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Sheinbaum y el golpe que viene: la radicalización interna

Redacción Debate

A lo largo de 2025, Carlos Ramírez desarrolló una línea de análisis centrada en la vulnerabilidad institucional frente a lo que denomina “el golpe interno”. La Redacción destaca que, tras la consolidación del poder legislativo y judicial por parte de Morena, el foco del análisis se desplazó hacia las fracturas dentro del propio movimiento oficialista. La tesis central es que la Presidenta Sheinbaum se enfrenta a un proceso de radicalización impulsado por las tribus más extremas del partido, las cuales buscan una ruptura definitiva con cualquier vestigio de la democracia liberal para instaurar un modelo de “centralismo democrático” sin contrapesos.

El concepto del “golpe que viene” no se refiere a un movimiento militar, sino a un desplazamiento del poder desde la Presidencia hacia una estructura cupular partidista que responde directamente a la agenda del ex presidente. Ramírez documentó cómo, durante 2025, se gestaron iniciativas de ley que buscan reducir aún más los márgenes de maniobra de la administración pública federal, sometiendo las decisiones técnicas a la aprobación de comités políticos. Para el autor, esto representa una amenaza directa a la gobernabilidad, ya que la Presidenta podría quedar reducida a una figura ejecutiva sin capacidad de veto frente a las exigencias de su propia base de apoyo. La síntesis anual muestra que el 2025 fue el año de la “domesticación de la investidura”, donde la autonomía presidencial fue sacrificada en aras de la unidad del movimiento.

La Redacción subraya que esta radicalización interna tiene un impacto directo en la política económica. Ramírez analizó cómo las presiones de los sectores más duros de Morena forzaron la cancelación de proyectos de asociación público-privada y la profundización de la estatización en el sector energético, a pesar de las señales de alarma de los organismos internacionales. El análisis sugiere que la Presidenta está atrapada en una paradoja: para mantener el control del partido, debe ceder ante demandas que debilitan la viabilidad financiera del país. Este “golpe” silencioso se manifiesta en la pérdida de perfiles técnicos en el gabinete, sustituidos por cuadros cuya única credencial es la lealtad ideológica, lo que ha generado una parálisis en la implementación de políticas públicas eficaces durante el segundo semestre de 2025.

Al concluir el año, Ramírez advierte que el 2026 será el escenario de la batalla final por el control de la narrativa. Si la Presidenta no logra sacudirse la tutela de los sectores radicales, su gobierno quedará marcado como una etapa de transición hacia un régimen autoritario de partido único. La síntesis editorial concluye que el riesgo no viene de una oposición externa debilitada, sino de la propia dinámica devoradora de un movimiento que no admite la moderación. El “golpe” es la erosión constante de la autoridad presidencial por parte de quienes, en nombre de la transformación, están destruyendo la capacidad del Estado para funcionar como un ente imparcial y eficiente. El 2025 cierra con una advertencia clara: el poder absoluto está terminando por asfixiar a quien lo ostenta.