Entre Los Surcos…

Entre Los Surcos…

Las de Caín

Por César Villalobos López

Productores agrícolas del valle de Mexicali están atravesando por una difícil situación por la falta de liquidez y de garantías prendarias para lograr contratos de crédito que les permitan realizar las actividades de preparación en tiempo y al mismo tiempo cumplir con las recomendaciones técnicas de las autoridades, en cuanto a fechas de siembra.

El reflejo de esa situación se tiene en la superficie cercana a las 63 mil hectáreas, apenas se sembraron poco más de 48 mil, aun cuando en los registros se tienen expedidos permiso para poco más de 50 mil hectáreas.

Además de la tramitología en las cuestiones de crédito, los productores han tenido que efectos adversos por cuestiones de clima, con menor o mayor daño dependiendo de la fecha de siembra y el desarrollo de la planta, situación que sin duda afectará los rendimientos al momento de la cosecha 

En el caso del algodonero la situación es más crítica debido que a punto de concluir la fecha de siembra, todavía se observan en campo algodón compactado que no ha sido recogido para llevarse a los despepites, por lo tanto, algunos predios no han sido desvarados y se pretende volver a establecer el cultivo de la fibra blanca.

Los algodoneros, al igual que los trigueros se han encontrado con la exigencia de garantías prendarias que no sean maquinaria, así como la firma de contratos en forma mancomunada con la esposa, por parte de los habilitadores.

En el ciclo primavera verano homologo anterior, se establecieron siembras de algodonero en 25,789 hectáreas y los datos oficiales precisan que todas recibieron aplicación de defoliantes y una se han cosechado 25,699 hectáreas con un rendimiento promedio de 7.494 pacas por hectárea y una producción de 192,586.

Las empresas despepitadoras reportan 187,956 pacas despepitadas y 3,234 pacas en patio para un total de 191,190 pacas.

Para las siembras del ciclo primavera verano 2018/2018, se han expedido permiso único de siembra para 20,354 hectáreas, de las cuales se ha depositado o sembrado semilla en 6,278 y regadas para siembras tierra venida 13 mil 912 hectáreas, teniendo planta nacida en 2 mil 153 hectáreas.

En el avance de siembras, uno de los obstáculos fue, sin duda alguna, la irresponsabilidad de los directivos, o del gerente del Comité Estatal de Sanidad Vegetal que, carente de laboratorio generó retraso en la autorización para la importación de la semilla.

El año pasado a esta misma fecha, los permisos expedidos alcanzaban una superficie de 21 mil 181 hectáreas para algodonero y de ellas se tenía depositada semilla en 11 mil 455 y se habían regado 14 mil 85 hectáreas, mientras que la nacencia se registraba en 3 mil 895 hectáreas.

Lo que no se puede soslayar es que las exigencias de las fuentes de financiamiento es producto de descuidos, irresponsabilidad o complicidad de inspectores de campo que dieron como buenas las series y las condiciones de la maquinaria y equipo dado en garantía por parte del productor, aun cuando también pudiera ser de buena fe el aceptar la verificación, bajo el compromiso de cumplimiento por parte del productor. 

Por cuestiones diversas que van desde cuestiones imponderables, como bajos rendimientos, insuficiencia en las indemnizaciones por siniestro, la falta de reportes en tiempo y forma sobre posibles siniestros por altas o bajas temperaturas, los bajos precios de la cosecha y hasta la desviación de estas para obtener dinero líquido al margen de los compromisos firmados, los productores quedaron a deber y ahora pagan las consecuencias.

Pero también los funcionarios de algunas empresas habilitadoras y centros de acopio contribuyeron a las desviaciones de cosecha por pesajes de menos en las basculas, clasificación baja en calidad de fibra, en el algodón y de basura e impurezas en el trigo, para poner algunos ejemplos, además de los pagos fuera de tiempo y la no tramitación de los apoyos oficiales, cuando fueron habilitadas como ventanillas, por parte de la Secretaria de Agricultura.

Aquí no hemos mencionado un problema que sin duda va a repercutir en la agricultura y es que al no efectuarse siembras programadas en la cedula de cultivos, los volúmenes de agua que se reciben en los módulos no se pueden almacenar y resultaría criminal dejarse correr al mar, por lo cual se buscan usos alternativos como el abasto a los organismos operadores, pero eso será otro tema, por demás interesante.