“Me caí de la nube de algodón”
Por Orfalinda Hinojosa Elizalde
En 1971, en plena efervescencia entre del rock, pop y soul en la música, entre la cultura popular se escuchó la letra sencilla de “Me caí de la nube”, escrita por Cornelio Reyna, cantautor coahuilense que interpreta con voz triste y desgarrada letras dedicadas lo mismo al desamor que al amor, de manera muy sentida que invitan a la convivencia.
“Me caí de la nube” narra la desilusión que un enamorado hombre sufre al caer de “veinte mil metros de altura”, hecho que por poquito le provoca la muerte. De igual manera, en los mismos años en que se escuchó en las radiodifusoras mexicanas este himno al sufrimiento y flagelación, los algodoneros comenzaron a vivir el declive motivado por cuestiones sanitarias y la aparición de fibras sintéticas que hicieron a un lado la producción de algodón, es decir, provocado por “la maldad” que se describe en la canción, así los agricultores iniciaron el tortuoso camino de decidir dejar de sembrar poco a poco las tierras, mismo que resultó a lo que hoy en 2026 se vive, en donde el avance de la cosecha del ciclo primavera- verano 2025, registra la pizca de 4 mil hectáreas de las 6 mil que dieron fruto, de acuerdo con información de SADER Federal en la entidad.
Acompañado de la guitarra que duele al escucharla, así como la voz inundada de tristeza de Cornelio Reyna al narrar el sufrimiento de la caída que provocó esa “ingrata perjura” que en la cara lo engañó, encontró el consuelo en una “linda y hermosa criatura”.
Al igual que los algodoneros, que asidos a la esperanza de un mejor ciclo que vendrá el próximo año, hay quienes todavía insisten en depositar la semilla para esperar la germinación, la aplicación de los riegos a tiempo, así como la fertilización para defoliar, esperar que no llueva y poder pizcar en tiempo y obtener la mejor calidad de la fibra para lograr por paca el mejor precio por quintal, sin embargo, quienes en el Valle de Mexicali se dedican a esta arriesgada actividad, año con año, se dan cuenta que no es así.
De acuerdo con el reporte sobre de la producción de algodón para este 2026 emitido el pasado 17 de diciembre por la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos (USDA por las siglas en inglés), este año se espera que, en México, disminuya en un 50%, es decir 550 mil pacas, lo que representa una disminución en la superficie sembrada a aproximadamente 70 mil 400 hectáreas.
En dicho documento USDA explica que los agricultores de los Estados productores de algodón, es decir, Chihuahua, Baja California y Coahuila, ya piensan más de dos veces la superficie a sembrar, ya que los bajos precios internacionales y los altos costos de los insumos, que promedian un 30% por encima de años anteriores, así como la persistente sequía y el acceso limitado a variedades mejoradas de semillas, son determinantes para arriesgarse en el próximo ciclo agrícola.
Los motivos de los que informa el documento publicado por USDA, los algodoneros del Valle de Mexicali y seguramente de las entidades productoras del país, ya han dado cuenta a las dependencias encargadas del ramo, sin embargo, poco o nada se ha resuelto. ¿El motivo?, simple y llanamente falta de interés de la parte oficial y de organización de los productores, porque, algunos han dejado la actividad del “oro blanco” para buscar opciones productivas más rentables y otros, solo dejaron de sembrar.
Quienes aún insisten y persisten, buscan el apoyo de la gobernadora del Estado, Marina del Pilar Ávila Olmeda, para que, igual como reza la canción interpretada por la voz lastimosa de Cornelio Reyna, “los tape con su lindo vestido” y los apoye con un subsidio de por lo menos 7 mil pesos por hectárea, así se lo solicitaron a la titular del Ejecutivo bajacaliforniano a través de un oficio, en donde explicaron que el motivo se debe a las recientes lluvias intensas registradas durante noviembre y diciembre pasados que afectaron la calidad de la fibra, debido a que muchas de las plantas ya estaban defoliadas, además de los descuentos de intermediación de los compradores que oscilan entre los 2.50 a los 4.50 dólares por quintal, lo que es lo mismo; entre 12.50 y 22.50 dólares por paca.
Otro de los motivos que enlistaron en el documento, fue la falta de apoyos y subsidios por parte del Gobierno Federal, los altos costos de producción, que representan alrededor de 48 mil 900 pesos por hectárea, de acuerdo con información de FIRA.
“Me caí de la nube”; un canto de dolor, de sufrimiento y resignación en busca del anhelado consuelo puede repetirse innumerables veces, solo es de esperar que los algodoneros no hagan lo que el atribulado hombre pensaba hacer: “tirarse a matar de verdad y olvidar a esa ingrata perjura”.

Más historias
#FotoNota
Sembradas 11 mil 849 hectáreas con trigo en el Valle de Mexicali
A dónde van a dar las aportaciones forzadas y los recursos de comité