevolencia, la generosidad, la verdad, la bondad, la justicia, el amor y la amistad.
Los estados mentales Destructivos como: la baja autoestima, el exceso de confianza, el resentimiento, los celos, la envidia, la falta de compasión y la incapacidad de mantener relaciones interpersonales cercanas.
Muchas personas tienen una autoestima desproporcionada y se consideran integras, cuando en realidad no lo son; el sentimiento de autoestima solo es constructivo cuando es merecido. Cuando calificamos de negativa a una emoción, no debemos rechazarla, es negativa en el sentido de que afecta la felicidad, el bienestar y en la distorsión de la realidad. Es posible sentir odio, rechazo, coraje a uno mismo, una forma de orgullo por la alguna causa, sentir frustración por no estar a la altura, por un error, por dejarse engañar con una inversión en la que se perdió mucho dinero, por la culpa de manejar alcoholizado y atropellar a una persona, por tolerar el maltrato en una relación, por no tener la fuerza de voluntad para poner freno a una adicción. Incluso por sufrir abuso sexual de niña y no haberse defendido. Entre muchas más.
Cuando más cultivemos, la amabilidad, la compasión, y el altruismo se conviertan en un estilo de vida y desaparece el deseo opuesto de infligir algún tipo de daño. Con la aclaración que cuando nos vemos en peligro por un asalto a mano armada, cuando la vida de un hijo, un familiar está en peligro no tenemos idea de como vamos a reaccionar, con parálisis, incluso podemos herir a otra persona en defensa de la vida.
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Integral del Dolor y Dra. Rosa Chávez
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