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La milenaria ruta de la seda en su versión moderna: “la franja y la ruta”

La milenaria ruta de la seda en su versión moderna: “la franja y la ruta”

Por María Antonieta Flores Astorga

FUJIAN, CHINA. – Si quieres prosperar, primero abre un camino, establece un viejo adagio de la cultura china. Su significado ha tomado forma de manera rigurosa y constante en el desarrollo de la iniciativa “La Franja y la Ruta”, que el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, echara a andar después de la celebración del XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista en noviembre de 2012, en la cual pretenden integrar no solamente a Europa y Asia como fue originalmente la Ruta de la Seda, sino también a América Latina y El Caribe, con su gran potencial económico.

Si bien el intercambio con los países latinoamericanos y del Caribe era muy limitado dada la política de Estados Unidos que convirtió a Taiwán en su punta de lanza en la región para bloquear la presencia de la República Popular China, hoy la realidad es otra a partir de la visión del Presidente Xi de expandir a todos los países del mundo ese espíritu de intercambio, en un marco de respeto mutuo, como parte del proceso del desarrollo de los pueblos.

La antigua Ruta de la Seda, tiene pues hoy una moderna versión, y es un referente comercial extraordinario. Fue en la provincia de Fujian, el punto de partida de la Ruta de la Seda marítima. Los barcos mercantes salían justamente de los puertos de Quanzhou, Fuzhou, Xiamen, cruzando el Mar del Sur, de China, el Océano Indico, transportando la seda china, el té, su famosa cerámica, hacia el sudeste de Asia, África y Europa, desde donde traían marfil, perfumes, algodón. Por ello es que este punto, con todos sus puertos, ha jugado un papel muy importante en diferentes períodos de la historia china. El espíritu que mantenía esa Ruta fue de paz, cooperación, apertura, tolerancia mutua, todo en beneficio de “ganar ganar”. Desde la dinastía Ming, el té fue introducido en Europa, y se convirtió en su más grande exportador, al igual que la cerámica, por lo cual también se le conoce como “the road of ceramics”.

El núcleo central del comercio marítimo de la seda del siglo XXI, donde se busca la cooperación para seguir avanzando, está aquí en la región de Fujian, un paraíso de la costa china. Aquí se encuentra Xiamen con su “zona piloto de libre comercio”, cuyo lanzamiento de formalizó en el año 2013, con una superficie de 43.78 kilómetros cuadrados y hasta la fecha ha crecido tanto su actividad que ya se incorporaron 36 mil empresas, con más de 550 mil millones de yuanes, de capital declarado. De esas empresas solamente dos mil son extranjeras. Su pujante desarrollo la ha colocado en la clasificación mundial, del puesto 61 del principio de su fundación, al puesto 38 que ocupa en la actualidad. Es el primero en su tipo en China, mejorando su logística de los contenedores. El próximo 8 de septiembre celebrará la Feria Internacional de inversiones comerciales, que promueve la inversión internacional en dos vías, “bringing and going out”, traer y llevar. Prosperidad, felicidad y un brillante futuro, dicen de su vecina isla de Taiwan, con la que mantienen un “prospero cruce de estrechos”.

Xiamen tiene como objetivos, la innovación, el mejoramiento de los intercambios comerciales y establecer relaciones. Cuenta con transporte terrestre, marítimo y aéreo, conectando a todas las redes de comunicación. Y ahí, lo que la hace única es que han simplificado sus trámites, pues con uno solamente cumplen los requisitos. Los servicios aduanales, todo es electrónico, no se usa el papel, gracias a las reformas administrativas que han mejorado el servicio, cancelando trámites de aprobación y bajando las tarifas aduanales, como ocurrió en 2017 que redujeron del 10 al 1 por ciento, en aparatos aéreos. Cuentan con una zona de arrendamiento de aviones y de equipos médicos, entre otros avances.

