Investigadores detectan fuerte caída en poblaciones ganaderas en Europa, Norteamérica y Australia: hasta un 37% menos en algunas regiones. Imagen: cmfotoworks – Depositphotos.
- El ganado en pastoreo cayó 12% desde 1999 en regiones que antes concentraban casi la mitad del total mundial.
- La reducción ocurre sobre todo en Europa, Norteamérica y Australia; el mayor descenso es en Europa del Este (37%).
- En contraste, el ganado aumenta 40% en África Central, Asia Central y Sudamérica.
- La riqueza regional influye: en zonas ricas se produce más carne por animal, reduciendo la necesidad de grandes rebaños.
- Menos ganado puede aumentar incendios, cambiar la biodiversidad y alterar el agua y el carbono capturado.
- Se exploran alternativas como rewilding o introducir otros herbívoros, pero falta investigación
Durante décadas, la narrativa dominante en ecología terrestre ha sido clara: demasiados animales, demasiada presión sobre los pastos. Vacas, ovejas, cabras y búfalos aparecían como los principales responsables de la degradación de suelos y la pérdida de biodiversidad en praderas y sabanas de todo el mundo.
Ese diagnóstico sigue siendo válido en muchos territorios. Pero ya no explica el conjunto del sistema. Investigaciones recientes lideradas por Arizona State University muestran que, en grandes zonas del planeta, el problema no es el exceso de ganado. Es justo lo contrario: el número de animales está cayendo. A este fenómeno se le llama destocking.
El matiz importa. Porque los herbívoros no solo producen alimentos: modelan el paisaje, regulan la vegetación, influyen en el ciclo del carbono, en la dinámica del agua y en el equilibrio entre especies. Saber dónde el ganado desaparece —y dónde aumenta— permite tomar decisiones más inteligentes sobre el uso del territorio.
Qué implica realmente el destocking para la tierra
Reducir animales no equivale automáticamente a restaurar ecosistemas. El estudio deja algo claro: menos ganado no es una solución automática.
En ausencia de pastoreo, algunos sistemas cambian con rapidez. La vegetación puede crecer sin control, acumular biomasa seca y elevar el riesgo de incendios, especialmente en regiones con veranos cada vez más extremos. En otros casos, ciertas especies vegetales dominantes se expanden y desplazan a otras más frágiles.
La biodiversidad no responde igual en todas partes. Hay ecosistemas que se enriquecen con la retirada del ganado. Otros, sorprendentemente, se empobrecen.
Como señala Osvaldo Sala, uno de los autores del trabajo, casi la mitad de la producción ganadera mundial se da hoy en regiones que han experimentado destocking en los últimos 25 años. No es un fenómeno marginal.
La clave está en la gestión. No abandonar, no intensificar sin criterio. Acompañar los procesos.

Dónde baja y dónde sube el número de animales
El análisis se basa en datos de la FAO entre 1999 y 2023, centrados en ganado bovino, ovino, caprino y búfalos.
Los resultados rompen la idea de una tendencia global uniforme. Regiones que concentraban el 42 % del ganado mundial han visto una reducción aproximada del 12 % en 25 años.
El descenso es especialmente acusado en Europa del Este, con caídas cercanas al 37 %, pero también aparece en amplias zonas de Europa occidental, Norteamérica, Australia y partes de África y Asia.
En paralelo, otras regiones avanzan en sentido contrario. África central, Asia central y Sudamérica han registrado incrementos cercanos al 40 % desde finales de los años noventa. Dos dinámicas opuestas conviviendo en el mismo planeta.
Qué factores explican estos cambios
Para entender el patrón, el equipo trabajó junto a José Anadón, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología. El análisis descartó explicaciones simples.Ni el comercio internacional ni el aumento de temperaturas encajan bien con la distribución espacial del destocking. El clima influye, sí, pero no explica por qué unas regiones reducen ganado mientras otras lo multiplican.
La variable decisiva es económica y tecnológica. En los territorios más ricos, la producción de carne se ha vuelto más intensiva y eficiente. Sistemas estabulados, alimentación basada en piensos, genética seleccionada, automatización. Resultado: hasta un 72 % más de carne por animal que en regiones con modelos extensivos tradicionales.
En zonas menos desarrolladas, el ganado sigue siendo una herramienta de subsistencia diaria. Más bocas humanas implican más animales, no más eficiencia.
Cómo afecta el destocking al planeta
El pastoreo ocupa casi una cuarta parte de la superficie terrestre. No hay actividad humana con mayor huella espacial. Cualquier cambio en este sistema tiene efectos globales.
La retirada de animales puede favorecer la captura de carbono gracias a un mayor crecimiento vegetal. Eso es una oportunidad real para la mitigación climática, sobre todo en pastizales bien gestionados.
Pero también aparecen riesgos: incendios más intensos, pérdida de mosaicos de hábitats, cambios en la infiltración del agua y en la escorrentía. Menos pastoreo no garantiza más agua disponible río abajo. Todo depende del lugar, del suelo, del clima, de la vegetación.
El mensaje de fondo es incómodo pero necesario: no existen soluciones universales.
Caminos posibles para la gestión del territorio
En algunos paisajes, el rewilding —la restauración de procesos naturales— puede funcionar. En otros, introducir herbívoros distintos, como bisontes o cabras, permite recuperar funciones ecológicas sin volver a modelos ganaderos intensivos.
La ciencia aún necesita más datos, más experimentos a largo plazo, más seguimiento. Pero hay algo claro: centrarse solo en el sobrepastoreo ha limitado el avance. El destocking abre nuevos márgenes de maniobra para la conservación, el clima y las economías rurales.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Un destocking bien planificado puede reducir la presión sobre suelos frágiles, mejorar la estructura del suelo, aumentar la retención de carbono y favorecer paisajes más resilientes frente a sequías y olas de calor.
Mal gestionado, puede generar el efecto contrario: incendios más destructivos, pérdida de diversidad funcional y abandono rural. El impacto no depende del número de animales, sino de cómo se integra su ausencia en el sistema.

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