Semanario El Pionero

Expresión de Mexicali y su Valle

Siguen discutiendo en México y España por las disculpas que no llegan

Por José Antonio Aspiros Villagómez

A la memoria de mi tío 

Rafael Villagómez González, en su XL aniversario luctuoso (22-IV-1921 / 27-XII-1985)

La respuesta de España al reclamo del ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador al rey Felipe VI, de disculpas a los pueblos originarios de Mesoamérica por el saqueo y la imposición durante la Conquista hace medio milenio, nunca llegó de manera directa, pero sí fue fijada años después una posición a través de Carmen Iglesias, presidenta de la Real Academia de la Historia, y más recientemente por funcionarios del gobierno hispano, lo que generó disgusto, ataques y reclamos de la derecha peninsular.

Se recordará que, en marzo de 2019, el entonces presidente pidió al monarca que se disculpara por esos agravios, e insistió en ello al año siguiente cuando nuevamente reclamó “que haya de parte del Gobierno español, de la monarquía, un cambio de actitud y que con humildad se ofrezca una disculpa, un perdón”.

La autoridad española consideró al respecto que “la llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas”, y eso produjo un desencuentro que rayó en la descortesía diplomática cuando en 2024 Felipe VI no fue invitado a la ceremonia de cambio de poderes en México.

En su discurso de toma de posesión el 1 de octubre de ese año, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que “la grandeza cultural de México reside en las grandes civilizaciones que vivían en esta tierra siglos antes que invadieran los españoles”. Con ese párrafo borró todas las glorias posteriores a la Conquista, que podría significarse en figuras como Juana de Asbaje en tiempos de la Colonia, y los grandes escritores, intelectuales, músicos y artistas plásticos, y aún los artesanos surgidos de esos pueblos originarios durante los siglos XIX y XX, y hasta la fecha. Inclusive, parte del desarrollo cultural de México se debe a la sabiduría que aportaron los republicanos españoles cuando llegaron acá a causa de la Guerra Civil.

Sin referirme en estas líneas -por razones de espacio- a los muy discutidos episodios ocurridos desde la llegada de Hernán Cortés en 1519, hasta la declaración de Independencia en 1821, sí es preciso recordar que España demoró 15 años en aceptar mediante un tratado “de paz y amistad” la soberanía de la que fue su posesión durante tres siglos, y que ambas naciones intercambiaron enviados especiales a las fiestas de los centenarios de la Constitución de Cádiz y del inicio y la consumación de la Independencia mexicana.

Aparte de que, en 1912, se instituyó en México el Día de la Raza cada 12 de octubre “como homenaje a España” (según la Enciclopedia de México) hasta que en 2020 fue retirada del Paseo de la Reforma la estatua de Cristóbal Colón, y López Obrador dijo al respecto que “aquí (ya) no conmemoramos la fecha; en España, si”.

México sostuvo relaciones con la República Española, incluso en el exilio, hasta que las rompió tras la muerte del dictador Francisco Franco, y todo iba bien, incluso con la asistencia del rey Felipe VI al cambio de poderes en 2018, pero al año siguiente se le pidió que se disculpara con los pueblos originarios y para ello fue enviada a Madrid la esposa del presidente.

A principios de octubre de 2024 tuvo lugar en España el Encuentro de Academias Hispanoamericanas de Historia, que aprovechó el rey para expresar (¿con destinatario en México?) que la relación de los países involucrados “es tan honda, que nos permite, incluso, hablar con franqueza de nuestras posibles discrepancias -inevitables, por lo demás, en tantos siglos de historia compartida- pero siempre desde el respeto basado en la amistad”.

Y correspondió a la presidenta de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias, ser más clara cuando llamó “falacias políticas” al “reconocimiento de culpas” solicitado, y agregó que las Indias nunca fueron colonias (como otros les llamamos). Los reclamos de perdones colectivos, “rara vez están libres de algún tipo de venganza”, sostuvo.

ARROGANCIA

Una visión razonada desde su contexto la aportó el historiador español y estudioso de estos temas, Antonio Espino López, cuando al ser entrevistado en 2022 por el corresponsal de La Jornada, Armando G. Tejeda, prefirió llamar “invasión” a la que para otros fue la Conquista de las Indias, durante el “expansionismo imperialista de la Corona de Castilla”. (www.jornada.com.mx/2022/02/13/cultura/a02n1cul).

