
Por Dianeth Pérez Arreola
La crítica a la intervención de Estados Unidos en Venezuela es una parte imprescindible sobre el debate actual tras la captura de Nicolás Maduro. Si, es cierto que Estados Unidos no respeta la política de no intervención que tienen muchos países, entre ellos México. Sí, también es cierto que el vecino país no se mete en ningún país que no tenga algo que quiera, y en este caso el petróleo es el argumento de fondo a cambio de impulsar el regreso de la democracia a ese país, que ha quedado maltrecho tras una feroz dosis de socialismo desde el último año del siglo pasado.
Casi 27 años donde la seguridad, la libertad de expresión, la economía y la democracia de los venezolanos se vio disminuida.
Sin embargo, cuando esta crítica por la política intervencionista proviene de personas que viven en sociedades capitalistas consolidadas e incluso de países latinoamericanos con economías de mercado estables, es difícil no pensar en la ironía y la hipocresía de quien critica sin haber vivido -casi tampoco sin poder imaginar qué significan- tres décadas de decadencia.
Hablaba hoy con dos personas de Venezuela que conocí tras los primeros cinco años del Chavismo, y en ese corto lapso ya había logrado algo que me pareció increíble en ese entonces (hasta que llegó López Obrador al poder): dividir familias. Contaban que había personas que habían roto vínculos familiares y de amistad, al quedar divididos entre Chavistas y Anti-chavistas. La política solo tenía dos extremos y nadie estaba dispuesto a llegar a un punto medio. Algo así como los Chairos y los Fifís; posturas extremas donde uno no ve los defectos de la propia posición personal, solo los del contrario.
Comentaban que la tensa calma que están viviendo ahora mismo, es mucho mejor que saberse gobernados por un patán como Maduro, y que no entienden la defensa férrea que los críticos fuera de Venezuela hacen del petróleo nacional, cuando a ellos les da lo mismo quién se quede con él, porque llevan casi tres décadas regalándolo a China, Cuba, Irán y Rusia.
Saben que falta que salgan del país -o sean sacados- los integrantes del resto del gabinete de Maduro para que de verdad puedan considerarse libres de ese mal; que hasta la última célula de cáncer sea extirpada estarán seguros que están sanos y salvos, y eso incluye la liberación de los presos políticos.
Por otra parte, que los actos “liberadores” de la política exterior estadounidense justificada por motivos de “democracia” o “seguridad nacional”, pero fundada en intereses económicos y geopolíticos, no es un secreto.
El propio México está forzado a actuar contra criminales y políticos para quienes no existen antecedentes penales en este lado de la frontera, pero sí en territorio estadounidense. La gente está tan harta de las extorsiones, las desapariciones, la corrupción, la inseguridad, que justifica las acciones del vecino país, forzar detenciones, extradiciones, congelamientos de cuentas, porque es obvio que si se dejan a iniciativa propia, el gobierno mexicano no hará nada.
Elegir el menor entre dos males, es una respuesta natural innata y vital para la supervivencia.

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