En Código
La rotación de mandos militares, la saturación de vialidades por retenes y la discrecionalidad policial en Los Mochis revelan una estrategia de seguridad fragmentada. Estos hechos evidencian que el despliegue de fuerza estatal enfrenta el reto de equilibrar la efectividad operativa con el respeto al orden civil y legal.
El Ejército se está moviendo . El reciente desplazamiento de efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional en la capital sinaloense, caracterizado por convoyes en transición, coincide cronológicamente con ajustes estratégicos en la estructura de mando federal. La designación del general Guillermo Briseño Lobera al frente de la Guardia Nacional y del almirante Guadalupe Bernal en la Cuarta Región Naval establece un nuevo paradigma administrativo en un momento de alta sensibilidad operativa. Estos movimientos, sumados a las detenciones de objetivos prioritarios en municipios como Mocorito, sugieren una reconfiguración de la presencia federal ante las presiones internas y externas que exigen resultados contundentes en el combate a la delincuencia. El contexto institucional se percibe en proceso de ajuste, donde el impacto ciudadano se traduce en una expectativa de pacificación que aún no se consolida plenamente.
¿Sirven o no sirve? En Mazatlán, la implementación de puntos de revisión vehicular ha generado un debate sobre la funcionalidad de estas medidas. Si bien el objetivo institucional es la prevención del delito, el impacto ciudadano inmediato es la parálisis de la movilidad urbana. La necesidad pública radica en transitar hacia modelos de inteligencia que no castiguen la vida cotidiana del civil. Los operativos, aunque constantes, no han logrado inhibir la incidencia delictiva de manera definitiva, evidenciando un vacío en la eficacia de las tácticas de control territorial estático que requieren ser revisadas bajo criterios de modernización tecnológica.
¿Y a los policías quién les pone un alto? Finalmente, en Los Mochis se observa una preocupante erosión de la legitimidad policial. El reporte de unidades oficiales que ignoran las normativas de tránsito básicas mientras ejercen vigilancia punitiva sobre la ciudadanía crea una percepción de impunidad. El contexto institucional aquí revela una falla en la supervisión interna y en la formación cívica de los elementos. El impacto ciudadano es la desconfianza hacia la autoridad, lo que genera un vacío de legalidad que debe corregirse mediante una aplicación estricta de la ley para todos los actores.
Coherencia. La convergencia de estos fenómenos subraya la urgencia de una reforma que trascienda el patrullaje reactivo. La seguridad pública en Sinaloa requiere coherencia entre el mando superior y la conducta en calle para recuperar la credibilidad.

Más historias
Entre Bancos, Empresarios, Políticos, .. y otros temas
Lo extraordinario de lo cotidiano…
Epístola…