Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

El sombrero no es disfraz

Por Guadalupe Villalobos Guerrero

Visión Agropecuaria 1120am

En el campo mexicano, hay símbolos que no se compran ni se improvisan. Se heredan. Se viven. Se sudan.

Uno de ellos es el sombrero vaquero.

Para muchos podrá parecer un simple accesorio. Para quienes crecimos viendo a nuestros mayores trabajar la tierra, el sombrero es otra cosa: es protección, es identidad y es respeto. Como bien decían los viejos: el sombrero se respeta.Sin embargo, en los últimos años hemos visto cómo ese símbolo ha sido reducido a utilería política.

Cada 27 de enero, durante la conmemoración del asalto a las tierras, aparecen personajes que nunca han pisado un surco, pero que ese día llegan enfundados en botas recién estrenadas y sombreros impecables. Lo mismo ocurre en eventos como AGROBAJA, donde no faltan los visitantes de ocasión que, más que entender al campo, buscan fotografiarse con él.

Y ni qué decir en tiempos electorales.

Ahí es donde el fenómeno se vuelve más evidente —y más preocupante—. Candidatos que durante años fueron ajenos al sector agropecuario, o peor aún, que impulsaron decisiones que lo afectaron, de pronto aparecen “convertidos” en hombres y mujeres de campo. Sombrero puesto, camisa a cuadros… y, en algunos casos, hasta tenis, rompiendo incluso la mínima coherencia de aquello que intentan representar.

No es un tema de moda. Es un tema de fondo.

Porque el problema no es que usen sombrero. El problema es cuando lo usan como disfraz.

El campo mexicano no necesita actores. Necesita representantes.

No necesita simulación. Necesita conocimiento y compromiso.

El productor, el ganadero, el agricultor, saben distinguir. Saben quién ha estado en las buenas y en las malas, quién entiende los ciclos, los riesgos, la incertidumbre del agua, de los precios, del clima. Y también saben identificar al que llega solo en temporada electoral, con discurso aprendido y vestimenta prestada.

Aquí es donde cabe una reflexión más profunda:

¿En qué momento la política decidió sustituir la autenticidad por la escenografía?

Porque ponerse un sombrero no convierte a nadie en hombre de campo, así como quitarse las botas no borra la falta de resultados.

Hoy vemos con claridad un fenómeno que debería preocuparnos:

políticos que han sido parte de decisiones que debilitaron al sector agropecuario, ahora intentan reconciliarse con él… no con acciones, sino con imagen.

Y el campo no se conquista con imagen.

Se conquista con resultados.

Se construye con políticas públicas coherentes, con apoyo real a la producción, con inversión en infraestructura hídrica, con certidumbre para quienes trabajan la tierra. No con fotografías ni con atuendos de ocasión.

El sombrero vaquero no es el problema.

El problema es lo que simboliza cuando se usa sin merecerlo.

Porque al final del día, el respeto no está en la prenda…

está en la congruencia.

Y esa, esa no se puede fingir.