En Xiamen conectan la Ruta de la Seda marítima con la de tierra, a través de vía de ferrocarril hacia Europa, con más de 200 viajes. Trenes que llegan directamente a los barcos y descargan sus mercancías. Originalmente fue establecido para conectarse con Taiwan, importante bastión de comercio entre los dos países, con una plataforma de importación y exportación. Hasta ahí llega el 30 por ciento de las cervezas importadas, es el sexto lugar en la importación de vinos, cada una de tres cervezas entran por este puerto. Por aquí ellos importan el tequila mexicano y la cerveza Corona.

Es pues uno de los cuatro centros de embarque a nivel internacional y uno de los cuatro puertos pilotos para cruce de transporte. Y por si fuera poco aquí se encuentra la Universidad de Xiamen, justo frente al mar, por algo consideran que es el campus universitario más hermoso de China —enormes áreas verdes y montañas a la vista—, ahí estudian y viven 40 mil estudiantes.

Y es que los chinos mantienen los ojos abiertos al resto del mundo, y afirman que eso enriquece su cultura, porque están aprendiendo de Occidente. Sus baluartes son la ciencia y la tecnología, y es que es una región llena de héroes y talentos, con una fuerte herencia cultural, un paisaje único y las diversas ventajas geográficas que le da su envidiable ubicación. Se cuenta que tiene “un rey que construyó Fujian”, Wang Shenzhui, en el año 909 AC, promoviendo el desarrollo político, económico. Y el de las artes y las letras. Y es que desde la dinastía Tang, la educación era lo más importante.

El puerto de Quanzhou fue el primero comercial de Oriente, comparable en importancia con el de Alejandría, en Egipto. Tiene una larga historia, ya que desde el siglo XIII era considerado, como hasta hoy, uno de los puertos más importantes en comercio exterior, con intercambios de más de cien países, en materia de textiles, zapatos, petroquímica, maquinaria, alimentos como te, plátano y arroz, que lo sitúa líder económico a nivel nacional. El sector químico y la alta tecnología, se han convertido en modelo de desarrollo en innovación.

Se trata de un lugar histórico y cosmopolita, ya que desde siempre se han establecido ahí comunidades completas, una ciudad con una variedad de religiones, de nacionalidades y de culturas. Como la musulmana, y una muestra de ello, es la famosa mezquita de Qinging, la más antigua de China, construida en el año 400 del calendario islámico. Aquí se encuentra la famosa pagoda de Liusheng, que fue una señal muy importante de navegación para los barcos que entraban y salían de la Bahía de Quanzhou. Ahí, después de cientos de años todavía se encuentran huellas y claves de la Ruta de la Seda marítima. El Templo de Kaiyauan, Laojun Rock, son otras maravillas vivientes que encontramos.

En Quanzhou, en el año 2011, en la zona oeste, los chinos derrumbaron 42 fábricas abandonados y construyeron una zona de cultura y de entretenimiento para los jóvenes. En un área de 300 mil metros cuadrados, los jóvenes reciben desde capacitación, asesoría legal para sus emprendimientos, financiamiento. Han conseguido unos 500 millones de dólares de apoyos financieros. Ahí, las 24 horas, sin parar los jóvenes pueden ofrecer sus servicios, a través de círculos de negocios, plataformas: “24 maker hours space”. Un lugar de emprendimiento, donde los muchachos aplican las cuatro fases: sembrar, incubar, madurar y demostrar cómo lograron el éxito.

Empresas como Alibaba, líder en comercio electrónico, apoyan haciendo negocios con los jóvenes. En las paredes de una de las oficinas centrales, penden infinidad de reconocimientos y premios, que les ha otorgado desde el Gobierno chino, y otras instituciones. “Una zona de sabiduría”, “Internet place”, es pionera en desarrollar un canal de servicio digital.

Actualmente hay más de 400 empresas trabajando en este lugar. Eventos musicales, culturales, y artistas famosos hacen sus grabaciones discográficas ahí. Una zona muy vital y colorida. Un centro de servicio integral, con estudios de TV, más de diez empresas de internet, software y animés. De ahí nacen proyectos como “Free think”, foro de creatividad cultural. Una zona antes muerta ahora es la capital de la innovación, de la cultura, de las ideas y de la publicidad. Un ejemplo para cualquier gobierno.