Aceptó que “por imperativo militar” hubo no sólo en México sino en los demás países invadidos en el Nuevo Mundo, “crueldad, terror calculado, violencia extrema (…) masacres, a veces de poblaciones enteras; hubo matanzas, ejecuciones y represalias mediante el uso de tortura, quema de ciudades, destrucción de templos; se esclavizaba a buena parte de los derrotados como botín de guerra, se reclamaban mujeres con fines sexuales…”.

Pero, a su juicio, los iberos no se disculpan ahora porque, al imperar todavía en España una mentalidad franquista, piensan “que atacar el (‘glorioso’) pasado español, es un gesto (inadecuado), un insulto, una aberración”, porque, como para ellos “el imperialismo hispano sólo aportó elementos positivos, y al parecer ninguno negativo, pues está fuera de lugar que desde Latinoamérica se nos planteen requerimientos al respecto”.

 En opinión de Espino López, ese es el pensamiento imperante en la que hace varias generaciones llamábamos ‘madre patria’; así se piensa “en el imaginario histórico de la sociedad española”, cuya extrema derecha “habla de la hispanidad como el mayor hecho de la historia tras la romanización” y de esa manera “es imposible que tales gestas, que están en la médula espinal del nacionalismo español, que forman parte del ADN de la nación española, puedan ser mancilladas con cualquier crítica, por muy bien fundamentada que esté”. Incluso, explicó Espino, los españoles que no son de derecha “también se pueden llegar a sentir agredidos cuando se cuestiona la faceta americana de la historia de España”.

El tema volvió a ser abordado por la presidenta Sheinbaum el 2 de marzo de 2025 durante un “funeral de Estado” en el 500° aniversario del asesinato de Cuauhtémoc ordenado por Cortés durante una expedición a las Hibueras (26-II-1525), cuando dijo que “todavía es tiempo” de que España pida “perdón”, y reiteró que había sido “una ofensa” a México, que España no respondiera la solicitud de López Obrador.

Y se volvió chisme doloso y hasta ocioso, cuando el periódico derechista español ABC publicó en agosto siguiente la versión falsa de que la esposa y el hijo menor del ex presidente se irían a residir en un sitio elegante de Madrid. Antes de que la académica Beatriz Gutiérrez Müller -a la que ABC califica en su encabezado como “azote de España”- desmintiera la “noticia”, los criticones de oficio ya habían externado sus sátiras e ironías, porque ella había ido precisamente a España enviada por su cónyuge, a pedirle disculpas al rey.

Disculpas que, si bien no llegarán de manera oficial, hubo otro coqueteo sobre el tema cuando, a finales de octubre, con motivo de la inauguración de cuatro exposiciones sobre arte precolombino en Madrid, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dijo: “La historia compartida entre México y España, como toda historia humana, tiene claroscuros. Ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios. Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo. Esa es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla”.

A causa de estas opiniones, el portavoz del gobierno de Madrid pidió la renuncia del funcionario, mientras que en México se festinó con un “enhorabuena” de la presidenta Claudia Sheinbaum. Y cuando el tema fue llevado al Congreso español de los Diputados en noviembre, legisladores de derecha criticaron tanto a la mandataria mexicana como al ministro ibero de Cultura, Ernest Urtasun, quien había dicho al inaugurar una de las exposiciones mencionadas, que “no debemos tener miedo a las palabras que nos unen y nos aproximan: palabras como diálogo, perdón, encuentro o fraternidad”.

Y mientras el debate ya va para siete años de iniciado y no se le ve fin, los restos de Cuauhtémoc, auténticos o no, siguen siendo motivo de veneración en el sitio donde los encontró la antropóloga Eulalia Guzmán en un antiguo templo de Ixcateopan, estado de Guerrero, en tanto que los de Hernán Cortés permanecen olvidados en la iglesia contigua al Hospital de Jesús -fundado por él-, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Y la relación México-España sigue “pausada”.

*Una versión corta de este texto, aquí actualizado, fue aportada a principios del año para el libro Voces, territorios y memorias, que al parecer publicó la Academia Nacional de Historia y Geografía con motivo de su centenario (1925-2025).